Por: Gustavo Hernández Larrauri
¡LIBRES POR LA PALABRA LIBRE!
Versión II
Este siete de octubre, se cumplió un año más del cobarde asesinato del prócer de la Palabra libre, Don Belisario Domínguez Palencia, Ilustre Senador Chiapaneco, nacido el 25 de abril de 1863 en Comitán, Chiapas, muerto en la ciudad de México el 7 de Octubre de 1913, es reconocido por la historia que Belisario Domínguez, fue un ser de una gran calidad humana y que su sentencia de muerte fueron los discursos en contra del usurpador Victoriano Huerta, proclamados en la cámara de Senadores el 23 y 29 de septiembre de 1913, cuya respuesta del General golpista fue el de mandarlo a asesinar, cortándole la lengua, hecho trágico, derivado de la decena trágica, que llevo a la muerte al ex presidente municipal de su Ciudad natal y Senador de la Republica, suceso trágico que genero la disolución del Congreso de parte de Victoriano Huerta, y con ello su debacle y caída del régimen Huertista.
“Vigilad de cerca chiapanecos”, decía, “todos los actos públicos de vuestros gobernantes: Elogiadlos cuando hagan bien, criticadlos siempre que obren mal. Sed imparciales en vuestras apreciaciones, decid siempre la verdad y sostenedla con vuestra firmeza entera y muy clara. Nada de anónimos ni seudónimos”. Eran frases de quien fuera fundador del periódico liberal “El vate” y defensor de la no intervención norteamericana en asuntos Nacionales, Don Belisario, pronunció este discurso que marcaría la historia de la nación y su derecho a existir.
Parte del discurso del 29 de septiembre y que no fue incluido en el diario de los debates: El cerebro de Don Victoriano Huerta está desequilibrado, su espíritu está desorientado. Don Victoriano Huerta padece de una obsesión constante que dificultaría y aun imposibilitaría a un hombre de talento. El espectro de su protector y amigo, traicionado y asesinado, el espectro de Madero, a veces solo y a veces acompañado del de Pino Suárez, se presentan constantemente a la vista de don Victoriano Huerta, turban su sueño y le producen pesadillas y se sobrecoge de horror a la hora de sus banquetes y convivialidades. Cuando la obsesión es más fija, don Victoriano Huerta se exaspera y para templar su cerebro y sus nervios desfallecientes hace un llamamiento a sus instintos más crueles, más feroces, y entonces dice a los suyos: maten, asesinen, que sólo matando a mis enemigos se restablecerá la paz…
Estas frases del prócer de la palabra libre, frases muy fuertes y valientes que en su momento histórico, como ahora reflejan EL DERECHO A EXISTIR, debido a que no existe un Derecho y obligación mayor que la vida, sin embargo en el derecho a vivir existe algo tan simple y tan complejo, la expresión, la forma más importante de sus formas es la palabra, desde el inicio de la humanidad el ser humano se expresó, quizá con sonidos guturales, movimientos corporales o espirituales, la expresión es tan básica como al ser concebidos lo manifestamos en el sentido biológico y espiritual a través de nuestras madres, al sentir dolor, nos expresamos, al sentir anhelo lo manifestamos, al sentir alegría lo señalamos, al sentir solamente lo expresamos, es un principio de vida el poder expresarnos, el negarlo sería como negarnos nosotros mismos, sin la palabra no tendríamos el derecho a existir.
Desde el inicio hasta el ocaso de la humanidad tendremos que expresarnos, quizá en diversas formas con las variantes concebidas siempre por la necesidad humana, pero siempre en la necesidad de expresarnos, todo en nosotros mismos se manifiesta basándose en expresión, incluso en las formas que no podemos palpar con los sentidos, el proceso de comunicación es un derecho a la vida, un derecho a ser, un derecho que nadie nos podrá quitar, pero también es una obligación en todos los sentidos manifestarnos, el derecho a la palabra se siembra y se cosecha, es una razón de vida, si sembramos bien o sembramos mal así cosecharemos, es tan simple como el derecho a existir, a vivir en alegrías o en penumbras.
Han existido a través de la historia quienes ha querido callar el derecho a expresarse, no los culpo, ha sido tan ciegos como su derecho a manifestarse, es tan sencillo como la expresión, pero quizá exista la duda de la verdad, verdad que nadie posee, verdad que por ser verdad, en expresiones falsas o verdaderas es verdad, esa es la cuestión eterna de la razón de ser, de existir, de vivir expresándose, no descubro el hilo negro o el agua tibia, simplemente es derecho a la palabra, el derecho a expresarse en un sentido que quizá se atrevan a escucharse, en un sentido que la palabra se convierta en escritura, en un mensaje que alcance distancias más lejanas de la voz, en signos plasmados que emitan la palabra, en el sentido a expresarse, en el derecho a escribir.
