Agenda del debate

La crisis de México en cuatro pistas

José Carreño Carlón

Del acuerdo de Calderón al foro de Beltrones

Desde Davos: ¿Zedillo se une a Ortiz vs. Carstens?

Los debates mexicanos sobre los efectos de la crisis financiera global se expresan en forma de guerras mediáticas y a través de una sucesión de certámenes de egos y ambiciones personales.

Frente al terremoto económico en curso, no asistimos a una competencia democrática por hacer prevalecer en la agenda del debate los mejores datos y propuestas o iniciativas eficaces para vencer la crisis o al menos paliar sus peores efectos.
La agenda de esta semana nos ha venido a confirmar la existencia de varios campos de batalla en los que se decide quién controla en los medios la gestión de la crisis y quién la explota con mayores rendimientos para sus propios intereses. Y, además, qué egos de funcionarios, políticos o expertos libran mejor la coyuntura y qué efectos tendrá este resultado en la tramitación de las ambiciones de ganadores o perdedores.

En una primera pista, el presidente Felipe Calderón y su gabinete pretendieron monopolizar la conducción del curso de la crisis en México con su precario Acuerdo Nacional en favor de la Economía Familiar y el Empleo, desafiado ahora por el senador priísta Manlio Fabio Beltrones —y su poderoso liderazgo en las cámaras del Congreso— con su foro “México ante la crisis. ¿Qué hacer para crecer?”.

Así, desde la oposición partidista y parlamentaria, se hizo escarnio de las insuficiencias del acuerdo del Ejecutivo, y desde el Ejecutivo se intentó en un principio impedir o al menos reducir al mínimo el foro del Legislativo, que ayer se adueñó de la agenda pública.

Egos y ambiciones

En una segunda pista, el eficaz activismo mediático de Guillermo Ortiz, el gobernador del Banco de México, ha colocado su estatus y los informes de la banca central en el marco de una estrategia para pulir su ego y su imagen de experto dispuesto a la salvación del país. Ello, al servicio de sus ambiciones de perpetuación en Banxico o incluso de sus sueños de acceder a misiones más altas, si su vocación de poder y su tenacidad mediática se abren paso entre las ambiciones de la competencia.

En una tercera pista, el presidente Calderón inició ayer sus actividades en el Foro Económico de Davos con un encuentro con el ex presidente Ernesto Zedillo, quien reivindicó allá el rescate bancario de su gobierno, a cargo precisamente de Guillermo Ortiz, entonces secretario de Hacienda. Lo que hay que recordar es que Ortiz llegó poco después a la cabeza de Banxico y se mantuvo allí gracias a la información confidencial que el mismo Ortiz esgrimió ante Zedillo sobre los aspectos más comprometedores de su rescate bancario, ante lo cual el propio Zedillo incumplió su compromiso de remover al ya gobernador del banco central, hecho ante el entonces líder parlamentario y hoy presidente Felipe Calderón.

El gran ausente

En esta pista, Zedillo se estaría uniendo a su antiguo operador Ortiz y a su causa de desplazar al presidente Calderón y a su secretario de Hacienda, Agustín Carstens, del liderazgo mexicano en la conducción de la crisis. Y si la década pasada Calderón, como líder de su bancada en la Cámara, no logró quitar a Ortiz pese al compromiso del entonces presidente Zedillo, ahora, como presidente, Calderón podría verse obligado —bajo la influencia de Zedillo— a perpetuar en el cargo al gobernador de Banxico, en detrimento de un supuesto y muy publicitado compromiso del presidente de llevar a ese cargo a Carstens.

En una cuarta pista, desde la oposición extraparlamentaria, Andrés Manuel López Obrador refrendó el fin de semana su proyecto de conducir a su manera el curso de la crisis, con su apuesta a que los efectos del deterioro económico y social le permitan embarnecer su movimiento y esta vez sí desbordar las instituciones.

Pero el gran ausente en este circo de cuatro pistas de egos y ambiciones sigue siendo un proyecto sólido de resistencia ante los riesgos de la crisis y de compromisos exigibles para el aprovechamiento de sus oportunidades.

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