Agenda del debate

Encuestas ambiguas, mensajes elusivos

José Carreño Carlón

Desconexión presidencial con expectativas y creencias
Un tercio de sexenio ido y sin claves para este cuatrienio

El Presidente no relanzó su gobierno para cruzar las turbulencias del cuatrienio que tiene enfrente. En su lugar, el lunes 1 de diciembre celebró el segundo año de su sexenio con una batería de encuestas ambiguamente favorables y una serie de entrevistas en radio y televisión en las que mostró buena forma conversacional y pocos mensajes relevantes.

La ambigüedad de los resultados de las encuestas radica en que al lado de una calificación favorable al gobernante, se registran crecientes malestares, temores y frustraciones de la población ante los dos grandes retos irresueltos: la inseguridad pública que nos agobia y el deterioro económico que nos alcanza.
Y aunque en buena forma, buena parte del fondo de los mensajes de Felipe Calderón se desvaneció en la intrascendencia. Sí, los mensajes presidenciales de las entrevistas en los medios electrónicos del lunes apenas alcanzaron a ocupar el martes la “cabeza” principal en uno de los nueve medios impresos de la capital de la República. Y fueron escasos los contenidos de esos mensajes que ocuparon los temas de la conversación y el debate públicos el resto de la semana.

El primer problema a analizar en este resultado está en la desconexión de los mensajes con las expectativas de la audiencia.

Ese lunes se hacía oficial en Estados Unidos la recesión económica y se derrumbaban los mercados de todo el mundo, mientras la encuesta de expectativas del Banco de México recrudecía aún más los indicadores de estancamiento, desempleo e inflación en nuestro país.

Juego de elusiones

Pero ese mismo lunes el Presidente ocupaba los principales espacios de los informativos nacionales con entrevistas estelares que eludían o marginaban la magnitud del deterioro económico: el tema que ha pasado al centro de las preocupaciones de los mexicanos y de su agenda del debate público.

El segundo problema se vio en la desconexión de los mensajes presidenciales con las creencias y percepciones de las personas.

Esta otra desconexión fue evidente al tratar el otro gran tema central de las preocupaciones de la agenda mexicana: el de la inseguridad. Y el mismo lunes 1 de diciembre se afianzaba la creencia extendida de que el crimen está fuera de control, con la publicación del saldo mensual de centenares de ejecutados por las bandas, los nuevos datos de infiltración de las mafias en el gobierno y las revelaciones de extorsión por la vía de venta de protección a los negocios del DF.

Pero ese mismo día el Presidente presumía insistentemente en sus entrevistas de la bondad del equipo de seguridad de su gobierno.

No es que el líder se deba allanar a creencias sin comprobación sólo porque estén respaldadas por un consenso. Lo que pasa es que, si el propósito es contrarrestar creencias infundadas de amplio consenso, es preciso ponerse en la piel de los creyentes.

Sin discurso rector

En este sentido hay que anotarle al Presidente un acierto en sus entrevistas del lunes: el de haber admitido y justificado su creencia inicial en la hipótesis de un atentado en la caída del avión en que murió Juan Camilo Mouriño. Con ello Calderón se puso, en efecto, en la piel de los creyentes en esa especie: conectó con una creencia de amplio consenso, como punto de partida para modificarla. Y así, ofreció el testimonio de un creyente ubicado en el púlpito presidencial, que mostraba cómo fue modificando su creencia inicial en la medida en que recibía información más convincente que el credo de partida.

Con algún otro golpe de atención sectorial, como el recado al PRI de que el Presidente no hará campaña para disputarle al tricolor la ventaja en 2009, el mayor problema de las entrevistas de aniversario se ubicó en la ausencia de un discurso rector.

Y la decisión de valorar dos años anteriores de gobierno no respondió a las expectativas, porque el ánimo de la gente no está para valorar logros intangibles de un tercio del sexenio ido, sino para buscar las claves para enfrentar los retos apabullantes del cuatrienio que irrumpe.

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