Acoso textual

Paco Andrade

SEPTIEMBRE

A partir de hoy, nuestros ridículos sentimientos rancheros, estarán al borde del drama, a flor de piel, a punto de la lágrima.

Literaria y filosóficamente el nacionalismo en el mundo, es la doctrina que atribuye entidad propia y diferenciada a un territorio y a sus ciudadanos y que propugna como valores el bienestar, la preservación de los rasgos identitarios, la independencia, la gloria y lealtad a la considerada como nación propia. Cobró relevancia a finales del siglo XVIII y alcanzó su apogeo en el siglo XX.

Pensadores, políticos e intelectuales tienen su propia percepción del caso: Albert Einstein creía que “El nacionalismo es una enfermedad infantil. Es el sarampión de la humanidad.” O Karl Marx, sentía que “El nacionalismo es un invento de la burguesía para dividir al proletariado” (como era de esperarse).

Y finalmente, este es genial: “El nacionalismo… se parece al alcohol barato. Primero te emborracha, después te ciega y después te mata”. Daniel Fried, diplomático estadounidense, secretario Adjunto de Asuntos Europeos y Eurasiáticos, el dieciocho de enero de 2007, comentando la situación en los Balcanes, con ocasión de las elecciones de ese año en Serbia.

La palabra estrictamente dicha, podría decirse que Nacionalismo: Es una ideología, un movimiento social y político que surgió junto con el concepto de nación propio de la Edad Contemporánea en las circunstancias históricas de la Era de las Revoluciones (Revolución industrial, Revolución burguesa, Revolución liberal) desde finales del siglo XVIII. También puede designar al sentimiento nacionalista y a la época del nacionalismo.

Como ideología, el nacionalismo pone a una determinada nación como el único referente identitario, dentro de una comunidad política; y parte de dos principios básicos con respecto a la relación entre la nación y el estado: El principio de la soberanía nacional: Que mantendría que la nación es la única base legítima para el estado. El principio de nacionalidad: Que mantendría que cada nación debe formar su propio Estado, y que las fronteras del Estado deberían coincidir con las de la nación.

El término nacionalismo se aplica tanto a las doctrinas políticas como a los movimientos nacionalistas: Las acciones colectivas de movimientos sociales y políticos tendentes a lograr las reclamaciones nacionalistas. En ocasiones también se llama nacionalismo al sentimiento de pertenencia a la nación propia, algo en principio identificable con el patriotismo, pero distinto si va más allá del mero sentimiento e incorpora contenido doctrinal o acción política en un sentido concreto.

Del concepto, podría explicarse: El nacionalismo se robusteció a raíz de las revoluciones liberales burguesas. En lugar de los vínculos personales en que sustentaba la lealtad al señor feudal o la sumisión al monarca absoluto, se abrió camino un nuevo tipo de relación: La del ciudadano libre dentro del marco del Estado-nación, formado por una unidad compuesta de elementos comunes como la lengua, la cultura y la historia. Los límites del territorio albergaban un Estado constituido por una colectividad claramente diferenciada de otras.

Napoleón alentó los nacionalismos: En Italia criticó la presencia de los austríacos y ayudó a crear un reino nacionalista en Nápoles dirigido por Murat, un general suyo. Pero al mismo tiempo, el imperialismo agresivo que llevó a cabo estimuló los movimientos nacionalistas en su contra, como en el caso ruso, español o alemán (éste último abanderado por Prusia).

El paradigma del nacionalismo europeo lo constituyeron las unificaciones de Italia y Alemania, ambas con un marcado carácter centralista frente a los movimientos independentistas que se desarrollaron en los dominios austríacos y turcos.

En México, se documenta que nació en el siglo XIX. Pero sus orígenes están siendo cuestionados por los especialistas en el tema.

El nacionalismo mexicano es una larga y sinuosa búsqueda de identidad nacional. Una búsqueda por distintos senderos, pero una búsqueda al fin: Al emanciparse de España, México obtuvo un Estado pero no encontró por ningún lado una nación, porque la idea de la mexicanidad sólo habitaba en la mente de quienes pertenecían a las élites.

El mexicano promedio poco o nada sabía de la existencia de las etnias distintas de la suya, no podía comunicarse con ellas porque hablaban distintas lenguas y no entendía su cultura: En 1847, en plena invasión norteamericana, los mayas se levantaban en armas contra los terratenientes y los gobernantes blancos de Yucatán, a quienes consideraban tan invasores como los estadounidenses. El primer intento de forjar una identidad común fue el llamado “patriotismo criollo”.

En el siglo XVIII, en Europa, científicos como Buffon, De Paw y Robertson publicaron obras que denigraban al continente americano y a sus habitantes, alegando que tanto la flora y la fauna como la población eran inferiores a los europeos.

En respuesta, pensadores criollos novohispanos escribieron voluminosos tratados refutando esa tesis y defendiendo a América y, en particular, a la Nueva España. Pero al hacerlo se dieron cuenta de que tenían que exaltar a aquello cuya paternidad no podía ser reclamada por Europa, como la geografía y la biodiversidad autóctona y las civilizaciones indígenas.

De ese modo, el criollaje se enorgulleció del pasado prehispánico y lo reclamó como suyo: establecía un vínculo con el indio muerto al margen del indio vivo (admiraba a las civilizaciones autóctonas pero despreciaba a los descendientes de ellas que servían en las casas de la aristocracia o vivían en la marginación).

En la vinculación entre criollos e indígenas, el símbolo unificador de la Virgen de Guadalupe jugó un papel fundamental. En ese contexto surgió la segunda corriente nacionalista mexicana. Cada vez más intelectuales y gobernantes atribuían a la diversidad racial y cultural mexicana la inestabilidad que se manifestaba en cuartelazos y asonadas que cambiaban gobiernos e incluso regímenes con demasiada frecuencia.

Ya desde los inicios de la Colonia habían surgido pronunciamientos a favor del mestizaje como la solución de los problemas de la Nueva España, pero cuando en la primera mitad del siglo XIX se reinició la Guerra del Yaqui y estalló la de Castas, el diagnóstico de la heterogeneidad étnica como fuente de las turbulencias sociales y guerras civiles se confirmó.

Pensadores de corrientes intelectuales muy diversas arribaron a la misma conclusión: No habría paz ni estabilidad ni progreso en México mientras no acabaran de mezclarse los indios y los criollos y todos los mexicanos fueran mestizos. Hacia el final del siglo XX la gran mayoría de los mexicanos nos percibíamos a nosotros mismos como mestizos.

Pero entonces llegó el multiculturalismo, echó a empellones al mestizaje del altar de la mexicanidad y el nacionalismo mexicano quedó en suspenso. En esas estamos hoy.

Se supone que ya sabemos quiénes somos y que el hecho de que nos reconozcamos pluriétnicos y pluriculturales no merma nuestra identidad colectiva, al menos en teoría.

No crean que este acosador de textos se volvió loco o anda presumiendo de lo que no es, simplemente quise compartir con usted lector mi visión del Nacionalismo y un trabajo de investigación (sintetizado) que presenté en la carrera de Ciencias Políticas. Saludos.

Contacto: pakoandrade@gmail.com

¡Comparte la nota!