Arcano Político

Colombianización
Por MARIO LUIS ALTUZAR SUAREZ
Desempolvan los Estados Unidos su añeja pretensión de asumir el control de las corporaciones policíacas mexicanas, bajo el argumento de ayudar al gobierno panista para combatir a los narcotraficantes proveedores del mercado estadounidense, considerado en 80 mil millones de dólares anuales.El ex jefe de la Border Patrol en El Paso, Texas, frontera con Ciudad Juárez, Chihuahua, Silvestre Reyes, actual presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara Baja, en el marco de la XLVI Reunión Interparlamentaria México Estados Unidos, en Austin, reveló el 9 de junio que se estudia un programa similar al Plan Colombia.
Aunque se quejó de que los reporteros malinterpretaron sus palabras, después de que el embajador de México ante Washington, Arturo Sarukhán rechazó la instrumentación de un programa similar al Plan Colombia firmado en 1999 por los presidentes Bill Clinton y Andrés Pastrana, en donde a la extradición de narcotraficantes se incluye la transferencia de 700 millones de dólares al año y fuerzas militares para combatir a la insurgencia y al narco.
Sin embargo, el diplomático mexicano aceptó que fue el gobierno del presidente Felipe Calderón el que solicitó la ayuda a los Estados Unidos, lo que coincide con su reclamo en su segunda gira por Europa, principalmente frente al Grupo de los 8, para que exista una mayor responsabilidad europea y estadounidense para combatir al narcotráfico.
Emerge la duda, entre la versión del diplomático y el representante estadounidense que mostró una singular fiereza contra los indocumentados mexicanos, del tipo de ayuda que solicitó la administración panista mexicana, primero, por el sigilo sin consultar a los legisladores mexicanos y segunda, por las mismas expresiones de las fuentes informativas.
Con 63 años de edad y amplia experiencia política en el Partido Demócrata para ocupar una curul después de su trabajo en el Servicio Nacional de Inmigración, aclaró que la única diferencia con el Plan Colombia, es la ausencia de fuerzas militares.
Hay suspicacia si se observa que se incluye entregar al gobierno panista aviones militares modernos y herramientas tecnológicas, que requieren de un entrenamiento especializado y del que carecen los elementos mexicanos, por lo que se pregunta: ¿Quiénes serán los operadores?
De aceptarse la versión del embajador Arturo Sarukhán, de que solamente se buscará “elevar la cooperación contra el crimen organizado, el cual incluye intercambios de inteligencia en tiempo real, cursos de capacitación y transferencia de recursos, entre otros aspectos, porque estamos en una guerra con el narcotráfico”, es creíble el señor Reyes.
Se habla de cursos de capacitación y transferencia de recursos, que si consideramos que “estamos en medio de una guerra con el narcotráfico”, los cursos deben realizarse en el país y en la “transferencia de recursos” lo mismo se entiende por económicos, tecnológicos que humanos, aunque se precisa la exclusión de las fuerzas armadas.
En ningún momento se excluyó a las corporaciones policíacas o de espionaje, lo que hace recordar que desde 1985, los Estados Unidos han presionado a México para que acepte la injerencia de la Drug Enforcement Administation (DEA), con efectivos armados, para cooperar en la coordinación de los mandos policíacos mexicanos.
Parecería, entonces, que existe una estrategia del gobierno panista al involucrar al ejército mexicano en la guerra contra el crimen organizado y aceptar en Europa la escasa, por decir que nula, confianza en las diversas corporaciones policíacas, lo mismo por los altos niveles de corrupción que por su mínima preparación.
Es decir, que ante los reclamos sociales, en donde destaca la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, de las acciones militares, el señor Calderón se invista de demócrata y regrese a los soldados a los cuarteles a cambio de que ingrese a México la DEA.
Un primer paso para obedecer el Destino Manifiesto del Imperio, en la creación de un organismo policiaco supranacional en América Latina, ante el fracaso de estructurar un ejército con las mismas características y asentado en Panamá, orientado a salvaguardar los intereses de las transnacionales frente al creciente descontento político y social.
El narcotráfico es el pretexto si se observa que la distribución de drogas en las inmediaciones de la Casa Blanca, ingresa por sus fronteras terrestres, marítimas y áreas, se transporta en sus modernas carreteras o aeropuertos locales, y se disemina por el narcomenudeo, sin operativos que encarcelen a los responsables.
Por ello se debe combatir al crimen organizado sin entregar al país.
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