Es difícil
Por Mario Luis ALTUZAR SUÁREZ
Es difícil. Es cierto. Pero sin ser el idóneo fue el mejor. Así lo mostró el resultado oficial electoral. Aunque por medio punto de diferencia. Su discurso en campaña le ubicó como la solución al desempleo. Entusiasmó la doctrina juarista de la austeridad republicana. Su oferta de restaurar la seguridad pública y la justicia social.Tal vez la devastación económica, social y moral de la fallida promesa del cambio causó que los electores soslayaran la ausencia del cómo, esa pecata minuta complementaria al diagnóstico que implica el programa de acciones. Una razón que desgastó en 829 días la imagen optimista y triunfadora. Y en un año electoral.
La duda fundada sobre el presente, ya no el futuro mediato de la nación, se origina en el mismo protagonista que incumplió la mínima promesa de suprimir el impuesto de la tenencia vehicular adoptada desde 1965 para financiar los XX Juegos Olímpicos. De ahí en adelante, el rosario del recuento de los daños, es el pan nuestro de cada día.
Para quienes le conocen de cerca, comentan que le observan muy solitario lo que genera angustia y desesperación al grado que asume la supuesta necesidad de comentar, defender, proponer por medio de la retórica. De ser cierto, se tendría la ausencia de un equipo, lo mismo de asesores que de operadores. Una grave ausencia de estructura.
Él mismo reconoce que falta eficiencia en el manejo de la imagen de los supuestos o reales resultados. Sería lo de menos. Si su secretario de economía habla de inseguridad y el fiscal se esfuerza en demandar la inconstitucionalidad de una ley del aborto del poder legislativo, resignado a esperar lo peor en la escalada violenta, pues…
Se desperdició, incluso, la oportunidad de renunciar en tiempo y forma a un secretario víctima de las filtraciones telefónicas y en abierto conflicto de intereses como empleado de una poderosa transnacional. Más grave es el reconocimiento de omisiones en el sexenio anterior y permanecen en sus cargos los potenciales responsables.
La administración a base de retórica y con visible ausencia de estructura, tiene dos efectos inmediatos: 1.- Interno y 2.- Externo.
En el primero, el llamado crimen organizado es ahora, además de sanguinario, más temerario. Primero asesinó a un general del ejército, después atentó contra un gobernador y lo más preocupante, ejecutó a dos personas en la misma ciudad y tiempo en que el primer administrador de la nación, hacía votos de combatir a los delincuentes.
Para el segundo escenario, el externo, se resintió una escalada de críticas que, si bien fueron matizadas, argumentan la pérdida de confianza para impulsar la injerencia policíaca y militar directa en México, acorde a los acuerdos de Wacco, Texas de 2005 sobre un tratado comercial plus que borre las fronteras: La North American Union.
Un ejemplo claro: En su Reporte Anual sobre Control y Estrategia Internacional antinarcóticos 2009 (INCSR por sus siglas en inglés) al Congreso, el Departamento de Estado pese a reconocer el esfuerzo mexicano contra el narcotráfico, indicó que la corrupción gubernamental sigue siendo un “impedimento clave” para lograr progresos.
Lo curioso es la coincidencia con esta observación del fiscal de la nación, que tuvo a su cargo la agencia de espionaje mexicana y la Secretaría de Seguridad Pública federal en el omiso foxismo, y primo hermano de un banquero asociado al condiscípulo preparatoriano del señor de las botas de charol. Banco intervenido en Estados Unidos.
Así, es difícil solucionar con la retórica, un problema que lacera a todos los sectores de la producción. En palabras del priísta sonorense Manlio Fabio Beltrones: “el interés del Estado mexicano, en el tema de la delincuencia organizada y el narcotráfico, es combatirlo y acabarlo”, sin pretextos ni eludir su responsabilidad. Parece muy difícil.
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