Alfonso Carbonell Chávez
Pantaleón y las visitadoras
El pasado fin de semana en el canal 22 de la televisión de paga, me chuté la película del mismo título “Pantaleón y las visitadoras” basado en una obra literaria del peruano Premio Nobel, Mario Vargas Llosa. Sí aquél que dijo y llamó al PRI “la dictadura perfecta”, el cual ahora con el regreso del PRI con Peña Nieto le concede, al menos, el beneficio de la duda. Pero el quid del asunto no es ni el PRI, ni su premio ni contar la sinopsis de la película de referencia que les invito la vean (está en youtube) o mejor la lean. Obra publicada en 1973 y Premio Latinoamericano de Literatura (1975) y que habla de una realidad –así se dice- que se vivía en el ejército de ese país allá por finales de la década de los 50´s e inicios de 60´s, cuando se llevaban prostitutas a los militares ubicados en zonas inhóspitas de la Amazonía Peruana en los cuarteles de Iquitos.
Pero no relataré ni someramente la historia que cuenta magistralmente Vargas Llosa en esta novela, pero sí me detendré en un personaje que, existiendo en ese momento y en esa historia, bien puede ser universal; El Sichi. Este personaje es un periodista, comunicador o locutor si lo prefiere, de una radio local que las más de las veces le da por inventar los sucesos o de menos exagerarlos. Como suele ser la radio mágica en su esencia y alcance, en manos del Sichi adquiere dimensiones solo exploradas y quizás hasta superadas por algunos ínclitos comunicadores de nuestra comuna tuxtleca. Y no solo hablada sino también escrita. ¡Cajúm cajúm!
Sabedor el Sichi de qué se trataba el asunto encomendado al capitán Pantaleón Pantoja en su carácter de administrador del pu… puerto establecido al margen del caudaloso río de la zona amazónica, es decir la existencia de un grupo de aproximadamente 49 sexoservidoras -se dice ahora- mismas que se trasladaban con cierta periodicidad a los lugares donde acampaban los soldados para prestarles sus invaluables servicios. Claro está igual a los jefes militares. Pantaleón Pantoja estaba convencido que este tipo de programas “secretos” de los altos mandos militares, impactaban positivamente en menores índices de violación en los lugares en que se asentaban con fines de resguardo de las fronteras, amén de la baja en enfermedades venéreas en la milicia. Aunque al darse el asesinato de una de ellas por asaltantes, todo queda al descubierto y posteriormente negado por los Jefes comandantes.
Pantaleón (II)
Pero volviendo al personaje quid del comentario, el Sichi va a chantajear al capitán solicitándole dinero para no hacer público lo que ahí pasa. Pantoja que estaba convencido de las bondades del programa; Servicio de Visitadoras para Guarniciones, Puestos de Frontera y Afines (SVGPFA), se niega al acuerdo y le da un ligero escarmiento. Sichi lo amenaza con contar todo sacándolo a la luz pública en su programa de radio. Por cierto único. Y así lo hace, empieza a señalar a los altos mandos militares de estar enterados, acusa al alcalde, embarra al cura del lugar y hace público que entre las prostitutas el capitán Pantoja (La “brasileña” en el libro y “colombiana” en la cinta) tiene a su amante. Su joven esposa embarazada lo abandona.
Pantoja por instrucciones superiores decide ceder al chantaje del Sichi y como se sigue estilando (¿?), en un abultado sobre amarillo el capitán le hace entrega de una fuerte cantidad y hace de su conocimiento que esa misma que contiene el sobre, la recibirá mes a mes. (Qué tendrá esto que ver con el “chayo”. Al saber). Así al otro día el Sichi, bueno, nomás bonito no le dice a Pantoja y se retracta de todas las acusaciones hechas días atrás. Él reconoce que se excedió pero que le habían pasado una información incorrecta de enemigos que querían hacerle daño y manchar su reputación. Con una vehemencia inaudita solo comparable con su cinismo, descaro y ausencia de ética periodística, dice abiertamente que se equivocó y pide perdón. (En dónde he escuchado o leído esto ya). Moraleja (Sin palabras). Me queda claro.
Ya de salida
Otra de policías y ciudadanos; he de reconocer que cuando uno comete una infracción sea ésta de tránsito o de cualquier otro tipo (no cumplir el bando de buen gobierno) uno debe de aceptar, callado, su falta y pagarla. Pero cuando la autoridad se sienta en sus reales de prepotencia y autoritarismo, hablar con una piedra puede resultar más saludable. Y es que ahora se andan realizando operativos “fast track” por parte de las policías de tránsito estatal, municipal y ministerios públicos móviles…// El tema viene a colación porque el día de ayer al filo de las 2 de la tarde, una policía de tránsito de esas apodadas “duvalín”, paró a un colaborador del periódico De Facto, cuando realizaba actividades propias de su función. La unidad una motocicleta que fue parada aleatoriamente por la “tránsita” y ahí se percató que no tenía placas de circulación. Hasta ahí todo bien…// La argumentación del joven trabajador dada a la agente fue; ya he ido a sacar las placas pero es hora que no hay. Paso seguido, la joven le valió olímpicamente la justificación y ahí nomás se presentó la patrulla 026 de tránsito estatal la que con prepotencia desbordada (su conductor), mandó pedir una grúa particular para que se llevaran la unidad al corralón diciéndole al infraccionado ¡y hágale como quiera!..,// Para no hacerlo más largo, pareciera ser que la “cuota” de los del estado les ha sido elevada por sus nuevos jefes, y ello ante una sociedad desencantada por su pasado reciente y harta del abuso y corrupción, flaco favor le hacen a su jefe secretario duramente cuestionado, y parecen no entender que el que manda al suyo, más claro el gobernador Manuel Velasco, no va a permitir más abusos…// Que les quede claro.
