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A pesar de tener la industria editorial más grande en América Latina, en México se leen 2.9 libros por año, aunque existe un mayor número de personas que saben leer y escribir, la situación en el país es lamentable, pues se lee poco, sostuvo el bibliotecólogo y docente, Alberto Alejandro Cano Coutiño.
A manera de referencia, dijo tenemos que en Argentina el índice de lectura es de 3.5, en España 7.7 y Alemania 12 libros por año y el componente mayor de lo que se lee en México son los libros para la escuela el 63.6%, libros de literatura en general el 21.4%, y para el trabajo el 15%”.
Señaló que de acuerdo a los últimos resultados de la encuesta hecha por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), se refleja que el 57 por ciento de los mexicanos nunca ha ido a una librería, y en el último año, sólo 21 por ciento compró un libro por gusto.
Respecto a las razones de por qué los mexicanos no adquieren libros, el 16 por ciento indicó que por motivos económicos, pero la respuesta más mencionada, prácticamente una de cada cuatro, fue porque no le gusta leer.
Así también, la televisión como la computadora, están provocando que los pequeños pierdan destreza intelectual y capacidad para razonar, en el momento en que una persona accede a la televisión y no lee un libro, está perdida.
La falta de lectura es una de las principales causas para que el rezago educativo prevalezca y no disminuyan los indicadores tan desafortunados que nos colocan en desventaja internacional, por lo que debe replantearse una estrategia con modelos más flexibles.
Cano Coutiño, quien también es presidente de la Fundación Chiapaneca para el Fomento de la Lectura y la Educación, A.C., organización civil que promueve la lectura, consideró necesario que una de las misiones y deberes del estado mexicano es reforzar la lectura desde la educación preescolar y primaria, así como el involucramiento de las organizaciones de la sociedad civil, a través de la producción y promoción nacional de la lectura, la perspectiva sería buena, pues el progreso de ésta en el país aumentaría.
Tenemos bibliotecas públicas, pero este problema no compete sólo a autoridades, maestros y bibliotecarios, los padres son el mejor vínculo y continuidad del hábito lector, por lo que es necesario involucrarlos en actividades de lecturas y supervisar los contenidos de lo que leen sus hijos. La educación enriquece el conocimiento y leer nos hace más tolerantes y humanos. ASICh
