Arcano Político

Juegos ocultos

Por Mario Luis ALTUZAR SUÁREZ

Genera suspicacias por las formas y los tiempos, el asesinato en Pakistán del agente de la CIA, Osama Bin Laden, en un operativo estadounidense de 40 minutos después de 10 años de lo que dicen, fue una intensa búsqueda del enemigo público número uno de los Estados Unidos.Destacan los tiempos electorales en que el demócrata Barack Obama se encuentra en campaña para su primera reelección en medio de una ofensiva ultraderechista que cuenta a su favor con los efectos nocivos de un modelo económico sustentado en la voracidad y la rapiña que concentra salvajemente la riqueza en una minoría mundial.

Las formas que generan suspicacias, es el apresurado lanzamiento de su agente en algún lugar de la profundidad del mar Arábigo, sin mostrarlo a los medios de comunicación, ni siquiera una fotografía creíble de que se consumó la ejecución ordenada por el republicano George W. Bush después del 11 de septiembre de 2001.

Se trata, entonces, de un supuesto éxito del espionaje enturbiado por las inconsistencias en las formas y tiempo, y en donde surgen los recuerdos de que un elemento de la comunidad espía que se haya destacado por sus servicios, se le otorga la “muerte” pública mientras se le proporciona nueva identidad con jugosa recompensa.

Un elemento que se conjuga con las urgencias de un sistema económico que colapsó en el 2008 y que pese al manejo mediático de precaria recuperación en que se intenta explicar los millonarios recursos de los contribuyentes al bolsillo de la oligarquía internacional, se manipulan cifras para anunciar la prolongación de sacrificios, es decir, del empobrecimiento general, en todo el mundo.

Mencionemos que van creciendo las manifestaciones de la sociedad, no solamente en las dictaduras árabes y africanas, sino en la matizada realidad de las llamadas economías occidentales, principalmente en el Grupo de los 7 más 1, por la tendencia de conculcar los derechos de los trabajadores para conducirles hacia la esclavitud.

El proceso globalizador encabezado por los financieros bancarios y agencias de seguros, han mostrado su profunda avaricia en el golpe contra Grecia, Irlanda y Portugal, y se encuentran en la antesala España, Francia, Italia y Alemania, sin descontar la agresiva ofensiva en diversos estados que conforman los Estados Unidos.

Visto de otra manera: La profundización de la dictadura de las transnacionales, por ejemplo, en América Latina, reduce cada día a las oligarquías nacionales asociadas a las grandes corporaciones, en donde los intentos de integración regional representan un estorbo a las ambiciones de los cada vez menos dueños del dinero especulativo.

Se ha fracasado en inyectar recursos y de infiltrar agentes para disparar el aparente descontento social, lo que implica la urgencia de contar con una amenaza exterior para poder explicar y en su momento, justificar, acciones militares en la zona. El éxito obtenido en Libia es un fracaso en América Latina.

Con el supuesto o real asesinato de su agente en la CIA, Osama Bin Laden, se reactiva el fantasma del terrorismo internacional que substituyó el 11 de septiembre de 2001 al diabólico engendro del comunismo internacional.

Vinculado a las manifestaciones árabes y la fantástica campaña mediática con verdades a medias que hacen una mentira completa, se siembra el miedo mundial a una respuesta del llamado terrorismo encabezado por Al Qaeda, que, incluso, en México se activó el programa antiterrorismo en aeropuertos y que ejecutan los estadounidenses.

El primer efecto, es el impulso a la reactivación económica para adquirir sistemas de protección.

El segundo elemento, es que el miedo a una respuesta de Al Qaeda distrae a los consumidores de que son saqueados vía impuestos e inflación para orillarlos al hambre y enriquecer a las transnacionales.

El tercer punto es que se crea una realidad virtual de la urgente necesidad de que Estados Unidos proteja al mundo con sus fuerzas militares, y como en México, se respalde la iniciativa calderonista de la Ley de Seguridad Nacional que legalizaría la dictadura en que se transformó la promesa democratizadora de los genuflexivos lacayos del nuevo imperio.

Con este escenario, se olvida que Al Qaeda quiere decir, La Base, y se refiere a una base de datos creada por la CIA y su principal operador en Afganistán, Osama Bin Laden, para relacionar a los muyahidines reclutados para rechazar la invasión militar soviética en 1979.

Lo que explica la facilidad con la que movió Osama Bin Laden millonarios recursos en bancos europeos y estadounidenses, en envío de sus terroristas engañados por países europeos hasta llegar a la Florida, gobernada por el hermano del entonces presidente George W. Bush hijo, ingresar con facilidad a escuelas aéreas y atentar contra las torres gemelas en Nueva York y se duda que lo hayan hecho en el Pentágono en Washington.

Y ahora, se empezará a fortalecer mediáticamente al fantasma terrorista con el manejo de los potenciales sucesores, en donde el sucesor del jubilado Osama Bin Laden, deberá ser un confiable agente de la misma agencia, o de la Dirección Nacional de Seguridad, la cabeza real de los juegos ocultos y nos tan limpios de los Estados Unidos.

Todo un juego y rejuego de hilos ocultos para mostrar al público una realidad virtual en donde los únicos gananciosos son los no tan anónimos Barones de Wall Strett asociados con oligarcas nacionales en el mundo y mediante sus empleados que se hacen llamar políticos y presidentes como simples empleados del Gran Capital.

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