Nace el Movimiento Blanco
Historias y telenovelas
Katia D´ Artigues
Mucho más allá de quién tiene la razón en esta nueva discusión entre el IFE y las televisoras (que tiene de fondo la reforma electoral), hay una conclusión irrefutable, innegable. ¿Cuál? A’i le va:
Para que las cosas sucedan, indignen, se discutan en este país hay que… ¡interrumpir el futbol! Y eso es una gran lección.
Si yo fuera polític@, le temería a Isabel Miranda de Wallace. Mujer inquebrantable, ha hecho gran parte del trabajo que corresponde a las autoridades respecto del asesinato y secuestro de su hijo; ahora acaba de fundar otro gran proyecto. Se llama Movimiento Blanco.
No tiene nada que ver, como su nombre podría sugerir, con las brigadas blancas, movimientos armados pagados por clases pudientes ante su desesperación porque el Estado no podía/puede garantizar su seguridad, que en países como Colombia después se volvieron paramilitares…
No. Se trata de un movimiento para investigar y exponer el currículo de candidatos en estas elecciones. Que la idea es que no lleguen “deshonestos”. Menuda tareíta. Y eso, con la capacidad de investigación de Wallace, apoyada en instituciones y de manera lineal, porque no quiere que nadie dirija el movimiento para que no sea usado políticamente… Suena muy bien.
Por eso, si fuera polític@ me daría mucho miedo.
Pero como soy una simple ciudadana, aplaudo a Wallace.
El pasado domingo murió Fernanda Villeli, madre de las telenovelas mexicanas.
Fue una ocasión triste por varias razones. La muerte en sí de una persona que creó un género que ha contribuido a la formación sentimental de los mexicanos (y que vemos a diario en todos lados, la política incluida); también la de una escritora pionera en México que hizo tanto por su gremio. Mujer fuerte, de ideas propias que lo mismo negoció con Fidel Castro que la cooperación de escritores cubanos tras la Revolución y, con El Tigre Azcárraga, hacer El maleficio en parte basado en su propia vida (de Azcárraga, con partes de ficción).
También me duele porque es la madre de tres queridas amigas: Rossana, Marcela y Sandra.
Su velorio fue un verdadero desfile de personalidades, lo mismo políticas que de la cultura en México. De cultura en sentido amplio.
El lunes en la tarde que por ahí andaba, me encontré con dos Migueles: Alemán Velasco y Sabido, que fueron padres de la telenovela histórica en México. Contaban con nostalgia la etapa dorada de este tipo de telenovelas y lo que provocaron.
Una anécdota: cuando hicieron Carlota y Maximiliano, en 1965, el entonces secretario de Gobernación Luis Echeverría los citó. Estaba preocupado porque con la trama romántica del amor entre los protagonistas emperadores estaban haciendo quedar como el villano nada menos que a ¡Benito Juárez!
Hubo cita en Los Pinos al día siguiente para hacer control de daños. Y lo hubo: se hizo La tormenta. En ella, un ilustre personaje ficticio, Gabriel Paredes, que un despistado presidente municipal tomó por real y le mandó hacer hasta una estatua, redimió como personaje bueno a Juárez.
No pude evitar pensar: ahora que nadie sabe qué diablos hacer con el bicentenario, ¿por qué no hacen una telenovela histórica? Ese sí sería un proyecto ambicioso y trascendente. Y no es ironía.
Porque si no, como están las cosas, mejor hay que aplazar el bicentenario. Aunque hayamos tenido 100 años para prepararnos.
Si las elecciones intermedias fueran este domingo, el PRD y el PAN tendrían menos diputados; el PRI, muchos más. Aun así, los priístas (todavía) no tendrían el control absoluto de la cámara con 250 diputados más uno. Esa es parte de los resultados de una encuesta que la Secretaría de Gobernación hace cada 15 días. Aunque, claro, todo puede cambiar.
El PRD, según estos datos, tendría unos 70 diputados (de sus actuales 127); el PAN, 25 menos de sus actuales 207, 182… y a la baja; el PVEM crecería al menos a 22, cinco más que ahora; PT y Convergencia, juntos, tendrían entre 15 y 20 diputados más, es decir, la nada despreciable cantidad de 49 (gracias al efecto AMLO); en el aire quedarían —que serán elección de voto por voto, casilla por casilla— entre 16 y 20 curules. Y el gran ganón —con posibilidades de tener más— sería el PRI: al menos 161 curules, de las 106 que tiene ahora.
