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Alfonso Carbonell

De fábula

Sí, como fábulas de Esopo* pareciera ser el clima en el que ciertos medios o al menos uno en particular, se han enfrascado con profundo sino, en hacer de éstas algo vigente y cuyas moralejas en general, cumple a cabalidad. Sí tomara una al azar de las cientos que este escritor griego escribió, reflejarían con pasmosa realidad su conducta pueril y desbocada cuando siendo depositaria permanente de lisonjas y prebendas, hoyAñadir un evento para hoy muestra el cobre de manera vil y perversa. Porque, pregunto, ¿a quién creen que van a engañar asumiéndose ahora como libertarias voces que presumen denunciar al gobierno en turno? ¿Creen en realidad que la gente se puede tragar tan insolentes reclamos públicos cuando es sabida su proclividad a la negociación palaciega?

Muchas historias podrán tejerle para ponerle mangas al chaleco, con lo que solo logran desnudar sus miedos y rencores por no tener más tela de donde cortar o quizá, sólo quizás advierto, pretenden lanzar mensajes al nuevo inquilino de palacio. Cualquiera que sea el propósito que los mueve a conjugar este perverso axioma de “si no me pagas te pego”, se insiste, no hace más que retratarles de cuerpo entero de lo que son capaces cuando de defender su interés se trata.

Porque aquí, y perdónenme la crudeza de estilo, que no me vengan ahora con esa bazofia de querer, al cuarto para las doce de las campanadas que marcan el final (al menos de una administración) erigirse como defensores del pueblo ¡las mangas del chaleco! (lo advertía ya), cuando son estos mismos artífices engañosos de lo mismo que hoyAñadir un evento para hoy dicen criticar. Habría, simplemente para efectos de corroborar el aserto, remitirse (ahora sí) a una especie de IFAI de la empresa privada para solicitar informes en las oficinas de catastro y verificar, en un abrir y cerrar de archivos, ¡de dónde mulas Pedro propiedades por aquí, terrenos por allá y “pisos” más allá! Amén claro, de abultadas cuentas, mansiones y vehículos dignos de un magnate de Wall Street. Porque como diría la Chimoltrufia ¡no nos háganos tarugos!

Pero no es de esto o al menos no únicamente de lo que quiero hablar en ocasión tan inconveniente, digo si estimo en algo a mis esporádicos lectores cuando sé de las muchas tribulaciones que deben estar pasando cuando incluso con el fin de sexenio, como siempre, sus empleos corren el riesgo de perderse. Díganmelo a mí. Se trata y espero lo logre, poner en claro qué, y aquí solicito su reflexión puntual, profunda y reflexiva:

Primero; que no se trata de poner en tela de juicio a nadie en particular y que como dijo Voltaire; no podré estar de acuerdo con lo que dices pero daría mi vida por el derecho a que lo digas, o algo así. Se trata sí, de honorabilidad, ética y principios, mismos que deben regir la conducta de todo ser humano. La congruencia y el honor no son moneda de cambio, entonces, vende solo tu trabajo no tu conciencia.

Segundo; cuando se ha sido beneficiario directo y de modo sobrado de eso mismo que hoyAñadir un evento para hoy dicen se dio o existió (o existe), porqué hasta ahora se levanta la voz para enjuiciar al que te dio de comer y bien. ¿Eso enaltece? No. Me queda claro.

Tercero; qué hay detrás o puede haber en asumir una actitud tan grotesca, irrespetuosa y cargada de saña contra de un gobierno que muestra y demuestra con hechos su verdad y la somete al escrutinio público. Ahí están los hechos y quien se pronuncie en contrario y pudiendo estar en su derecho de decirlo, tiene, por ley, que comprobarlo. Caso contrario excusarse, igual, públicamente. Y aunque esto no es un título de ninguna fábula. “No puede el burro estar hablando de orejas”.

Ya de salida

(Fábula de Esopo; El Asno y la Zorra encuentran al León)

El asno y la zorra, habiéndose unido para su mutua protección, salieron un día de caza. No anduvieron mucho cuando encontraron un león. La zorra, segura del inmediato peligro, se acercó al león y le prometió ayudar a capturar al asno si le daba su palabra de no dañarla a ella. Entonces, afirmándole al asno que no sería maltratado, lo llevó a un profundo foso diciéndole que se guareciera allí. El león, viendo que ya el asno estaba asegurado, inmediatamente agarró a la zorra, y luego atacó al asno a su antojo.

Moraleja: Nunca traiciones a tu amigo por temor al enemigo, pues al final, tú también saldrás traicionado.

*Esopo; (S.VI a.C.) Fabulista griego. Pocos datos existen sobre la biografía de Esopo, y ya en la época clásica su figura real se vio rodeada de elementos legendarios. Según una tradición muy difundida, nació en Frigia, aunque hay quien lo hace originario de Tracia, Samos, Egipto o Sardes. Sobre él se conoció una gran cantidad de anécdotas e incluso descripciones sobre su físico recogidas en la Vida de Esopo, escrita en el siglo XIV por Planudo, un monje benedictino, si bien es dudosa su validez histórica. Así, se cuenta que Esopo fue esclavo de un tal Jadmón o Janto de Samos, que le dio la libertad. Debido a su gran reputación por su talento para el apólogo, Creso le llamó a su corte, le colmó de favores y le envió después a consultar al oráculo de Delfos, a ofrecer sacrificios en su nombre, y a distribuir recompensas entre los habitantes de aquella ciudad. Irritado por los fraudes y la codicia de aquel pueblo de sacerdotes, Esopo les dirigió sus sarcasmos y, limitándose a ofrecer a los dioses los sacrificios mandados por Creso, devolvió a este príncipe las riquezas destinadas a los habitantes de Delfos.

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