Por Alejandro Pastrana Valls
El domingo 9 de septiembre del presente, Andrés Manuel López Obrador después de 23 años de militancia en el Partido de la Revolución Democrática (PRD) – el cual lo postulará dos veces como candidato presidencial para las últimas elecciones -decidió separarse de los partidos que conforman el Movimiento Progresista- (Partido de la Revolución Democrática, PRD; Partido del Trabajo, PT y Movimiento Ciudadano). El candidato a la presidencia de la República por dicha coalición planteó que el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) podría integrarse como una organización y; por tanto, una opción política real.
En este sentido, Porfirio Muñoz Ledo señaló que si la transformación de Morena en un partido político se maneja bien (aunque dejó a un lado la definición y conceptualización de lo que subyace en la palabra “bien”) ningún instituto político perderá nada. Alberto Anaya apuntó que las izquierdas podrían empezar a ver la posibilidad de la formación de un partido único. Por su parte, Jesús Zambrano, presidente del PRD, comentó que no habrá crisis en el partido y que irán trabajando para rejuvenecerlo.
Para el día lunes 10 de septiembre los medios masivos de comunicación; principalmente, Milenio, La Jornada y la Crónica recalcaban que Andrés Manuel López Obrador se separaba del PRD, PT y MC y anunciaban que Morena se convertiría en partido político.
En esta atomización de las izquierdas, ¿quién gana? ¿quién suma o cuál partido tendrá mayores posibilidades en las siguientes contiendas electorales? Para responder tantas interrogantes es necesario valorar cuánto simboliza AMLO para el PRD y cuál es la representatividad electoral de esta opción política en los últimos años.
El repunte político del PRD en la esfera nacional se ha dado en las dos últimas elecciones presidenciales, en éstas el actor clave fue Andrés Manuel; por lo tanto, es muy difícil separar el efecto de éste sobre la representatividad relativa del partido político. En las elecciones AMLO y el PRD obtuvieron 14.75 millones de votos (35.31%) en 2006 (según datos divulgados por el Instituto Federal Electora, IFE) y aproximadamente 15.89 millones de sufragios (31.59%) en 2012 (cifras publicadas por el Universal). Es importante contrastar y recordar que Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano en sus dos últimas participaciones obtuvo 16.59 % en 1994 y 16.64 % en 2000 del total de sufragios, haciendo mucho más rentable, electoralmente hablando, la intervención de López Obrador.
Sin embargo, una forma simple de separar el efecto que AMLO ha tenido en el PRD en los últimos años es hacer una estimación del valor de este partido en las competiciones locales durante el periodo 2001 al 2006. En estos años la votación por esta opción política fue de 18.2, 22.2, 19.3, 14.7, 28.5 y 28.2 por ciento para los años 2001, 2002, 2003, 2004, 2005 y 2006, respectivamente. El promedio de voto en estos años es de 21.8%; por lo tanto, se puede inferir que el PRD llega a representar aproximadamente un 20-25% del electorado. En este sentido, Andrés Manuel constituye del 10 al 15 % de las simpatías entre el electorado; por lo que, Morena – el partido en formación- fácilmente se constituirá como una opción real en la política y en el sistema de partidos en el país.
El PRD sin su líder políticamente más popular y rentable y la formación de un nuevo partido con raíces de izquierda deben posicionarse como opciones nuevas y frescas para generar mayores simpatías en la sociedad. Esta búsqueda lo podrán alcanzar sí y solo sí se posicionan (en el espectro ideológico izquierda-derecha) como una opción de centro-izquierda, vinculada realmente a una socialdemocracia y a lo que han hecho, en gran medida, en el Distrito Federal.
El nicho más importante y quienes deben guiar esta transformación son los jóvenes y el relevo generacional que encabezan.
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