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Alfonso Carbonell
alcar56@hotmail.com

Domingo siete

Escribía en días pasados, sobre el uso coloquial de esta expresión “domingo siete”, cuando se usa o es referida de principal manera, a una hija a quien sus padres advierten, conocida una relación de noviazgo, no vaya a salir con su “domingo siete”, es decir, un embarazo. También claro, es usual que con esta expresión se le advierta a alguien no vaya a salir con alguna sorpresa. Inesperada claro.
Pero el domingo 7 al que me refiero, es al próximo de octubre día de la elección local. El siete pues, primer domingo del mes de octubre, marcará para los chiapanecos todos, un nuevo derrotero, derrotero que, para bien o mal, dejará en manos de 118 nuevos ayuntamientos y una representación popular de 40 diputados, gran parte del destino de Chiapas. Un volado; cara o cruz.

Pero también, bien podríamos usar la “dichosa palabra” (nombre de inteligente programa de televisión de canal 11 del IPN), en sentido de advertir, tanto a los partidos políticos, candidatos, autoridades electorales, gobiernos en sus tres niveles, pero igualmente a la ciudadanía en general, no nos vayan a salir el domingo 7 con eso precisamente, su “domingo siete”. Con urnas embarazadas.

Los partidos políticos, porque como es costumbre, mala y arraigada, que más, de andar en el acarreo y coptación del voto. ¡Denúncielo! Los candidatos nada cándidos, comprando el voto para lo que disponen el día de la elección con fuertes cantidades de efectivo para tales efectos; mandan a sus operadores “políticos”, a ofrecer a los pseudos líderes de colonias, paga a cambio de votos. ¡Acúselos! Las autoridades electorales, para que se conduzcan, hasta el final de la elección, con transparencia y equidad. ¡Adviértales!

Al gobierno federal, estatal y municipales, se abstengan de destinar el día de la elección, recursos y personal para movilización e intimidación de los electores. ¡Impútelos! A la ciudadanía, porque no se vale que, y en aras de cualquier pretendida justificación, ese día decida no asistir a votar con que lo único de demuestra, amén de su irresponsabilidad, carecer de valor civil sin menoscabo de su ignara irracionalidad y bajeza de miras, falta de solidaridad y compromiso para con su estado, municipio y, peor aún, su propia familia. Con qué calidad moral quienes no votan pueden exigir nada.

Sé, de cierto, que muchos podrán argüir que los candidatos y sus propuestas no les convencieron y por ello no votarán. Puede ser pero no lo justifica; siempre hay una opción menos peor. Pero los más que el día de la elección no salen a votar, y miren que no son pocos si atendemos a los altos índices de abstención registrados históricamente (45 por ciento en la elección homóloga anterior del 2004), lo hacen más por desidia, apatía, güevonés (discúlpenme pero así es), dándole con ello, de menos, un pésimo ejemplo de falta de responsabilidad y compromiso para con, también de menos, su comunidad. Con los suyos.

La cara (¡carísima!) de la democracia

Por ello, porque la democracia en este país nos cuesta carísima, no debemos dilapidarla vil y acremente los ciudadanos. No se vale pues, que por un lado las voces se levanten reclamando precisamente eso, mayor democracia, y por otro, con la más indecible de las conductas, no se salga a votar. No es entendible. Porque, discúlpenme que insista, de que le sirve quejarse, demandar ¡exigir!, que los gobiernos le cumplan si usted, sí usted que no le importa ir a elegir a sus representantes, no elige a quiénes los gobiernan. Lo menos que deben hacer entonces es callarse. Suena duro pero así debería ser. Digo, si de menos quiere ser congruente consigo mismo.

Ahora que también pensarán, y anticipo no les falta razón, que con independencia de que usted vote o no, porque además y acierta también, hasta hoy votar no es una obligación, si al caso sólo moral, y por tanto aún no habiendo votado, la Constitución lo protege en sus derechos ciudadanos. Es cierto, advertía. Pero eso no lo exime de cumplir con un derecho a la vez de obligación ciudadana de votar para elegir a sus autoridades. Es pues, que debe de caber en todos y cada uno de las y los ciudadanos chiapanecos en este caso, plena conciencia de que si no participamos, si no nos comprometemos, seguiremos viviendo las mismas consecuencias que dan, que arrojan, el ser gobernado por designios de una minoría. Gobernante que al provenir al fin de cuentas de una minoría, no se siente comprometido con nadie.

Porque, déjenme lo ponga así, de un padrón electoral de poco más de 2 millones de electores (para efectos del ejemplo dejémoslo en esa cifra y consideremos que es una elección estatal) sólo votan el 55 %, es decir, 1 millón 100 mil en tanto, 900 mil (de los incrédulos por decirlo de manera suave) se abstienen. Si existen en la elección 4 candidatos de los diferentes partidos por sí solos o en coalición (para efectos del ejemplo da igual), se reparten la votación digámoslo en la siguiente proporción; candidato 1 ganador el 40 % de los votos emitidos, es decir, 440 mil; el candidato 2 el 30 %, 330 mil votos; los restantes 3 y 4, se reparten 20% y 10% respectivamente, 220 y 110 mil votos. Que suman los 1 millón 100 mil totales.

Concluyo

Es decir, que quien nos gobierne, nos va a gobernar por la decisión de una minoría ciudadana, ya que de 2 millones que deberían elegir a su gobernante, sólo 1 millón 100 mil lo hicieron y quien ganó, nos gobernará por el mandato de 440 mil. Una minoría. Me explico.

Ya de salida

Bueno, la intención de toda esta perorata que intenta provocar la reflexión ciudadana, sobre todo en los que no votan. Invitarlos pues, a que lo hagan este Domingo siete, que demostremos al mundo, al país y a nosotros mismos, que somos capaces de dar un paso más, agigantado paso rumbo a la democracia. Que nadie se sienta excluido, en el padrón todos cabemos. El domingo 7 es el día. Mañana, si lo hay, podría ser demasiado tarde. Nos leemos el martes. Y no se olvide salga a votar. .

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