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Alfonso Carbonell

Guerra sucia

Si bien es cierto que la reformada ley electoral sanciona, sobre todo en medios electrónicos, aquello que han dado en llamar “guerra sucia” y que en buen cristiano lo que quiere decir y significa es; que no se vale meterse con la vida personal ni privada de las personas, ni endilgarle epítetos descalificativos ni referencias dolosas; ¡vamos pues!, de mentarles la madre a sus contrincantes políticos que pudieran caer o tipificarse dentro de los delitos de difamación o calumnia. En fin, del no destrozar honras ni haciendas “aún y cuando” -y lo entrecomillo- fuere cierto. Es decir, no se vale las descalificaciones, las inmorales ni la diatriba; so pena, así lo establece la ley, de ser amonestado verbalmente, multado económicamente e incluso descalificado si así lo ameritara la gravedad del cometido. Bueno, pues al parecer, les está pasando de noche.

Pero antes y como para argumentar y/o razonar el entuerto, aquí la cita textual de lo que la ley establece al respecto:

(Solo) Para ilustrar citaré un par de artículos del Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE), retomado de la página web del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, que así lo consignan:

[Artículo 232]

2. La propaganda que en el curso de una campaña difundan por medios gráficos los partidos políticos, las coaliciones y los candidatos, no tendrán más límite, en los términos del artículo 7o. De la Constitución, que el respeto a la vida privada de candidatos, autoridades, terceros y a las instituciones y valores democráticos.

[Artículo 233]

1. La propaganda y mensajes que en el curso de las precampañas y campañas electorales difundan los partidos políticos se ajustarán a lo dispuesto por el primer párrafo del artículo 6o. De la Constitución.

2. En la propaganda política o electoral que realicen los partidos políticos, las coaliciones y los candidatos, deberán abstenerse de expresiones que denigren a las instituciones y a los propios partidos, o que calumnien a las personas. El Consejo General del Instituto está facultado para ordenar, una vez satisfechos los procedimientos establecidos en este Código, la suspensión inmediata de los mensajes en radio o televisión contrarios a esta norma, así como el retiro de cualquier otra propaganda.

3. Los partidos políticos, los precandidatos y candidatos podrán ejercer el derecho de réplica que establece el primer párrafo del artículo 6o. De la Constitución respecto de la información que presenten los medios de comunicación, cuando consideren que la misma ha deformado hechos o situaciones referentes a sus actividades. Este derecho se ejercitará sin perjuicio de aquellos correspondientes a las responsabilidades o al daño moral que se ocasionen en términos de la ley que regule la materia de imprenta y de las disposiciones civiles y penales aplicables.

4. El derecho a que se refiere el párrafo anterior se ejercerá en la forma y términos que determine la ley de la materia. (Más claro ni el agua)

Me queda claro

Es decir, que es mejor que a tiempo los actores políticos, partidos y candidatos, le vayan midiendo el “agua -clara- a los camotes” si es que no se quieren ver envueltos en las sabanas de la intriga palaciega. Pero sobre todo, habrán de tener de menos “control”, digo si no es mucho pedir, de aquellos “mercenarios” de la pluma disfrazados de lo mismo, quienes parecen no entender y la verdad no los culpo, que no es ése el papel que un comunicador -que se precie de serlo al menos- el que debe jugar en el ya de por sí, desacreditado entramado de la política y de los procesos electorales muy en particular.

Insisto, que nada gana el “contratante” de insultos y bajezas contra de sus presumibles o reales, si usted quiere, adversarios, propiciar este tipo de atípicas conductas y señalamientos, que al tiempo de lanzarle injurias a sus adversarios, se injurian así mismos. Claro, es cuestión de decencia y de conciencia. Porque ¡por favor señores concédanles a los ciudadanos, es decir, sus potenciales votantes -¡carajo!- tres dedos de inteligencia!, éstos saben, leen, huelen ¡olfatean!, quien o quienes están atrás de la inquina. De tras de cada disparo de esta sucia guerra.

Es sí, estimo, en el análisis fundado de la investigación, en el aporte de datos precisos, es más, en el hurgamiento histórico si usted quiere, de las trayectorias públicas de las y los políticos o como ahora candidatos, a los que se les quiera criticar o evidenciar su poca o nula calidad “política” o de hombre público para aspirar a representarnos. Se vale y es lo decente pero sobre todo, lo profesional.

Porque, quien carece de argumentos para enfrentar al enemigo, suele la mayor y mejor de las veces, sucumbir ante sus propias mentiras; ante su falta de capacidad política; peor aun, de su calidad humana. No se equivoquen.

Ya de salida

¡Qué mené! Expresión coloquial que usaba el histrión mexicano y precursor del más puro lenguaje “pachuco” del cine nacional Germán Valdés “Tin Tán”, digo, cuando de expresar asombro se trataba. En cuanto al origen de la palabra, bueno ni al caso. Lo que si viene al caso, es el tema de lo que un día sí y el otro tambor, el gobernador Juan Sabines nos viene recetando a las y los chiapanecos todos, tratándose, lo mismo, de que en breve comenzaremos una intensa relación con nuestros cada vez menos lejanos -lo apuntaba ya en ocasión anterior- amigos los chinos. Sí, en aras de lo que una Misión de funcionarios del gobierno estatal que comandó la señora Blanca Ruth Esponda, hace apenas un par de semanas, pudo sembrar y que en breve, insisto, empezaremos a cosechar.

Pero decía, igual con los colombianos y el proyecto de la planta procesadora de biocombustibles, primera en México, y que vendrá a ser un detonador de la agricultura estatal. Bueno, ya ni que decir de la Torre Chiapas, de la cual ya se puso la primera piedra, mole de acero y concreto que se alzará -como se alza Chiapas todo- a mirar al cielo desde el pináculo de su 22º piso, teniendo de frente el portentoso Cañón del Sumidero. Un aula cada tres horas, representa, sin duda, uno de los mayores esfuerzos jamás realizado por gobierno alguno. Los recursos destinados a la educación, se ha dicho y sostiene; ¡jamás se deberá considerar como un gasto sino la más justa inversión! (Continuará)

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