Calderón, ¿como Fox?

Manuel Camacho Solís

Felipe Calderón tiene razo-nes suficientes para estar preocupado. Hay nuevos hechos políticos que presionan a su administración. Ante los nuevos problemas, puede responder con altura de miras y concentrarse en lo fundamental. Pero también puede, como ocurrió con Vicente Fox, extraviar su gobierno con respuestas dispersas, conductas frívolas y actitudes rijosas que no tienen otro propósito que descargar los enojos, desviar la atención de los verdaderos problemas y polarizar a la opinión pública para mantenerse en el rating.
De nuevo, como ocurrió con Fox al año de las elecciones, su dilema es dirigir al gobierno con sentido estratégico, o satisfacer su vanidad con un engañoso y costoso rating. Engañoso, porque es producto de la publicidad. Costoso, porque para alcanzarlo tiene que generar una confrontación permanente que distrae a la opinión pública, pero también a las instituciones y al jefe del Ejecutivo.

En las últimas semanas han aparecido nuevos datos en el radar presidencial que tensan la situación. Aunque no aparezca en las pantallas de la televisión, AMLO sigue presente en la conciencia colectiva. El paquete fiscal que parecía negociado, puede colgarse en el tiempo y reducirse en sus alcances. El escándalo de Ye Gon ha levantado muchas dudas, incluso entre los analistas que simpatizan con el gobierno. La reaparición del EPR ha mostrado la incompetencia de la política para disminuir la tensión en los focos de conflicto, el descuido estructural a las instalaciones estratégicas y el error de querer descargar tantos tramos de atención en el Ejército que, ahora, se ve adicionalmente presionado por la necesidad de responder a un nuevo flanco de batalla.

Si hay más cargas, debieran mejorar la concentración, la coordinación y la serenidad. Focalizar en lo importante y no distraerse en asuntos secundarios o en conflictos prescindibles. Definir la estrategia y lograr que cada pieza del gobierno actúe en consecuencia. Mantener un ambiente no exasperado de trabajo.

Pero no. En estas semanas, el gobierno da la impresión de que lo están rebasando los acontecimientos. En la crisis, el gabinete no aparece. Ante la provocación de los abogados de Ye Gon, su secretario de Trabajo responde con prepotencia (y sin ton ni son), y se va a Estados Unidos a defenderse como si fuera un particular y no un miembro del gobierno federal.

Frente a los bombazos, no hay una respuesta que reordene el ambiente para disminuir la probabilidad de nuevos ataques, ni se esclarece quién y por qué se rompió una tregua con la desaparición de los dos militantes reclamados con semanas de anticipación. Ante la invitación de una prestigiada periodista a un debate, “como en España, democrático, civilizado, del jefe del gobierno con el jefe de la oposición”, se responde que ya pasó el momento de los debates que fueron las campañas, pero horas más tarde, el Presidente se confronta con el gobierno anterior de la ciudad y ataca sin necesidad alguna al actual gobernante.

Ante los cuestionamientos a la legitimidad del 2 de julio hay enojo, pero no hay una respuesta que anticipe un plan para fortalecer la legitimidad de las instituciones electorales en vistas de las elecciones de 2009. Incluso, en el tema que estaba más trabajado, la reforma fiscal, ya empiezan a diluirse los apoyos y a extenderse los tiempos. En el frente externo, la situación es vergonzosa para el gobierno mexicano: extradita a los capos, mientras que el gobierno norteamericano protege a quien parecía como una de las cabezas del decomiso más grande de la historia y, para colmo, no explica por qué salieron los dólares del país.

Calderón tiene mucho de qué ocuparse en las próximas semanas. Si se concentra, decide, aclara, negocia y ordena a su equipo, podrá reconstruir ante la opinión pública la percepción de que aprendió la lección del foxismo. De que está consciente de la necesidad de cuidar en forma y fondo a la institución presidencial. Pero si en vez de ello da respuestas engañosas, encubre, muestra dispersión y ánimo rijoso, veremos pronto cómo se extravía el gobierno de Calderón. En el primero fue una tragedia, hoy sería un peligro para la nación.

Miembro de la Dirección Política del Frente Amplio Progresista

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