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Alfonso Carbonell

¡Sufragio efectivo no reelección!

Pareciera contradictorio, por decir lo menos, que a escasos meses de que nuestro país festeje 200 años del nacimiento del movimiento independentista y 100 del inicio de la Revolución Mexicana, sobre todo de ésta última gesta la que tuvo como génesis u origen la instauración de la dictadura porfirista la que por poco más de 30 años, con los claroscuros que le otorgan los historiadores, fue lo que movió inicialmente a un grupo de mexicanos encabezados por Francisco I. Madero, a pronunciarse por el “sufragio efectivo no reelección” agrupados en el Partido Anti reeleccionista, resulta decía, de menos contradictorio que sea el propio Presidente de México, el derechista Felipe Calderón Hinojosa, quien se pronuncie, precisamente, por la reforma constitucional para dar paso a la reelección de legisladores del ámbito federal y local y presidentes municipales.

Y no es que este tema ahora salido desde Palacio Nacional cause escándalo o que no antes, partidos políticos e incluso analistas políticos y académicos estudiosos de las democracias del mundo, no lo hayan planteado ya encontrándole una serie de “virtudes ” y hasta quizás ventajas, ante un sistema de partidos como el practicado en México que no acaba por consolidarse habida cuenta, sostienen quienes apoyan esta corriente reeleccionista, que con el actual candado electoral -no reelección inmediata- los representantes populares no adquieren compromisos con la ciudadanía ni hay rendición de cuentas a su electorado, amén que tampoco hay estímulos para el legislador cuando hace bien su trabajo. Sí y no.

Algunas consideraciones

Si partimos de la base de que cuando se habla de reelección como tal, digo, tal y como lo establece el mandato constitucional y que como ya lo hacía notar, fue uno de los motivos principales para dar pie a un estallido armado (la miseria, explotación y cacicazgos imperantes caldo de cultivo) y que costó millones de vidas bajo la consigna de ¡ándele! “Sufragio efectivo no reelección “; sí la ha habido intercaladamente e incluso de manera inmediata si tomamos en consideración que quienes son diputados locales, sin terminar el periodo para el que fueron electos, pueden saltar “de facto “, ya bien a presidente municipal, diputado federal, senador de la república y por qué no, hasta gobernador. De que se puede, se puede.

De igual manera y no le complico la existencia, lo mismo lo puede hacer un presidente mañocipal, un legislador federal y hasta un gobernador. Aunque yo no sé aún que alguien haya renunciado a una gubernatura para contender por una senaduría o diputación federal. Pero se puede. Me queda claro.

Así pues, -bueno en la entidad podríamos citar decenas de ejemplos-, podrá corroborar que en la actual legislatura local, hay muchos diputados que ya han sido presidentes municipales, diputados federales y hasta senadores de la república. El caso más reciente y solo para ilustrar el entuerto es Sami Gabriel David David, quien ya fue Senador (candidato a la gubernatura), diputado local y ahora diputado federal. Pero le digo, como éste, un buen número de casos.

El ejemplo anterior, tal vez coincidan, puede resultar exitoso si analizamos la trayectoria y experiencia legislativa de quien se trata, quien incluso ya había sido diputado federal en un par de ocasiones anteriores. Empero, déjenme les plantee el supuesto (puros supositorios sos), de que se diera la posibilidad de la reelección para el 2012. Por principio de cuentas ¿usted amigo lector y ciudadano votaría por, quién le gusta; Ariel Gómez, Mirna Camacho, Ernesto Gutiérrez, Juan Calos López ¡Carlos Martínez! bueno, lo dejo a su elección? ¿Los reelegiría? Ciertamente aún es muy temprano para juzgar su trabajo legislativo, empero también, ya hay voces que dan por descontado que la mayoría de los hoy electos vayan a poder con el paquete, menos que les cumplan a sus electores y estado. Ah y como diría el cafetómano mayor Pepe Figueroa: “No es nada personal”.

El riesgo

No es descartar, a priori, la propuesta presidencial ni soslayar las bondades que el sistema de reelección para legisladores y alcaldes pudiera, en su momento, presentar ventajas democráticas e incluso, podría ser garante de mejor desempeño institucional partiendo de la premisa de que si quisieran ser reelectos, necesariamente su desempeño en el cargo tendría que haber sido cumplido a cabalidad. Sin embargo, quién garantizaría a la propia ciudadanía que quien detenta el poder y que en el transcurso de su gestión se hizo de “mulas Pedro” (de billetes pue´) y que al igual que ganó la elección primera no vaya a “operar” de igual forma con el apoyo de los poderes fácticos (diría el Reneque) y con una buena dotación de “Hidalgos” se vuelvan a hacer de la presidencia, diputación u lo que sea que sea, y ¡riata!, les repita número y color a sus representados. Ah y así, ¡por los siglos de los siglos amén!

Porque no es que UNO quiera ser contreras y como dicen por ahí, “andarle buscando chichis a las lombrices “pero, ya lo dice viejo y conocido refrán “de que la perra es brava hasta los de casa muerde”. Porque díganme, quién de los muchos presidentes municipales de los que se ha sabido y de los que el propio congreso del estado los ha señalado como morosos -mínimo- o que no les cuadran las cuentas de la hacienda municipal, digo, a cuántos conoce usted que hayan cumplido y si no, hayan enfrentado la ley. ¡No verdad! Es más y si mucho me apuran, ha habido alcaldes que han saltado a la diputación local, sin siquiera haber cumplido con la norma de ley de presentar la cuenta pública municipal en tiempo y forma. Ya no digo que les hayan detectado desvíos porque tampoco importa.

Ya de salida

Mucho habrá que analizar sobre de la propuesta presidencial para la reelección de senadores, diputados federales, locales y presidentes municipales. Porque una de las principales razones o argumentaciones para, de entrada, desecharla, es que en esta propuesta hasta hoy de “dientes pa´ fuera” hecha por el Presidente Calderón; en una incipiente democracia como la nuestra, con un sistema de partidos que ya no son garante de nada y las ideologías tienen signo de dinero. En un país en las que nuestras instituciones encargadas de velar la transparencia y equidad de las elecciones están bajo la lupa ciudadana por el desaseo y alta corrupción en la que se desenvuelven. Que en un pueblo como el nuestro en la que las diferencias entre pobres y ricos -y los pobres día a día más y los ricos y nuevos potentados crecen como hiedras- son abismales. La verdad, a 200 años de la gesta de Independencia y a 200 años de la de Revolución, no creo que estemos preparados -aún- para la reelección, ya no digo de Presidente del país, sino de siquiera un “regidor cuarto suplente de Tzimol”. Me queda claro.

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