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Alfonso Carbonell

¡Sí!… pero no

Sí pero no, aduce a una expresión propia y personal (¿?), para referirme o más bien quererme explicar a mí mismo, sobre de que estamos perdiendo el objetivo, objeto de nuestro pretendido análisis “democrático”. Y en donde los procesos de elección interna hacia cada fuerza política –espeto-; ya de manera exclusiva o en pretendidas alianzas, consumen nuestra atención y desgarramiento de vestiduras. A nadie engañamos. Me queda claro. Pero por qué sostengo que estamos perdiendo rumbo y objetivo. Paso a explicarme.

Qué puede importar, bueno sí pero no es lo más importante, sobre de ¡quién putas o al menos en sus consideradas pretensiones quieren gobernarnos!, si solo baste detenerse un minuto ¡qué digo un minuto unos segundos!, allí sí, en un crucero de nuestra creciente y demandante ciudad capital, para que nos escupa a la cara una parte de nuestra pasmosa realidad-real. Y es precisamente de lo que no les oigo hablar a las decenas de pretensos a la gubernatura. Trátese del partido o coalición que se trate.

La reflexión o llámele como usted quiera y juzgue, va en el sentido de que a un servidor (o séase yo) que aunado a muchos otros congéneres –presumo-, hemos adquirido el “don” (perdón) de hacer invisibles a los seres humanos. Especialmente a los más vulnerables cito; niños y niñas en condición de calle, adultos mayores en igual circunstancia y, así les llamamos ahora, de quienes tienen capacidades diferentes. Etc. sí me refiero a los que deambulan por las calles.

Sí a esos seres que ya no vemos porque ahí anda uno con los cristales cerrados de su vehículo con el clima a todo lo que da y, de menos, escuchando una música que nos devuelva el alma ante tanto desconcierto. Nos tocan el cristal y no los vemos ni los escuchamos.

¡Ahhh pero eso sí!, con supina consideración y docta o presunta postura democrática, ahí estamos alimentando la discordia y el encono cuando en nuestras disertaciones (escritas) increpamos sobre de lo que es, o debiera ser, la democracia. Ja. Lo señalé líneas atrás; nos desgarramos las vestiduras cuando no usamos ni medias. ¡Ésa es la realidad que mas debiera importarnos! Los desvalidos, los que un día sin trabajar es un día sin comer. Los que nada tienen pero que merecen más que otros. Me incluyo.

Sí señoras y señores; ayer en el crucero del libramiento norte y boulevard Fidel Velázquez (frente al domo que no lomo del Isstech) ya pardeando la tarde noche (6:30 horas), un par de niños (niño y niña) se encontraban expendiendo sus productos (y no precisamente marca Chiapas) consistentes en agua de horchata y jamaica. La reacción primera como siempre de los automovilistas, fue decirles un no moviendo en sentido negativo –se entiende- su mano. Yo que traía el vidrio arriba al ver el desdoro de los ciudadanos motorizados, baje y grité al pequeño “hombrecillo” que regresará. Tenía yo solo unas monedas de esas que te dan arrequintadas con “diurex” y se las di. Después, mi vergüenza fue mayor. Me dije; ¡putas si yo gasto el triple en una caguama! ¡Qué nos pasa! (Dixit Héctor Suárez)

Ya de salida

Así la actitud de los más y quizás usted me pueda dar la razón, a estos niños, mayores y discapacitados, como diría el ex presidente Fox cuando se refirió a los periodistas en plan despectivo: ni los veo ni los oigo. Y ahí estamos dale y duro hablando de democracia, de imposiciones, de fraudes y encuestas. Eso sí también, desde el punto de vista de cómo a uno le ha ido, peor aún, quieren que les vaya en la feria. Electoral. Respetillo al respetable.

P.D.- Los árboles la verdad, no nos dejan ver el bosque. Me queda claro.

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