Manuel Espino Barrientos
El proceso para renovar la dirigen-cia nacional del PAN, adelantado para evitar desgaste innecesario, ha suscitado la reflexión de los consejeros nacionales que habrán de elegirla y de la militancia atenta a las propuestas de los aspirantes.
En la sociedad hay expectación e interés por corroborar si el llamado partido de la congruencia, hoy en el gobierno, honra su tradición democrática, pues se percibe, dentro y fuera de la organización, que Acción Nacional experimenta algo así como un cambio climático que sutilmente transforma su naturaleza y modifica su esencia.
A muchos preocupa la variación del comportamiento de algunos panistas que, cada vez con mayor impunidad, alteran la atmósfera política interna, cuya limpieza hacía respirable el aire democrático que le mereció el reconocimiento ciudadano que poco a poco lo llevó al gobierno. Es como un fenómeno de invernadero que asfixia el celo por el bien superior.
La creciente preeminencia de ambiciones particulares en los procesos de selección de candidatos y de dirigentes produce una especie de calentamiento institucional, una variabilidad en criterios que, históricamente, les hacían ordenar sus prácticas y su oferta programática, sus formas de pensamiento y sus decisiones, sus vínculos con el poder y su relación con la sociedad, hacia el bien común.
La transparente sinceridad y la honesta franqueza que dignifican la política ceden, paulatinamente, espacio a dos vicios contrarios: uno que usurpa el nombre de la prudencia, y otro que incurre en la temeridad. El primero finge ignorar la obligación de ser congruentes y lleva a la simulación, a guardar las formas para ocultar hipocresías y esconder en los discursos una realidad que no quiere reconocerse; y el segundo da permiso indebido a prácticas que emulan al viejo PRI —el del autoritarismo y la corrupción— y que sepultan con disimulo el sentido del deber.
Influencias internas, personificadas en quienes hacen presente la astucia a favor de metas cortoplacistas y contaminan la sabiduría que mira el largo plazo, estimulan el afán efectista para alcanzar premios de vencedores por caminos fáciles, exentos de riesgos, pero altamente nocivos para la salud política de una institución que, a decir de Carlos Castillo Peraza, alcanzó la victoria cultural frente a un pragmatismo sin valores que ahora resurge envuelto en el prestigio del PAN.
Esta inocultable alteración facilita que influencias externas reinstalen sutilmente, y con el consentimiento indolente de algunos, aquella decadencia política del viejo régimen, donde los derechos del número y de la fuerza, los derechos del poder, se imponían a los de la justicia, que son superiores. Como se contaminaba la vida pública de México por el partido-gobierno que ya se fue, así se degrada el clima político por algunos servidores públicos y dirigentes partidarios que deshonran la formación humanista que recibieron en Acción Nacional.
Cuando un ser orgánico se contamina y decae, es señal inequívoca de que ha cesado el influjo de las causas que le dieron vida, forma y consistencia. Para sanarlo y vigorizarlo antes de que sea demasiado tarde, es necesario devolverlo a los vitales influjos de aquellas mismas causas. Este enrarecimiento del clima político del PAN exige de sus fieles militantes elevación de sentimientos, generosidad en los propósitos y regularidad en la disciplina, para estabilizarlo en el vigor de su doctrina y mantenerlo en su trayectoria.
Así las cosas, sin callar las voces de alerta y sin hablar con disimulo, el buen entendimiento sugiere atenuar las opiniones que enrarecen el ambiente, nublan la visión de causa y ensucian la atmósfera del partido que, por estar en la responsabilidad de gobierno, necesita dar testimonio de congruencia. Privilegiar las coincidencias por encima de las naturales diferencias, ayudará en ese saludable propósito.
El remedio eficaz a esta aún incipiente afectación es la aplicación de sus principios y tesis de política práctica; el respeto irrestricto a la pluralidad y libertad de sus militantes; el encuentro de intereses personales legítimos más o menos contrapuestos, subordinados al interés de los mexicanos. En síntesis, es el retorno a la vivencia del estilo y mística del panismo histórico que no abdica su compromiso con la democracia. Es la tarea que, entre otras, seguramente retomará el nuevo Consejo Nacional del PAN y la próxima dirigencia. Es cuestión de honor y voluntad.
Presidente nacional del PAN
