Alfonso Carbonell
alcar56@hotmail.com
Alianzas
De nueva cuenta y como si no fuera un tema ampliamente discutido en el pasado reciente, el de las alianzas político-electorales que no ideológicas -nomás eso faltaba “puesun”-, vuelve a convertirse en asunto distractor como casi todos los detonados por los distintos partidos y sus preclaros personajes, ahora, al querernos vender a los electores que son las alianzas la formula acertada (¿?) para sacar a los priistas del gobierno. Bueno al menos a decir del PAN y PRD. Los casos como el de Puebla, Oaxaca y Veracruz, en que dicen sus opositores se han convertido en verdaderos cacicazgos donde el autoritarismo, la antidemocracia y corrupción en los que han sentado sus reales por más de 80 años, son botones de muestra. ¿Yyyy? Como dijera Lucero, porque entonces la alianza natural en el 2012 para sacar al PAN de la presidencia sería entre el PRI y PRD. Me queda claro.
Porque ahora los panistas y perredistas (el agua y el aceite ¡aja!) salen con la necia monserga de que, en aras, insisto, de combatir los cacicazgos priistas, se hace necesario como estrategia electoral unirse, en aliarse pues (a cambio de no liarse como hasta ahora a madrazos), olvidando o dejando atrás sus irreconciliables posturas que son muchas y profundas, cuestión que creen, es suficiente para que los ciudadanos se traguen su pútrida alianza con todo y hueso. ¡Dorrrmíme!
Porque díganme ustedes amables lectores, en qué cabeza cabe proponer ir en alianza entre dos partidos que, como el PRD y el PAN, de izquierda y derecha recalcitrantes, pus nomás les ha faltado mentarse la madre. Bueno al menos públicamente. Más aún, cuando los perredistas afines a López Obrador que dicen ser los más de ese híbrido partido, incluso para quienes habiendo aceptado las vías institucionales para demostrar su descontento (Jesús Ortega, Alejandro Encinas y hasta Marcelo Ebrard) consideran a Felipe Calderón Hinojosa como presidente espurio. ¡Uta!, ahora salgan a anunciar con toda desfachatez y cinismo que para sacar al PRI del poder irán (haciendo gestos de asco mutuo) en alianzas en algunos estados del país en donde habrá elecciones para gobernador en este 2010. ¿Ydai?
Poder por el poder mismo
No cabe ya la duda de lo que en aras del poder (por el poder mismo), son capaces de hacer nuestra “apreciada” clase política. Porque si bien es cierto que esto de las alianzas; ni es nuevo ni a nadie debe espantar, no lo es menos que ahora el PAN y el PRD y éste con sus partidos satélites (PT y Convergencia), resulta estén fraguando alianzas como la anunciada hace apenas un par de días en Durango, lo que me parece todo un despropósito no solo político sino democrático que da al traste toda nuestra credibilidad institucional en los partidos políticos. Claro si aún los hubiere: credibilidad y partidos.
Pregunto; ¿a quién quieren engañar? Qué acaso no estiman o no aprecian la inteligencia del electorado y ya porque sus cúpulas se les ocurrieron o acordaron (del verbo por sus “hueffos”) ¡ah claro!, en ese perverso cálculo rumbo al 2012 de restarle fuerzas al PRI, digo y pregunto; ¿los panistas votarán por un candidato del PRD o viceversa, sin que se les haya tomado en cuenta previamente? ¡Carajo más respeto a la militancia!
Un caso; Chiapas
En Chiapas, recordarán, ya hubo un fenómeno aliancista cuando Pablo Salazar Mendiguchía, de siglas originales priistas, renunció o lo renunciaron pal caso da igual, y de ahí construyó inicialmente su proyecto político que lo llevó a ser dizque candidato sin partido, para pasar a convertirse en candidato de una coalición que incluyó a los partidos políticos locales existentes en ese momento (excepto el PFC ya extinto), el PRD por supuesto y hasta el propio PAN. Es decir, todos en contra del PRI. Otra más; pregunto, sobre todo a ésos que hoyAñadir un evento para hoy consideran que las alianzas pueden ser garantía primero, de triunfo, pero segundo y más importante garantía de buen gobierno; ¿las alianzas garantizan algo? Es pregunta no se esponjen.
La experiencia chiapaneca no puede ser más ilustrativa de que las alianzas no garantizan absolutamente nada; un pillo de siete suelas que resultó de una alianza de siete partidos. Y en esa, el PRD y el PAN (las turbulentas aguas y el requemado aceite) de significativa presencia. Así es la apuesta que ahora, en una reedición de la ocurrida en Chiapas en el 2000, quieren venderle al electorado del país, o bien si usted quiere, en estados específicos con la falsa disyuntiva de que cualquier cosa (incluso las alianzas) es mejor a que el PRI siga gobernando. ¡Sí cómo no!
Ya de salida
En fin, que como alguien lo dijo y lo dijo bien; las alianzas llegaron para quedarse. ¡Ándele sí como una especie de influenza política! Creo, convencidamente, de que las alianzas son un mal necesario en nuestra incipiente democracia; pero las construidas en México ¡por favor!, distan mucho de concebir propósitos democráticos. Bueno ya de menos que abanderen causas reivindicadoras de dignidad y justicia de los mexicanos. Mucho menos en pro de los que menos tienen.
Buscan sí, la obtención del poder por el poder mismo. El ejercicio público en beneficio de sus propios intereses, mórbidos y sórdidos intereses económicos y políticos. La misma historia de siempre. Me dirán y acepto, que el tema de las alianzas en el mundo es histórico y ejemplos como el español o los más recientes de Argentina o Chile, nos hablan de lo exitoso de las mismas en pos de un objetivo común. Me queda claro. Pero a las alianzas a que me refiero muy en específico, las que se dibujan, las que amenazan construirse en el país, son más un riesgo dada su alta volatilidad y aviesos propósitos. Por ello mismo a los que sí nos debe preocupar y más aún ocupar, por lo pronto y principalmente, son a todos los potenciales electores. Sí, a usted y a mí. ¿Alianzas PAN-PRD? Pregunto.
