Teocracia a la mexicana
Por Mario Luis ALTUZAR SUÁREZ
Ciudad de México.- ¡Viva Cristo Rey! Clamó en las alturas del Parque Bicentenario de Silao, Guanajuato. Y abajo, arrodillados, el presidente de México, Felipe Calderón, con los candidatos presidenciales: El priísta mexiquense Enrique Peña Nieto, la panista Josefina Vázquez Mota, el expriísta Andrés López y el empleado de la poderosa maestra, Gabriel Quadri de la Torre. Y se trasmitió por TV oficial.
Allí, en el parque abierto apenas el 15 de octubre de 2011, se aplicó de facto la contrarreforma a los artículos 24, 27 y 130 constitucionales aprobadas el 15 de diciembre de 2011 por la Cámara de Diputados y el 14 de marzo de 2012 por comisiones de los senadores lo que no implica que esté en vigor.
Para una administración acostumbrada a ignorar los preceptos legales, esta minucia, que sea aprobada por la mayoría de las legislaturas de los estados, según manda el artículo 135 Constitucional:
“La presente Constitución puede adicionada o reformada. Para que las adiciones o reformas lleguen a ser parte de la misma, se requiere que el Congreso de la Unión, por el voto de las dos terceras partes de los individuos presentes, acuerde las reformas o adiciones, y que estas sean aprobadas por la mayoría de las legislaturas de los Estados. El Congreso de la Unión o la Comisión Permanente, en su caso, harán el cómputo de los votos de las legislaturas y la declaración de haber sido aprobadas las adiciones o reformas”.
En palabras de Jaime Chalita Zarur, presidente nacional de la Federación de Logias Mexicanas, “al no haberse presentado y mucho menos aprobado las pretendidas reformas por el Congreso de la Unión, de parte de los Congresos estatales, se incurrió en una flagrante violación a la Constitución, los oficios públicos papales”.
Hay razón: El Pleno de la Cámara de Diputados aprobó el 15 de diciembre de 2011 con 199 votos a favor, 58 en contra y 3 abstenciones, la reforma al artículo 24 constitucional en materia de libertad de religión, a fin de permitir actos de culto religioso individual o colectivamente, tanto en público como en privado.
El actual artículo 24 constitucional ordena en el primer párrafo: “Todo hombre es libre para profesar la creencia religiosa que más le agrade y para practicar las ceremonias, devociones o actos del culto respetivo”, y el tercer párrafo establece:
“Los actos religiosos de culto público se celebrarán ordinariamente en los templos. Los que extraordinariamente se celebren fuera de estos se sujetarán a la Ley Reglamentaria”.
Ahora, el párrafo modificado por diputados federales dice: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de conciencia y de religión, y a tener o adoptar, en su caso, la de su agrado. Esta libertad incluye el derecho de participar, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, las ceremonias, devociones o actos del culto respectivo, siempre que no constituyan un delito o falta, penados por la ley. Nadie podrá utilizar los actos públicos de expresión de esta libertad con fines políticos, de proselitismo o de propaganda política”.
Se tiene una tercera parte del procedimiento. La segunda parte se dio a medias el 14 de marzo de 2012, cuando las comisiones de Puntos Constitucionales y de Estudios Legislativos avalaron sin cambio alguno una minuta de la colegisladora para reformar el artículo 24 de la Constitución. Faltaría que se presente al Pleno.
Al faltar la aprobación del Pleno de la Cámara de Senadores, es imposible que se haya presentado y mucho menos analizado y aprobado o rechazado por los Congresos estatales.
En donde los diputados del PRI en el Congreso del Estado de Jalisco expresaron su rechazo el 24 de enero de 2012, el 21 de marzo de 2012 aprobó el Congreso de Oaxaca se opone y aprobó un punto de acuerdo en el que exhorta al Senado a defender el Estado laico y ese mismo día, en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el vicepresidente de la Comisión Permanente del Congreso, el panista por Huixtla Carlos Avendaño Magaña, adelantó que votará en contra de la reforma al 24 constitucional.
La batalla apenas comienza aunque se redujo el daño del proyecto original del diputado federal priísta duranguense José Ricardo López Pescador, que contemplaba la difusión y la enseñanza de la religión como parte medular, así como el derecho de los padres para garantizar que los hijos reciban la educación religiosa que a sus intereses, de los padres, convenga.
Es difícil suponer que esa propuesta se olvide. México que se proyectan reformas a la fracción II artículo 27 constitucional, para permitir que las corporaciones eclesiales puedan adquirir bienes exclusivamente para su uso directo, con excepción de los templos destinados al culto público que buscan quitarle la propiedad a la nación.
También se pretenden cuando menos 7 reformas al 130 constitucional, para que puedan, entre otros, poseer medios de comunicación.
Es decir, que se regrese el poder económico al alto clero político que poseía el 33 por ciento de los bienes raíces de México en 1833, antes de la injusta guerra con Estados Unidos en que perdió la mitad de su territorio, que dominen el sector educativo que marginó a los indígenas, por ejemplo a Benito Pablo Juárez García. Y mucho más.
Con la visita a México del alemán Joseph Alois Ratzinger, llamado Benedicto XVI al asumir como el 265 papa el 19 de abril de 2005, la contrarreforma constitucional encabezada por el primer panista del país, Felipe Calderón Hinojosa, y apoyada por legisladores del PRI y del PAN principalmente, parecería consolidarse.
Algo grave. El presidente nacional de la Federación de Logias Mexicanas, Jaime Chalita Zarur, recordó que al separarse la Iglesia del Estado en la Constitución de 1857, los jerarcas clericales se aliaron con los conservadores para solicitar un Príncipe a Napoleón III, que sumió al país en una lucha fratricida.
Con su ambición de recuperar los privilegios terrenales y en contra de la Constitución de 1917, el 5 de febrero de 1926 iniciaron la Guerra Cristera que derramó la sangre de 350 mil mexicanos a su culminación en 1929, refirió Chalita Zarur.
Ahora, desde el Parque Bicentenario en Silao, Guanajuato, a la sobra de Cristo Rey, símbolo de la Cristiada y bajo la retórica de una supuesta reconciliación entre mexicanos, el máximo jerarca del clero político dice: “Esta dignidad se expresa de manera eminente en el derecho fundamental a la libertad religiosa, en su genuino sentido y en su plena integridad”.
Tiempo en que los Congresos locales, ya que el Congreso de la Unión se muestra proclive a consolidar la teocracia azteca, tienen la grave responsabilidad de evitar una confrontación fratricida y rechazar las ambiciones clericales.
