Alfonso Carbonell
Cortina de humo
Ayer que venía en un taxi, en cada esquina de ésas que conocemos como principales cruceros, reparé en algo que hace rato no llamaba mi atención, habida cuenta que como sociedad, estamos inmersos en la vorágine de noticias que, de plano, nos obnubilan y como dice el refrán, bueno llámelo como usted quiera (consigna, adagio, proverbio, cita bíblica), eso de que; “los árboles no nos dejan ver el bosque”. La emergencia sanitaria, por ejemplo, provocada por la influenza cualquiera que sea su denominación o categorización, nos han ocupado el cien por ciento de nuestra atención. Cierto o falso, es lo de menos.
Pero decía, ver, fijarse, poner atención al cotidiano vivir en donde cotidianamente niñas y niños, mujeres y hombres de la primera, segunda o tercer edad “viven” (si a eso se le puede llamar vida) en el peor de los abandonos institucionales y nos escupen a la cara nuestro desdén, ésa, esa es otra virulenta epidemia peor que la provocada por la llamada “influenza AH1N1”, y que no es otra que la “influenza de la pobreza”. Sí, esa pandemia que desde siempre invade el mundo y mata, irremediablemente, a miles ¡centenares de miles de seres humanos todos los días! Pero decía, observar lo que nos rodea, es volver a la “realidad real” a la que como sociedad, estado y país, debemos dedicarles más atención. Una campaña así con esa intensidad y virulencia como la emprendida por el gobierno federal y medios de comunicación para atajar el virus de influenza, podría despertar la conciencia de todos para el ataque de la pobreza. Ah, y por cierto, la vacuna contra de ésta sí, enfermedad mortal, aún no se inventa y las dosis tampoco alcanzarían. Me queda claro.
No quiero ser “aguafiestas” sobre de un fenómeno biológico que, con lo mortal que puede llegar a ser si no se atiende a tiempo, de alguna manera u otra ha servido para mostrar un hálito de solidaridad y madurez ciudadana. Quién soy yo. Lo que sí, y ante los últimos datos dados a conocer por las autoridades federales encargadas del entuerto sanitario, y claro, a los que el propio Presidente Felipe Calderón anunciara a la nación, -halagüeños por demás- sobre la declinación de este mortal virus, es tiempo ya de voltear los ojos y destinar recursos y esfuerzos a programas y tareas que urgen (del verbo es para hoy) y que tienen que ver con aspectos tan “triviales” como: empleo, alimentación, salud -en general-, educación, vivienda, inversión productiva, carreteras, electrificación etc., etc.
Ya de salida
De acuerdo a lo anunciado, la emergencia sanitaria como tal, se ha levantado. Y aunque hay que seguir extremando precauciones al respecto, desde hoy miércoles la “normalidad” (así entrecomillado) de la vida laboral y productiva del país, empezará a recuperarse. Los chavos del nivel medio superior y superior (prepas y universidades), regresarán a clases este jueves. En tanto los peques de preescolar, primaria y secundaria, lo harán el próximo lunes.
Pero insisto, hay que regresar, cuanto antes, a la realidad real. A los sin empelo, a los niños y niñas de la calle, a las y los de la tercera edad que deambulan enfermos y mendingando. A los enfermos del alma y otras enfermedades crónicas degenerativas. A los sin empleo. En suma a los desposeídos. La pobreza, ésa sí, es una pandemia mundial y MATA. (¡Futaaa y ahí vienen las campañas!)
