Agenda del debate

Mensajes ganadores… de perdedores

José Carreño Carlón

FCH: mayor consenso por una reforma con menor sustancia
AMLO: más reflectores a cambio de menos fuerza electoral

El presidente Felipe Calderón y el bloque mayoritario de legisladores celebran los logros de la reforma petrolera con cuentas alegres sobre sus improbables efectos en la industria, pero también con triunfos políticos reales.

Sólo que estos logros políticos pertenecen a juegos diferentes al que se anunció con la iniciativa de hace seis meses. Es como si un boxeador, tras ser enviado a la lona, exaltara sus valores como danzante, por su ritmo y elegancia sobre el cuadrilátero.
Y no es que haya que subestimar el estilo pugilístico, como tampoco procede despreciar el valor político de un voto compartido por legisladores de todos los partidos: un amplio consenso alcanzado en el Congreso pese a la tribuna tomada por las huestes de un fajador que apostó y apuesta por la polarización y la ruptura. Pero el hecho es que, a un mayor consenso en materia petrolera, correspondió mucha menor sustancia en el objetivo de alcanzar una reforma capaz de asegurar los recursos necesarios para enfrentar los graves problemas planteados en los diagnósticos del propio gobierno y de los expertos internacionales.

En otras palabras, todo indica que con esta reforma no se podrá enfrentar la caída de las reservas y de la producción petrolera —con su efecto inmediato de una mayor caída de los ingresos fiscales, iniciada ya por el descenso del precio del crudo— ni se obtendrán nuevas fuentes de inversión destinadas a rehabilitar el desvencijado sistema de distribución de energéticos y a reducir en corto tiempo nuestras ruinosas importaciones de gasolinas.

El triunfo de AMLO

A su vez, al costo de un mayor aislamiento en su partido y de mayores pérdidas en expectativas electorales para el bloque de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador tiene su propio discurso ganador. No sólo se puede jactar con razón de haber esterilizado la reforma como parte de su causa personal de hacer fracasar al gobierno de Calderón, sino que también logró un trato “presidencial” en el Congreso, con varias horas de reflectores mediáticos —su obsesión y su adicción incontrolables— y con una prédica inverosímil pero suficiente para darle permanencia a sus movilizaciones con su “hallazgo” de que aquella misma reforma esterilizada ya de sus mejores efectos puede utilizarse en cambio para repartir “bloques de soberanía”.

Y qué mayor triunfo de AMLO que la primera reacción internacional adversa a la reforma por su incapacidad de atraer inversiones para actualizar, modernizar y expandir nuestra atrasada y estancada industria: los importantes abastecedores holandeses de la industria del petróleo y el gas diagnosticaron el martes mismo que la reforma que hizo suya el Presidente no se aplica a las empresas mundiales “ni es suficiente para atraer el capital y la tecnología que México necesita en el sector energético”. Misión cumplida.

Pero si aún con este diagnóstico hubiera alguna empresa que se propusiera acercarse convencida por el mensaje presidencial de que con la reforma se “tendrá un esquema de contratación más flexible y más eficiente, como lo tienen las principales empresas petroleras del mundo”, para “ampliar la capacidad de operación y realizar las grandes obras que Pemex requiere”, no habrá problema.

¿Algo “histórico”?

Allí estará para impedirlo el movimiento permanente de AMLO. Y para eso contará con un brazo parlamentario capaz de ahuyentar el capital y la tecnología globales gracias a la injerencia de los legisladores en Pemex, prevista en la reforma a través de la Comisión Nacional de Hidrocarburos y del Consejo Nacional de Energía.

“Un logro que bien puede calificarse de histórico”, dijo el Presidente de la reforma en su mensaje ganador. Pero lo histórico podría radicar más bien en un proceso parlamentario iniciado por el gobierno, que culmina en un consenso legislativo no al servicio del gobierno, sino de quien lo desconoce, quien además rechaza lo logrado para mantener la movilización permanente contra todo intento del gobierno… de gobernar.

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