Estridentes, engolados y engallados
José Carreño Carlón
Degradan temas: crisis y derechos humanos
Rutina informativa y debilidad del debate
Un pronóstico de dudoso rigor profesional sobre la crisis fue seleccionado y favorablemente enmarcado y jerarquizado por los medios, por sus altos valores noticiosos y consideraciones extranoticiosas. Fue así como la estridencia del discurso de Carlos Slim en el Senado —con los sombríos escenarios que pronosticó en desempleo masivo y cierre indiscriminado de empresas— ocupó lunes y martes los primeros lugares de la agenda del debate nacional.
El valor noticioso de un mensaje de adversidad siempre será más atractivo que uno de normalidad, ya se sabe. Y el giro de conflicto que se le atribuyó al mensaje del magnate: de desafío del mayor poder fáctico del país contra la cabeza del poder político nacional, reforzó el valor del producto informativo del desplante de Slim.
Adicionalmente, la aureola bien construida de empresario exitoso le agregó a la fuente de este mensaje, automáticamente, un marco de supuesta autoridad intelectual para el análisis de complejos fenómenos económicos comparados.
El resto lo hicieron el aplomo de este eficaz emisor y el escenario reverencial que le dispensaron buena parte de legisladores y comunicadores. No en balde se trataba del mensaje de un donante frecuente a campañas, partidos y personajes públicos. Y, por supuesto, de un hombre de negocios que desde hace dos décadas tomó el lugar del gobierno como primer transferidor de recursos a los medios por la vía de inversión publicitaria, a la que ha agregado después inversiones de orden accionario en empresas de comunicación.
Gobierno reactivo
El impacto del mensaje de Slim fue de tal magnitud que llevó al gobierno y a su partido a reaccionar con una batería de mensajes que terminaron por recuperar la agenda del debate, al menos hasta el mediodía de ayer, en que el empresario mandó decir que en el Senado sólo se había referido al escenario de crisis de Estados Unidos.
Sobresalió en estas jornadas la agilidad y la capacidad de articulación del secretario del Trabajo, Javier Lozano. Pero con todo, el gobierno dejó ver una vez más su falta de estrategia para el manejo de la crisis. Hubo capacidad reactiva ante el así percibido desafío de Slim, pero no hubo recuperación de la iniciativa de comunicación ante la crisis una vez que el huracán del mensaje del magnate barrió del mapa mediático el mensaje presidencial que el lunes anunciaba nuevas medidas de apoyo a desempleados.
En resumen, el gobierno y sus seguidores en los medios plantaron en la agenda los móviles de la irrupción de Slim: presionar por autorizaciones para expandir su imperio económico a los medios, comprar baratas las empresas a las que les pronosticó la quiebra y cerrar las fronteras a la competencia internacional a sus negocios. Pero Slim aprovechó la capacidad de los medios para reproducir preocupaciones sociales con su pronóstico de quiebras y despidos masivos, si no le hacen caso a sus propuestas.
Lo único que no ha aparecido en estas rutinas informativas y de degradación del debate es un proyecto compartido por las élites del Estado y de los negocios para enfrentar la crisis. Mucho menos una estrategia de comunicación con mensajes y voceros capaces de esclarecer las mentes, en lugar de seguir recalentando los ánimos.
Derechos y enconos
A confirmar a su vez la especie de que se propone recalentar los ánimos con su propio móvil de saltar de la Corte a presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, parece dirigido el sesgo que le impuso ayer el ministro Genaro Góngora al debate del pleno sobre los violentos choques registrados en San Salvador Atenco en mayo de 2006 entre el aguerrido movimiento popular de esa zona y la fuerza pública.
Un ministro engolado y un movimiento engallado podrían echar abajo los méritos del proyecto del ministro José de Jesús Gudiño Pelayo tendientes a contener el ejercicio de la fuerza pública en los límites del respeto a los derechos humanos. Todo lo demás apunta a alimentar los enconos y llama a los conflictos de poder.
