ConArte cumple 20 años en defensa de la educación artística como un derecho

La educación artística es un acto de justicia social, asegura Nahui Twomey Jiménez, directora de ConArte, organismo de la sociedad civil dedicado a impulsar la educación en artes en escuelas, comunidades y espacios públicos.

A 20 años de su fundación, quienes participan en ese proyecto están convencidos de que las escuelas públicas son muchas veces los únicos espacios que tienen asegurados los niños y los adolescentes en ciudades como la de México. “Podemos aprovechar eso para integrar actividades y crear seres humanos más incluyentes, sensibles, empáticos y equitativos, lo que eventualmente llevará a construir una cultura de paz, algo muy necesario para la actualidad”, agregó.

En entrevista con La Jornada, Twomey Jiménez resaltó la importancia de que los jóvenes, padres y maestros trabajen en conjunto para acercarse más a los espacios artísticos, como se mostró durante la celebración por las dos décadas de vida de ConArte.

Mediante talleres “enseñamos a los pequeños a aprender con danza, música y teatro para que vayan integrando esas disciplinas en su vida diaria”, detalló.

Las piezas que se presentaron durante los festejos del 20 aniversario se realizaron con base en tres metodologías: Aprender con Danza, Ah, qué la canción, y Escenificarte. De la primera se representó la obra El arte es nuestro superpoder; en cuanto a música, se montaron las obras Deja que salga la Luna Cielito lindo, mientras en teatro se puso en escena Altavoz, el pueblo de las mil voces y La escuelita de arte.

ConArte ha colaborado con 23 escuelas; actualmente, trabaja con cuatro, tres de ellas en la colonia Centro y una en la Guerrero. Para Twomey Jiménez, es fundamental hacer que los jóvenes conozcan sus derechos culturales, pues, aunque están contemplados en el conjunto de “derechos humanos”, usualmente no se les da la importancia ni reconocimiento.

“Hace 20 años era muy complicado tener acceso a las instituciones. Durante muchos años fuimos de las pocas iniciativas que querían mejorar el acceso de las artes y la convivencia, aunque en años recientes hay más actividades culturales en las escuelas, y celebramos que se esté haciendo algo al respecto; surgieron muchas complicaciones porque algunas veces ni padres, ni maestros ni alumnos eran conscientes de que tienen derecho a la cultura”, recordó.

Un ejemplo de su labor es lo que han hecho en conjunto con el Laboratorio Urbano de Arte Comprometido La Nana, en la colonia Guerrero. Continuó: “nos percatamos de lo que se vive en la colonia Centro, donde se ubican muchísimos de los recintos artísticos más importantes del país, pero hay muy poca presencia de esos contenidos en las aulas. El arte es un lenguaje que se puede aprender, como el inglés o el francés, y con base en eso trabajamos.

“Tenemos a La Nana, a través de la cual, por conducto del Consejo Nacional para el Fomento Educativo, programamos visitas a museos para que los niños entiendan que la cultura es parte del patrimonio que tienen derecho a disfrutar.”

No hay edad para el arte

Nahui Twomey Jiménez afirma que es vital acercar a los padres y maestros a la cultura para que se integren en una comunidad con los alumnos; en ocasiones incluso los adultos quedan tan asombrados que piden abrir espacios para ellos.

“Trabajamos con pequeños de prescolar hasta adolescentes de secundaria, y nos encontramos con padres que decían: ‘mi hijo no puede bailar porque eso no es de niños’, pero ahora, mayoritariamente, ya se superaron esas visiones. Cuando iniciamos algún programa invitamos a los tutores a que vengan a participar y vean qué vamos a trabajar con sus hijos. Lo mejor es que hay casos en los que los mismos padres participan, hacen teatro, cantan y se emocionan. He aprendido que para el arte no hay edad.

“La infraestructura de la cultura está construida como una forma ajena a la cotidianidad de estas comunidades. Es como cuando estás frente a un escenario. Muchas personas piensan: ‘¿cómo me puedo parar ahí si nadie me está invitando explícitamente a participar?’ Es justo la idea que queremos romper con los niños. Para eso hay que enseñarles que el miedo y la desidia son barreras que se pueden romper y que, si desean, pueden acceder a un teatro, a un concierto o a un museo, y aprender a disfrutarlo con más intensidad”, concluyó.

 

Con información de LA JORNADA

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