Alfonso Carbonell
¡La dignidad!… cuando menos
Yo no sé, la verdad, el por qué somos tan dables a la especulación y ser recipientes del rumor; sí lo acepto, aunque éste sea considerado como deporte nacional. ¡Mis polainas! Solo pretexto. Y ahí andan escudándose en lo que ya bien un “tuiter” resonó en la red o imaginado en el “feisbok”. (Sí sé cómo se escribe verdes) Pero igual también a presuntas fuentes informantes, dicen, dignas de todo crédito. Qué absurdo, digo, viniendo de quiénes tienen poco crédito. Me queda claro. (Nada personal, dixit Pepe Figueroa)
Cuando releo que mencionan a Juan José Rodríguez Prats, insoluto político que no tiene nada que hacer en la vida política de Chiapas (cómo ciertamente se sabe es producto de desecho de su amoroso Tabasco) se presenta como presunto candidato a la gubernatura chiapaneca ¡por dios!, no puede llamarme más que a hilaridad porque el encabronamiemto a tal propósito (si lo hubiere) sería, así de llano, una verdadera ¡mentada de madre!
Pero déjenme comentar lo siguiente: la perversidad política y sus medidos alcances, pasan por la generación del conflicto o mínimo de la contrariedad del respetable. Es decir y me explico; tan sólo el mencionarlo como injuriosa posibilidad, lleva consigo la carga de que, quién eso escribe, solo pretende medirle el agua a los camotes. Sí cómo leí, quienes en enjundiosa disertación y arrogados de indignación de los chiapanecos salen, eso sí ¡uta!, a defender la camiseta de la “chiapanequeidad” y se desgarran las vestiduras en claro rechazo a tal provocación, la verdad, en su desvarío mediático no hacen más que confirmar, en su aparente excepción, la regla. O como diría la célebre “Chimoltrufia”; ¡no nos háganos tarugos!
A qué voy; cuando alguien que se presume serio, no importa a qué se dedique, se vuelve presa fácil del rumor como estoy seguro podría ser el caso recurre vertiginosamente al denosté y aparente indignación, bastaría acercarse medianamente a su biografías para entender, con acertada precisión, que lo que buscan es provocar las reacciones inmediatas (de bote pronto) entre el conglomerado social. Ejemplo; si alguien quiere saber el grado de aceptación que tiene en una comunidad o espacio social que fuere tal o cual personaje, la estrategia mediática es considerarlo sea cual fuere su aspiración y ponerlo ante el gran público. Las reacciones primeras entonces, pueden ser -riesgo calculado- de aceptación o rechazo. ¡Brujo!
Paso seguido y después de despertar al león de la opinión pública, saben que lo que sigue son los escarceos mediáticos. Se identifican, se cooptan o desechan. Todo es el tamaño del sapo… y de ahí la pedrada. Así y más así (rezan los teóricos de la Teoría del Conflicto); en dónde no lo hay, hay que generarlo. Me explico. Cuando en un país o estado las cosas parecen caminar “demasiado” bien y se respira una calma “chicha” (expresión coloquial que indica tranquilidad), es tiempo de empezarse a preocuparse ya que nadie, me refiero a los entes gubernamentales conocedores de la realidad social pueden asumir, de manera razonada, que nada esté pasando. Así, en donde no hay conflicto hay que generarlo. Después las autoridades en turno en un acto magnánimo y de reconocimiento de lo que les afecta, disponen lo conducente para solventar las sentidas demandas o carencias. Así la historia se repite. Siempre.
Ya de salida
A lo que voy (y me estaba tardando), es que no les busquemos chichis a las culebras. No tienen, me queda claro. El que algún despistado con oficio de rumorólogo en aras de ¿no sé qué putas!, se ponga y disponga a propalar una absurda mentira como simple posibilidad, como es el caso que el panista Rodríguez Prats apareciera en las boletas para gobernador de Chiapas, me cae, es considerar, de menos, que sus lectores chiapanecos son menos que retrasados mentales. Concluyo: No ¡no se equivoquen! No sean estúpidos. Ahora de que si lo panistas en Chiapas -los que queden- de corazón y convicción- no quieren pasar a la historia como sátrapas, cobardes y desmemoriados, ahí tienen a su candidato natural que, aunque perdiendo, les recobraría para sí y su partido, un halito de dignidad y respeto. Ahí está; Juan Carlos Cal y Mayor Franco. Les quede claro. A mí me queda.
