Aldea Global /Víctor Fabián Rumaya Farrera /“A la altura del reto histórico”

“No hay Hechos, sólo Interpretaciones”
Nietzche.

Con esta frase, el filósofo nos está diciendo que un evento puede ser interpretado de múltiples maneras, pero es el poder el que impone que ese hecho se convierta en verdad colectiva, por lo cual, el mensaje y las acciones políticas deben ser claras y contundentes.

Las instituciones se construyen en la historia como resultado de la interacción a menudo conflictiva, entre el Estado y la sociedad. Todas las formas de gobierno requieren instituciones las cuales se convierten en instrumento de comunicación entre los intereses del Estado y la sociedad. Un régimen con instituciones adecuadas y eficientes genera confianza entre la sociedad y concita a la participación decidida de sus integrantes; en sentido contrario, un régimen con instituciones deficientes entorpece la cooperación social; deslegitima la decisión del gobernante, y, en el mediano plazo, provoca rechazo e ingobernabilidad. La legitimidad del gobernante que se adquiere en las urnas solo se consolida en la confianza que el ciudadano otorga a la ejecución de las acciones de gobierno, de lo contrario se desvanece en el aire del tiempo.
Como usted sabe, señor Presidente, la consolidación democrática de una sociedad es un proceso histórico que implica la construcción de instituciones robustas y sanas; la consolidación de sistemas jurídicos justos y la noción del sujeto activo ciudadano que participa y forma parte en la ejecución institucional. Es decir, el Estado solo es fuerte si sus instituciones lo son, si respetan el pacto social y si goza de la confianza y legitimidad de sus acciones. Es cierto que cada presidente tiene y ha tenido su propio estilo de gobernar, pero todos deben respetar el compromiso de velar por la nación entera. Estos momentos precisan de un presidente con estatura histórica, que pueda dejar atrás las confrontaciones y el rol de candidato de oposición y convertirse en el verdadero líder que el país necesita. Requiere de él, hacer eficiente cada institución para que respondan a los desafíos que la realidad le imponen. El contexto que nos toca vivir requiere del máximo compromiso y precisa de honestidad, ética y coherencia, de todos. Es el momento de ver la verdad, asumir con seriedad la responsabilidad y evitar aceptar dislates, lisonjas y arreboles como forma de integración a su equipo de trabajo, es mejor aceptar la verdad de los científicos, de los expertos, escuchar a los críticos y establecer puentes de entendimiento.

Es necesario entender que un gobierno de izquierda no tiene como misión destruir la mitad del país para gobernar en la otra mitad y terminar destruyendo a las dos partes; es momento de dejar atrás el culto a la personalidad y los “contagios morales” que se convierten en burla ante la crisis más profunda que se ha vivido en la época moderna. No es momento de caer en la tentación del oportunismo ideológico o histórico que justifiquen decisiones contrarias al avance en los derechos humanos, el progreso social, o las libertades políticas. No es oportuno caer en la tentación de aprovechar “como anillo al dedo” esta situación para beneficios sectarios. No es apropiado, ni legal, ni adecuado, ni pertinente, ni viable.
Por eso esperamos verdaderas señales al estilo de un demócrata que lucha por un país de legalidad al estilo Madero, de un servidor de la Patria como el memorable Morelos, de un demócrata liberal a la vera de Juárez, de un creador de instituciones como Cárdenas. En estos momentos tan aciagos, es necesario que su verdadera naturaleza se ponga al servicio de nuestro amado México, sin discordias o provocaciones, sin falsedades o segundos discursos; sin escuchar y dejarse guiar por posturas facciosas o justificaciones oscurantistas.
Señor Presidente, Andrés Manuel López Obrador. Si su deseo es pasar a la historia como un buen estadista, es el momento de serlo, pensar en todos, en el beneficio colectivo, en el interés supremo de la patria. Es el momento de estar a la altura de las esperanzas que despertó su lucha de tantos años. Ahora que puede tomar decisiones es necesario pensar en el empleo y también en la producción, en el trabajador y también en el empresario, en el trabajador público y también en el trabajador privado, en los ricos y en los desposeídos, en los hombres y en las mujeres; en las ciudades y en las comunidades; en el indígena y el mestizo; es momento de empeñarse en mantener unida nuestra patria; no provocar divisiones, separaciones o separatismos.
Atravesamos diversas crisis. Los ciudadanos debemos asumir nuestra responsabilidad en lo que corresponde, pero se deben respetar nuestros derechos; el derecho a la salud, el derecho a la información veraz; asumiendo que el papel preponderante en los mecanismos de prevención, comunicación, atención médica y estrategias de sanidad le corresponden al Estado. Buscar los mecanismos para salir adelante en la crisis económica es tarea de todos, pero quien establece las políticas de articulación, estímulo y compensaciones a los sectores; determina las políticas económicas; y, establece las estrategias de contención para promover el desarrollo, es el Estado mismo, con sus instituciones. Estar juntos, precisa que el Estado quiera que lo estemos. Porque todos somos México, porque juntos hacemos patria.
Este es el reto, esta es la estatura que se requiere.

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