Alfonso Carbonell
Dar de qué hablar
No cabe duda de que el tema de las elecciones locales en el caso de nuestra entidad, está dando de qué hablar y se esperaba. Tratándose de un asunto que a todos compete, no podría soslayarse por parte de los medios de comunicación y de los analistas políticos muy en particular. Lo que sí es de detenerse a comentar, de menos, es el cómo, la mayoría de los columnistas, están abordando el tema donde son fácilmente predecibles sus proclividades ante tal o cual partido como de los candidatos en particular.
Así, con pasmosidad inaudita, quienes no apenas semanas atrás le dedicaban planas enteras para externar su denosté sobre tal o cual personaje, ahora le dedican alegorías pletóricas de parabienes descubriendo y describiendo ¡por fin; aleluya aleluya!, las bondades, calidades y capacidades hasta ahora –también- escondidas en baúles atestados de “recuerdo$”. Me queda claro.
Pero lo que realmente es menester señalar, es que quienes antes, míseros políticos a los que no les auguraban, si quiera, terminar sus actuales encomiendas; ahora a la luz de sus inminentes candidaturas a puestos de elección popular, ciertamente de periodos achatados por la reforma electoral, decía, hoy se asumen cual doctos encuestadores mediáticos que pulsan y compulsan las medidas posibilidades de éxito de ésos mismos. ¡Dormíme!
Pero bueno, como dice la insigne (ésta sí) periodista Cristina Pacheco; “aquí nos tocó vivir”.
Los contras (también predecibles)
En este mismo tenor pero en sentido inverso (que no en reversa mami), en una igualmente estrategia mediática que amén de sucia, es traslúcida y de mal aspecto como una indefensa “cuija”, otros ya sacaron del armario sus viejos tambores de guerra, sus empolvadas prácticas, sus aún, repletos costales de mañas como de sus anquilosados diccionarios floridos del más casto castilla. Así el “traidorcete, vival, corrupto, ratero, chaquetero, desleal” y más epítetos, sirven de baladíes argumentaciones a sus críticas.
Eso sí, el gremio –me incluyo por supuesto- es muy dado a señalar, criticar, acusar, reprochar, amonestar y tildar a los políticos por su manera de actuar y conducirse ante la intrínseca responsabilidad no cumplida a cabalidad ante sus representados. Y eso, por supuesto, está bien y es correcto. Tienen la obligación y compromiso inalienable de servirle al pueblo, de velar por su bienestar y seguridad social. Me queda claro. Lo que sí y estarán de acuerdo conmigo, de que entonces nada se aporta a la civilidad y sana convivencia cuando somos nosotros mismos los que le atizamos al rencor y enfrentamiento ya por “puro gusto” o compromiso, función u otras inclinaciones, y decía, andemos encendiendo mechas a la dinamitada sociedad. No, no hay ninguna necesidad y no es por ahí mis queridos compas.
Ah, y no crean que me erijo como “apóstol” de la “dichosa palabra”, mucho menos de la libertad de expresión como lo externara en pasada fecha un compita columnista. No. Lo que sí y es la arenga que me lleva a este prurito, es que si tanto nos quejamos de los políticos y con mayor relieve en tiempos de campaña sobre la así llamada y socorrida “guerra sucia” que implementan para acabar con sus adversarios, el que nosotros nos sumemos como corifeos de sus erráticas campañas, insisto, en nada aportamos a un desarrollo democrático de nivel y propositivo.
Es más y si mucho me apuran, a lo único que abonamos es en confundir al electorado en la definición y decisión de finalmente escoger, si no al mejor o la mejor, sí al menos peor. Sí nuestra función principal es la de informar y formar opinión, flaco favor les hacemos a nuestros lectores ponderando a la persona errada sabedores de su baja capacidad y peor aún, calidad humana para gobernar, legislar o administrar justicia. Pero bueno, esto aun va a dar de qué hablar.
Ya de salida
En torno a este mismo tema político-electoral y de guerra sucia, los que están realmente indignados seguido de un encabronamiento pocas veces visto, son los priistas encabezados por su dirigente estatal la señora Areli Madrid Tovilla, quien convocó a los medios de comunicación para protestar, enérgicamente, por los actos de vandalismos protagonizados por los hermanos Orantes López, Hernán quien es diputado federal y otro que no mencionan el nombre en su comunicado, además de un tal Martín Aquino Palacios, quienes con otros más irrumpieron en la sede estatal y, según informan, golpearon a algunos trabajadores e hicieron destrozos encontrándose éstos en visible estado de ebriedad.
Ahora reclaman los ofendidos, se expulse al legislador federal y compinches y aderezan la petición que hacen al CEN del PRI, con sendas demandas interpuestas ante la Procuraduría de Justicia estatal. Veremos en que para todo este “affaire”, habida cuenta que el susodicho diputado Hernán, es hermano de la senadora también priista, María Elena de los mismos apellidos. No cabe duda lo que se dice y dicen bien; el enemigo del PRI es el propio PRI.
