Roger Laid
La sociedad se lamenta mucho
En los recuentos de anécdotas y comentarios de quienes están atentos hasta de los más mínimos detalles, me llega a la mente aquel diciembre del año pasado, el 2008, en palacio de gobierno, allí estaba sentado haciendo antesala el exfiscal y Secretario de Economía Mariano Herran Salvatti, mas de uno hizo el comentario.Sudaba la gota gorda esperando al primer mandatario, bajo el brazo (literalmente) traía su renuncia con carácter de me voy y no me vuelves a ver, de esas renuncias anunciadas pero concretadas cuando el jefe quiere no cuando uno las presenta (las renuncias).
El hoy huésped del Ámate esperaba sin temerle al tiempo, fue uno de los ultimos días de diciembre.
Me entero que el gobernador no lo recibió, su renuncia se chivio y espero para mejor momento.
Se fue cuando existió la oportunidad y cuando quizá ya todo tenía fecha, el exfiscal se confió y de la ciudad del smog llego el mismo sábado por la tarde. Había fiesta en “su casa”. Después en una editorial.
Son solo 21 millones de pesos faltantes de la SE, de la Fiscalia general aun no sabemos nada, pero entiendo que hay piernas y piesecitos que están por ponerse en polvorosa, pues el exzar se va a proteger y para eso hay chivitos.
Chivos que pegan reparos …y terminan mal…se van al precipicio.
El mexicano es un ser excepcional, vibra con el espíritu de amor a la vida, transpira el humor a raudales, será porque sabe que es una de las maneras más fáciles de conectar cuerpo y alma.
El humor nos conduce inevitablemente a una percepción positiva del universo, trasluce los milagros que diariamente tiene la vida, nos lleva a salir airosos ante la enfermedad, aportándonos múltiples beneficios a la salud, y entregándonos a la vez un profundo “proceso de renovación material y espiritual”.
Bueno hoy les quiero comentar algo (machin, en corto). Algo que me viene a la mente un poco retorcida de quien corre el lapiz y es que estando el general revolucionario Cándido Aguilar Vargas, a la sazón secretario de Relaciones Exteriores en el periodo presidencial de su suegro, don Venustiano Carranza, cierto día llegó al Ministerio don Cándido, de un genio de los mil demonios y malhumorado, su secretario particular, al verlo, discretamente se le acercó diciéndole:
–Señor secretario, el embajador de Estados Unidos solicita audiencia, dice que le urge verlo.
–Dígale que ‘chingue a su madre mil veces -le contestó el general-, que no lo voy a recibir, así dígale, si no el que va a chingar a su madre es usted.
El atildado secretario se dirigió hacia donde lo esperaba el embajador, nervioso y apesadumbrado y hasta apendejado, no sabía qué hacer ni decir, no podía atender de mala manera al representante del país más poderoso del mundo (aunque Fox dijera años después “ese trabajo ni los negros lo quieren hacer”) decíamos el secretario particular tampoco quería desobedecer a su jefe y en consecuencia perder su empleo; así es que inteligentemente le dijo:
–Señor embajador, el señor ministro no está en disposición de recibirlo… se “lamentó” mucho.
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