Comentando la noticia

Alfonso Carbonell

¡Para los que sí… tenemos (y no es comercial de tekate)

Déjenme abra un paréntesis en esa vorágine noticiosa que hoy, qué más, envuelve a la sociedad nacional toda y la nuestra, por su pollo, no es la excepción. Pues resulta qué, mientras el país presencia una marcha nacional -porque de algún modo lo fue- en abierto descontento por el altísimo grado de inseguridad en que nos mecemos, la violencia desatada por la delincuencia organizada y los carteles de la droga de manera destacada, ni el 10 de mayo perdonaron. En varias plazas del país por éstos cooptadas, las prensas locales no tuvieron más remedio que dar cuenta de ello. ¡Qué poca… me cae!

Por ello mismo, precisamente advertía, necesario abrir un paréntesis que nos da, a los mexicanos muy en especial, el Día de las Madres que ayer se festejó. Debió. Sí, nuestras adoradas “jechus”, “cabecitas de algodón” “¡ahí madre!, acepciones que gustaba hacer el popular personaje de “Los polivoces” (Eduardo Manzano) “Gordolfo gelatino” a su señora madre. ¡A qué tiempos aquellos señor Don Simón!”.

Si tiempos de la comedia blanca en que cualquier “bobera” (diríamos acá) nos hacía sonreír y olvidarnos del estrés cotidiano. Estrés que provenía, la más de las veces, de los apremios de llevar el sustento diario al hogar. Ahhh, porque no crea que la cuestión de los bajos salarios y el desempleo sean cosas que nacieron con la pasada crisis mundial del 2009. ¡Noooo! En este país, un sexenio sí y el otro también, se han caracterizado por fregar al país y con ello, claro está, a millones de mexicanos. Me queda claro.

En reversa mami

Pero no, no desviaré mi propósito inicial de cambiarle de canal a mi televisor (Televisa, TV Azteca y demás) para subirme hasta el mismísimo infinito (y no es canal de tv de paga) en donde, estoy más que cierto, habitan todas las madres del mundo. Las que todavía se pasean encarnadas, como las que flotan en el dulce espacio de la inmortalidad. Como ángeles. Lo son. Porque como bien dice una canción de un compositor tabasqueño que alcanzó la fama local pero que, la verdad, bien pudo haberse convertido en el “manzanero” de Tabasco de nombre Paco Solís, amigo de infancia y compadre de mi ‘apa Alfonso Carbonell Javier, quien por cierto la cantaba, que decía en uno de sus versos; “Todas las mujeres corazón merecen ir al cielo”. Y las mamás, por supuesto, por delante.

Historias de hospital

Como yo ya no tengo madre; cajum cajum, digo porque físicamente ya no está conmigo y cierto estoy hoy engrosa esa gran constelación de madres idas, me la pasé en el hospital del Issste de Tuxtla desde la víspera. Es decir, desde el 9 de mayo en que súbito dolor le surgió a mi compañera Isabel, y no hubo más que recurrir al servicio de urgencias de dicho nosocomio en su calidad de derechohabiente.

Viene a colación el asunto porque, en un posible cuadro de apendicitis, Chabe (Madre de dos críos, David y Alex) hubo de quedarse internada y después de seis largas horas, le asignaron una cama en el servicio de urgencias. Los análisis clínicos y las radiografías se practicaron con diligencia. Cuando uno ya se tranquiliza y vuelve es sí (me refiero a yo), empieza la revisión ocular del lugar percatándose con pavorosa realidad, la cantidad de gentes sobre todo de la tercera edad que llegan al servicio de urgencias, las y los más, en condiciones verdaderamente lastimosas. Los quejidos de la cama 12, la 3 y la 16, se confunden y multiplican creándose un verdadero escenario dantesco. Los doctores (los menos) y las enfermeras (como arroz), se deslizan con gracilidad con baunómetro en mano e invariablemente “canalizándolos” a todos. El suero vía intravenosa, la primera opción.

Así mientras unas y otros permanecen sobre sus camas móviles, otras y otros más esperan su turno de “cama” sentaditos en sillas no aptas para pacientes. La espera se reduce a las siguientes condiciones; ya bien los den de alta o que a otros los suban a “piso” (así dicen cuando los hospitalizan claro, si se desocupase una cama). O como fue el infortunado y triste evento de que una viejecita muriera. (Su condición era realmente lastimosa); a eso de las 5:30 de la madrugada del día 10, la habían sacado después de poco más de cuatro horas de la zona donde se realiza la diálisis. A las ocho a.m., aproximadamente, sufrió una crisis. Más tarde se supo que había fallecido. La señora de ochenta y tantos años –calculo- quien fue asistida todo el tiempo por su hija que, como se escuchó comentar, desde hace años incluso en anteriores incursiones al servicio de urgencias, siempre estuvieron con ella. ¡Era su mamá! (Q.E.P.D.)

10 de mayo… no se olvida

No se trata de entristecerlos ni de hacerles recordar momentos difíciles, por contrario, trato de ejemplificar con lo antes reseñado e insisto, muchas de estas viejecitas rodeadas por sus seres queridos, lo que nos debe de hacer reflexionar sobre todo a quienes aún las tienen en vida y saludables. Así al final de nuestra existencia, el ciclo de amor y de vida ratifica el compromiso. Me queda claro. ¡Felicidades mamás!

Ya de salida

Por ahí me encontré una poesía que le compuse a mi madre María Teresa Chávez Olguín o como se estilaba en esos entonces, de Carbonell, que escribí como a los 16 (¡uuuh!) y publiqué hace exactamente 20 años un 10 de mayo de 1991. Aquí su reproducción en honor a mi madre. Y para todas las madres. (¡Ánimo Chabelita!)

Recuerdos

Mi primer recuerdo se parece a ti, y el beso primero recibí de ti
Mis primeros pasos fueron junto a ti, siempre de tu mano seguro de ti
Recuerdo también tras la puerta oír, a veces tu llanto que me hacía sufrir
Más después la vida me hizo a mí entender, que al amor de madre suelen suceder
Angustias y penas en su recorrer pues es tal la entrega de ese gran cariño, que tal vez de niño no supe entender
Es cierto recuerdo los momentos tristes, pero más recuerdo los muchos momentos que pasé a tu lado siendo muy felices
Son gratos recuerdos que me hacen vivir, horas tan felices que han quedado así
Para mí grabados que solo se han de ir
Cuando ya mi mente deje de existir

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