Comentando la noticia

Alfonso Carbonell

De mentiras y mentirijillas

Coincidirían, estimados lectores con un servidor, que en el ámbito de la política como en muchos otros quehaceres de la vida, incluso del ámbito estrictamente personal, las verdades a medias y las mentiras piadosas son, siempre; el pan de cada día. (Sin alusión personal a quienes militan en el PAN). Y no es que no les creamos a quienes, políticos al fin, en estos tiempos aciagos de buscar posicionarse para hacerse de una candidatura -así es- cualquiera que ésta sea (presidente de la república, gobernador, senador, diputado federal o local, presidente municipal y hasta regidor cuarto suplente de Tzimol), personajes de las más variadas raleas, ahí andan dando pena ajena diciéndonos –sin decir- que “no aspiran”; que esperan a que los tiempos políticos se den y que en estos momentos están cumpliendo sus respectivas encomiendas (¡aja!) Y que… bla, bla, bla.

Y ahí los tiene usted amable lector, haciendo campaña según ellos engañando a las autoridades electorales. Peor aún, creyendo que engatusan a los votantes estimando en muy poco su intelecto y capacidad de discernir. Es decir, entre el que le habla con verdad o quienes quieren engañarlo. Hasta creen. Lo que sí y por ello el titulo de este entuerto, más les vale que quienes suspiran, aspiran y respiran por una candidatura ya sea esta para rey feo del carnaval o reina de la primavera, midan bien su estrategia porque el pueblo (me cae) ya no se traga sus mentiras.

Digo yo, tan fácil es hablarle a la gente con sinceridad, acercándose a ellos, sintiendo realmente cuáles sus necesidades; cuáles sus deseos incluso sus sueños los que finalmente sueños son. Pero no ni nunca recurriendo al embute ni a la palabra que bien saben, nunca van a cumplir. El pueblo sabe y los sabe de siempre que no todo es alcanzable. Que no es posible. Lo saben. Pero muy distinto es que quienes aspiran se valgan de la mentira y la palabra fácil adjuntada a una despensa o qué se yo, para hacerles creer que van a cumplir con lo ofertado. La gente ya está cansada de esa porquería. Lo saben. (Como la boa)

No sé la fórmula y estimo nadie la sabe a ciencia cierta, lo que los votantes quieren. Pero lo que sí es fácil adivinar por parte de la clase política es, que lo que quiere la gente, lo que queremos todos es; paz, tranquilidad, seguridad, oportunidades, empleo. Certeza de futuro. Pero de igual manera saben que lo que ya no quieren es corrupción, autoritarismo, desdén, abandono. No más engaños ni mentiras. Eso que pareciera ser trivial, la verdad, no lo es y es lo que pareciera no quieren entender. No han entendido.

Ya de salida

Termino, concluyo o finalizo (¡cálmate mi “Adelo Micho”!) comentando que: ¡señoras y señores aspirantes!; ¡déjense ya de jerigonzas y burdas falsedades! La gente sabe qué es lo que quieren y el por qué de su súbito cariño. No se engañen. Por eso no hay otra que hablarles con la verdad. No importa de qué partido procedan o si en el camino decidieron cambiar de religión o… de sexo. Ese es tema conocido y acabado. ¡Por dios! Lo que sí no se vale, digo desde mi muy particular óptica es, que sigan tratando de embaucar a los ciudadanos con pretendidas poses de dignidad y convicción democrática. La gente ya no se lo traga.

Y no es consejo: Sean pues, de menos, creíbles. Confiables. Sean lo que son y han sido –los más- gentes de bien. Todos tienen familia; hijos, padres, esposas, abuelos, hermanos. Amigos. Mujeres y hombres que estoy cierto, esperan muchos de ustedes. No se echen (¡mássss! je) a perder solo por dinero y poder que sé no es de soslayar pero que al final, ante una sociedad convulsa e irritada, de nada les servirá. El caos los alcanzará. Me queda claro.

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