Es vergonzoso para Chiapas, que hayamos pasado un sexenio que no se olvidará jamás en una cuasi dictadura con Pablo Salazar Mendiguchía, quien a punta de garrote negaba la realidad de su entorno, entorno que ahora se ve con coraje, pero con el coraje de intentar cambiar a Chiapas, tan siquiera un poco de los rescoldos del pasado, tanto el artículo anterior del derecho a existir como el que transcribiré en parte, fueron artículos escritos por un servidor en plenas épocas represivas del pabliato, en plenas épocas del intento de limitar la palabra, la libertad de expresión, épocas donde la realidad, Pablo Salazar, no la veía por su misógina forma de poder, por su concepción de confundir autoridad con autoritarismo, realidad que ahora se lucha por cambiar, va parte del otro artículo:
Hoy tuve un sueño, pero al despertar, al abrir los ojos, a levantar la vista, mi vista se cegó, mi mente se nubló, debido al reflejo de un brillo resplandeciente, no sabía del por que de esa iluminación que cegaba mis ideas, iluminación que sin darme cuenta me contagiaba al igual que a miles y miles de “Chiapanecos”, me di cuenta que todos los que nos encontrábamos inmersos en el universo “Chiapaneco” éramos uno sólo, éramos uno con todos y todos con uno, claro estaba, era con “Don Pablo” el loco nuestro Rey, esa inmensa algarabía me contagiaba y cegaba mis ideas, en un momento reflexione y me deje llevar por ese resplandor.
De pronto divise en el interior de ese resplandor y logré ver al mundo perfecto, aun “Chiapas” donde todos formábamos una gran alianza, la cual seguía a nuestro rey resplandeciente a un mundo lleno de “Esperanza”, a un nuevo “Chiapas”. El Gobierno de Pablo Salazar, siempre actuaba con enorme sentido común, nunca en forma visceral, la mentalidad no era en nada cerrada, poseían enorme capacidad de negociación, operación política y tacto político, los Chiapanecos éramos libres de manifestar nuestras ideas, ¡LIBRES POR LA PALABRA LIBRE! Libres de manifestar nuestras inconformidades, aunque muy pocas pues vivíamos en el mundo perfecto.
Nosotros los del universo de “Chiapas” éramos felices, ya que éramos los seres perfectos de un solo color y de un solo grupo étnico, donde proliferaba la tolerancia y el respeto a las costumbres, pregonaban la bondad, componíamos la sociedad perfecta, pregonábamos una sólo religión, la de nuestro Rey Salazar”, ya que el monoteísmo nos generaba armonía en nuestro Universo “Chiapaneco” y la laicidad enfrentaba a nuestros paisanos, nuestros gobernantes eran justos y bondadosos.
Teníamos “Esperanza” pues, “Chiapas” eran una Estado monárquico existían poderes libres donde nuestro Rey no injería, era un Estado diferente, Chiapas era ejemplo de gobernabilidad, éramos una comarca espejo de nuestros gobernantes. ¡Hoy tuve un sueño en el cual el mundo de verdades falsas o mentiras verdaderas es el fiel reflejo de incapacidad e intolerancia , una pesadilla que acabó de un enajenado del poder en Chiapas, como fue Pablo Salazar Mendiguchía…
Se fue Pablo Salazar Mendiguchía, la mentalidad para gobernar cambio radicalmente, aunque claro, existen, municipios gobernados y caciques envueltos y ungidos del pasado, obvio, uno de ellos es el que dice Gobernar, más bien desgobernar Mariano Díaz Ochoa, en San Cristóbal de las Casas, pero, lo que sería justo en estas fechas venideras de la palabra libre, es el sentar en el banquillo de los acusados, poner en la picota al tirano de Pablo Salazar Mendiguchía, al temeroso nuevamente, no del perder el poder, sino de sus fantasmas de injusticias, que la justicia alcance al tirano, al que intento callar a la palabra, la palabra de una sociedad sumida en las decisiones y acciones de un ser autoritario y misógino, un ser que nunca pudo, ni podrá ver que el ser humano como cualquier sociedad en su derecho a existir tiene como premisa fundamental el ser ¡libres por la palabra libre!…
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