Augusto Solórzano López /ASICh
El diputado local del PRI, Aquiles Espinosa García, quien como todos los políticos seguramente tiene su historial político personal, eso no quiere decir que no tenga arrestos y capacidades para defender sus convicciones en función estricta de su desempeño como legislador y como pretenso de la dirigencia del PRI estatal.
Su postura como integrante del cuerpo parlamentario en funciones ha sido sobria y hasta cuidadosa particularmente para tratar los temas relacionados con las tareas legislativas, como corresponde a personalidades que saben dónde están y qué deben hacer.
De sus afanes para alcanzar la dirigencia del Revolucionario Institucional, ante todo tiene derecho, como también tiene derecho a disentir y a defender sus ideas y así lo ha hecho. En el camino de hecho todos sabemos que no le fue bien. Él, lo sabe mejor.
Sin embargo generó controversia, despertó ánimos y colocó al PRI en boca de todos. Apeló a los tribunales, dio batalla política y finalmente perdió la partida cuya solución como también todos sabemos “está en el aire”.
Hoy, Aquiles Espinosa cometió un pecado que pretende destrozarlo y hacerlo añicos.
Que, desde la tribuna soberana del estado, pidió que el señor Presidente de la Capital Seth Yassir Vázquez Hernández acuda al Congreso en el marco de una respetuosa invitación para que detalle ante los señores diputados sus estrategias de prevención ante fenómenos naturales, palabras más, palabras menos.
Expresión que abrió enconado debate en donde la mayoría de diputados exhibió inaudita ligereza y sin mediar un ápice de reflexión se le fueron encima como si hacer ese respetuoso planteamiento, haría cumplir las profecías mayas.
Aquiles, recibió el apoyo de los menos, otros se abstuvieron y la mayoría como ya dijimos, querían desaparecerlo de la tribuna que lo abordó dos veces. Pero el linchamiento resultó incontenible.
Una vez que ha vuelto la serenidad, aparentemente. No casi seguro; es seguro que varios de los que increparon a Espinosa García estén rumiando el hueso del sentimiento de culpa porque lo que hizo el “sedicente diputado”, no es nada del otro mundo.
Al contrario era un buen momento para que el Alcalde de la ciudad se luciera y expusiera su plan de trabajo ante eventuales contingencias derivadas de los pronósticos que sobre el ciclo de lluvias se tienen. Pero no, fue más fácil enfatizar desacuerdos que, ni al caso.
En las retóricas precipitadas uno de los representantes populares (Víctor Ortíz del Carpio) que no es Aquiles Espinosa García, aludió el nombre del titular de la pasada administración que todos sabemos dónde está, por aquello de las prevenciones climatológicas. Nada significativo.
De tal modo que no sería remoto que surgiera una petición a nivel de Mesa Directiva del Congreso para clarificar ante el control de y para los medios, cuál es la verdad del caso. Porque tal parece aquí, concurre un efecto grave de injusticia.
Realmente no hay razón para sobresaltos.¡Caray!
