Alfonso Carbonell
Recuerdos
“HoyAñadir un evento para hoy le pedí a mi hijito, me mostrara sus canicas que tiene de piedra, barro y de cristal; y al hacerlas en mis manos vinieron a mi mente aquellos días ausentes en que solía yo jugar; en los mismos lugares con los mismos amigos que solíamos estar; ¡Ho cuánto diera ahora por volver nuevamente como cuando era adolecente a jugar con aquellas canicas de piedra de barro y de cristal!… Canicas del recuerdo de múltiples colores ¡nunca, nunca las podré olvidar!
Sé, como todos saben, que nuestro país -el mundo entero-, atraviesa por momentos inéditos y por ende, difíciles de entender. Sí insisto, lo entiendo. Pero quedarme ahí regodeándome en los lamentables sucesos que nos hieren y lastiman, no me conducirán más que al desencanto y frustración. Es cierto, también lo sé, soslayar estos asuntos de inseguridad, violencia y sin razón que nos permea, tampoco abona a la solución de los conflictos. Claro estoy, me refiero a quienes abrazamos como forma de vida la comunicación. Pero también envolvernos en la bandera de los agravios, tampoco abonará e incluso podría incitar a los malosos, a seguir su carrera de amedrentamiento a la sociedad.
Recuerdos (II)
Por ello mismo, me permití abrir con una poesía o quizá un pensamiento versado (recurro a la excusa anticipada porque seguro estoy, los “poetas” pudieran sentirse ofendidos), que escribió un paisano y compadre de mi padre, Don Luis González Castillo (Centla, Tabasco) que me remite, irremediablemente, a mis días de niñez. Pero más aún, a los años en que la gente de nuestro hermoso país en cualquier latitud, podíamos andar jugando en las calles a altas horas de la noche, sin más sobresaltos que Mamá, saliera a reprendernos para dejar el juego y volver a casa. Te extraño mamá.
A modo de… (Ni modos)
Por eso hoyAñadir un evento para hoy, no me referiré a ningún tema en particular que tenga que ver con el desaliento social. No hablaré de la casta política que no ha entendido que los mexicanos todos ya estamos ¡hasta la madre! Sí, hasta la madre de enfrentamientos y muertes. Que no nos merecemos que mientras la “clase” política se la pasen declarando que harán, que velarán, que se sacrificarán (¡aja!) por el pueblo, los pobres sean más pobres y los ricos más ricos. Pero tampoco diré que los empresarios mexicanos que aparecen en la lista de “Forbes” como los más ricos del planeta, estén mirando de reojo a la pobretada. Nooo… hoyAñadir un evento para hoy no me referiré a ellos.
Y cuando hablo de los que están en el poder, llámese presidente de la república, senadores, diputados federales u locales o presidentes municipales, los que deben de responder a la confianza ciudadana, no generalizo que todo esté podrido, pero se saben y cuentan historias, que nos deberían no solo ocupar, sino preocupar. Y para ejemplificar, déjenme ahora que recurra a uno más de mis recuerdos (ya bastantes afectados, por cierto, por mi Alzheimer), la anécdota que contaba mi abuela Eda sucedida en Villahermosa, Tabasco, para que nos dé una “vaga” idea (esa anécdota se sitúa –estimo yo- por finales de los años treinta del siglo pasado) de lo que hoyAñadir un evento para hoy nos sigue pasando. Y con eso concluyo.
Ya de salida
En el mercado de Atasta de Serra (Villahermosa), la policía detuvo a un niño de escasos 9 años que habría robado fruta de un puesto. Paso seguido, la autoridad (delegado municipal) mandó a llamar a la madre del niño infractor. Al llegar la señora con evidente contrariedad y molestia, ah y una vez escuchado la imputación que se le hacía al chamaco, montada en cólera le empezó a espetar al hijo; ¡Por qué “jaces” eso chamaco del demonio!, al tiempo que blandía un ancho cinturón de cuero. Prosiguió su reprimenda; ¡Qué crees que “jeres” presidente de la república para que andes robando!… o acaso “jeres” gobernador o presidente municipal… o delegado municipal, al tiempo que lo cinchaba.
Tras un mutis de silencio que duró segundos, el delegado municipal toparía abruptamente a la mujer diciéndole; ¡señora por favor, ya llévese a su chamaco! (¡Flop!) Sin palabras. Buen fin de semana.
Nota al calce; no digo exactamente las palabras que decía mi abuela, por respeto al respetable.
