Alfonso Carbonell
De qué… para qué escribir
No cabe duda que ante un proceso de transición como el que se vive; transición en lo político, económico y social, no acaba uno en atinar, ni cercanamente, qué nos depara el destino habida cuenta sí, habida cuenta que los mismos discursos las mismas propuestas y los mismos compromisos, se repiten y resultan tan y tan gastados, que lo único que no se quiere dejar morir es la esperanza. Qué, como se suele decir, muere al último. Con o sin nosotros. Entonces uno empieza a repreguntarse; ¿para qué escribir… para quién? La vida, como es, molesta cuando molesta lo que uno no puede cambiar y cuando lo único posible es “camviar” la letra pero no la esencia.
Cuando por el espejo retrovisor de mis frustrados anhelos logró ver o alcanzo a ver, es una estela de hechos y deshechos que sumados me causan escalofríos es cuándo más me asalta la duda. Escalofríos que recorren milímetro a milímetro mi piel… mi conciencia y no hay doctor ni medicina pata el mal. ¡Tantas cosas vistas y tantas otras calladas no me permiten más que invitarme al silente silencio! Ahogar las palabras en el estúpido elixir de la complacencia y la complicidad. Insisto; ¿de qué y para qué escribir? Y cuando me asalta la incógnita en forma de interrogante encuentro la respuesta; escribir es como colgarse de un signo de interrogación. Nada más parecido a una soga a punto de cerrarse.
De qué y para quién (II)
Pero ¿para quién escribir? Algunos en su inmensa estulticia que no acaban de ver -ni verse- en su espejo de vanidades, creen que su palabra hace hoyAñadir un evento para hoyos al escupirla. Se atragantan. En las redes sociales hay quienes se jactan de tener miles de seguidores, buscadores de verdades ocultas o al menos, su propia verdad. Pero la verdad y con todo respeto a los #1132 y sumando ¡se equivocan! Se equivocan porque cuando más cerca creen estar de la verdad más se alejan. ¿Cuál verdad? Me pregunto. Pero no desviaré más el desvarío de estas líneas y volveré al entuerto del comentario y ejemplifico: ¿Haber Pepito; si vas en un barco en altamar y una inmensa ola te llega por babor qué haces? Pues lanzó el ancla de babor. Y sí otra ola te llega por estribor ¿qué haces Pepito? Pues… lanzo el ancla de estribor. ¡Y sí otra inmensa viene por la proa qué haces! Pues lanzo el ancla de la proa. Haber Pepito dime, ¿de dónde sacas tantas anclas? ¡Pues de donde usted saca tantas olas! (Sin palabras). Me queda claro.
De qué, para qué (IIi)
Es así y duele, que mientras la gente y no solo me refiero a los lectores, pretendan, ilusoriamente, encontrar palabras que les digan algo. Que los orienten. Que va. Y no generalizo porque hay quienes aún y a costa de su libertad e integridad se atreven a decir su palabra. Su acotada razón de ser. Creo sinceramente a título personal aunque sé, ampliamente compartido con muchos, que ha llegado la hora de encuerar al sistema. De encuerarnos por bien de todos. ¡Ya basta de ya bastas! No esperemos a que el destino nos alcance… si no es que ya nos rebasó. Hagamos del noble oficio periodístico una razón de ser y estar. De existir. HoyAñadir un evento para hoy que el propio Presidente Enrique Peña Nieto ha hablado e iniciado una lucha soterrada contra de los poderes fácticos llámense como se llamen, para iniciar –juntos- una cruzada contra la mordaza y el pago palaciego del silencio.
Ya de salida
No se trata de empuñar las armas de las ideas. No. Se trata sí, de abonar de manera firme y comprometida a las grandes causas de este país. De los millones de mexicanos hombres y mujeres, niñas y niños, ancianos y jóvenes, de indígenas y trabajadores, de campesinos y estudiantes, de amas de casa y profesionistas. Es decir de todos. Entendamos que no hay camino de retorno a las legítimas pretensiones de este gran pueblo que es México y desde Chiapas, desde este bastión de la República ‘los periodistas!, no podemos seguir jugandole a la simulación y al engaño. ‘Insisto!, y no generalizo empero, de que los hay los hay. Me queda claro.
