COTIDIANIDADES

Lic. Mara Isabel López
LO QUE “BÁRBARA” NOS DEJÓ
El día sábado, como a eso de las siete de la mañana, cuando muchos todavía estábamos en nuestro séptimo sueño; muchos logramos percatarnos de lo que estaba ocurriendo en la región. Un fuerte viento azotaba Tapachula y las láminas de las casas comenzaban a dar indicios de que tomarían lecciones de vuelo.
En realidad fue ese ruido el que me hizo levantar de la cama y salir a la sala de la casa a ver lo que estaba pasando, árboles cuyas ramas más altas tocaban el suelo, remolinos de basura que nunca falta en esta ciudad y láminas que comenzaban a desprenderse de los techos volviéndose un peligro para los chismosos, que como yo, nos encontrábamos en las ventanas observando lo ocurrido.
Una vez que las luces de la ciudad se apagaron, quiero pensar que CFE cortó el suministro por seguridad, lo drástico fue encontrar información de qué hacer, qué nos estaba ocurriendo porque nunca falta el vecino que nos dijera que se trataba del fin del mundo o que era un castigo de Dios enviar un huracán de categoría cinco como el que estábamos viviendo. Por fortuna las comunicaciones no se habían caído y pude saber que lo que nos azotaba era una “pequeña” Tormenta Tropical y no un Tornado como el de la película como aseguraba la Tía Cleta, quien a estas alturas ya se había encomendado a Santa Martha Acatitla, no sin antes dar la orden de enviar el Refrigerador a Mapastepec.
Sin embargo, mientras esperábamos a que pasara el temporal sin Radio o Televisión tuve el tiempo para reflexionar y darme cuenta que realmente no estamos preparados para hacer frente y salir airosos de una Tormenta Tropical, ya no digamos de un Huracán.
Y es que para empezar no existió prevención, recordemos cuando hace dos años Wilma entró a Cozumel y la Península de Yucatán. Vimos como los medios de comunicación alertaron a la población, vimos como la gente se preparó protegiendo ventanas y puertas, cómo se abasteció sin caer en compras de pánico, en fin, vimos una organización, a la que por desgracia en esta región no estamos acostumbrados.
Claro está que es la primera vez que un fenómeno de esta naturaleza afecta la región, para nosotros los ciclones han sido a lo mucho tardes interminables de lluvia y tormenta eléctrica; por lo que nadie nos ha explicado qué es asegurar una ventana ni mucho menos cómo se hace.
Era increíble ver gente exponiéndose a la tempestad porque debía llegar al trabajo; que el sistema de transporte colectivo estaba funcionando y como siempre abusando de los pocos usuarios, incluso era preocupante, irrisorio pero preocupante, como en las tiendas de autoservicio encontrábamos decenas de personas haciendo compras de pánico llevando galones de aceite, toneladas de azúcar, harina y fríjol, o peor aún de entre 5 y 6 casilleros de huevos por carrito. Ahora que el sol está a su máximo esplendor quisiera saber qué diantre piensan hacer con tanta comida.
Si bien es cierto, el Gobierno del Estado actuó lo mejor que pudo pues no minimizó la situación como ocurrió hace dos años con STAN y emprendió acciones oportunas para que la población no corriera mayor peligro, también lo es que los habitantes no tenemos la menor idea de cómo protegernos.
No existe eso de estar atento a las noticias para saber cómo cuando y dónde nos va golpear un huracán y/o tormenta; son pocos los que previenen y tienen listas lámparas, baterías, radios y velas, y eso de tener preparados los suministros para la familia es a toda luces notorio que nadie lo hace… sino, no saldríamos corriendo a los supermercados; lo que nos lleva al punto de que no existe la conciencia de que no somos unos cuantos los que entramos en contingencia, sino que somos cientos los que necesitaremos subsistir, por lo que ahí las tiendas de autoservicio deberían ya de por ley racionar desde el primer día de contingencia para que no se vean esos espectáculos de arrasar con las latas y que dos señoras se peleen un litro de aceite.
Por otro lado los medios de comunicación, en el caso específico de las radiodifusoras, desafortunadamente no cuentan con la infraestructura para mantener informada a la población; y esto se vio, porque cuando ya en el primer cuadro de la ciudad teníamos energía eléctrica y logramos encender una radio (porque para ser sincera jamás logré colocarle las baterías) ninguna de las estaciones de Tapachula se encontraba al aire y tuvimos que medio saber cómo se encontraba la situación por las estaciones Guatemaltecas, donde por cierto se encontraban igual que nosotros. Entonces ¿Para qué nos molestábamos en ponerle pilas a los radios si no había señal? Y en donde les falló al Sistema Chiapaneco de Radio y Televisión, hay que decirlo, fue en que eran la única difusora con señal y se la pasaron tocando todos los géneros musicales habidos y por haber y jamás, mientras duró desastre, informaron o dijeron a la ciudadanía qué hacer. Independientemente de que cuando muchas otras estaciones ya se encontraban al aire, se concretaron a leer el boletín oficial de que se había declarado Tapachula y lugares aledaños como zona de emergencia.
Eso sí, lo que no podía faltar eran los borregazos: “Que si ya había entrado a Motozintla pero que iba a regresar”; “Que hay un carro rojo por toda la ciudad diciendo que no había que salir porque el domingo iba a estar peor”; “Que si a la una viene lo más fuerte, no, que si a las dos”. Total que como siempre los Tapachultecos para esos mitotes nos pintamos solos. La información real es la que se consigue directamente del Servicio Meteorológico Nacional a través ya sea de Internet o de los medios de comunicación y es la única instancia especialista para emitir alertas, por lo que no hay que dejarse llevar.
Ahora que ya tuvimos una pequeña probadita de lo que nos espera para esta temporada de lluvias, lo mejor será que nos comencemos a preparar; esto también es responsabilidad de los ciudadanos, no queramos que las autoridades vengan a componer a la mera hora, sin darse abasto, por lo que a nosotros nos tocó prevenir.

mara_isabellopez@hotmail.com
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