Yucatán es el lugar de origen de la especie de algodón Gossypium hirsutum, una de las más sembradas a nivel mundial y a partir de la cual se obtiene alrededor de 90 por ciento del producto utilizado para fabricar ropa y textiles a nivel mundial. Así lo demostró un estudio encabezado por Jonathan Wendel, profesor de ecología, evolución y biología de la Universidad Estatal de Iowa.
La investigación publicada en Proceedings of the national academy of sciences (PNAS), una de las revistas multidisciplinarias más prestigiosas del mundo, detalla que para llegar a esta conclusión, los científicos recolectaron muestras de poblaciones silvestres de algodón en distintos puntos de su distribución natural y compararon su información genética para reconstruir la historia evolutiva de la especie.
El análisis reveló que las poblaciones de algodón silvestre del noroeste de Yucatán conservan una mayor diversidad genética y menos variantes en sus genes potencialmente perjudiciales que las poblaciones del noreste de la península y de la cuenca del Caribe.
Estos resultados, explica Wendel, refuerzan la conclusión de que el noroeste de Yucatán fue la región donde se originó la especie. Algo que ya se había apuntado antes desde la ecología y la arqueología, pero que ahora se sustenta a partir del análisis de su ADN.
Luis Alejandro Abdala Roberts, quien formó parte del equipo de investigación destacó que este trabajo contó con un muestreo muy amplio que incluyó Florida, Las Antillas, y Yucatán. “Esto permitió comparar todas esas poblaciones de algodón y describir su genética. El patrón es muy claro: las poblaciones genéticamente más diversas están en el noroeste de la península”.
Wendel subrayó que ubicar el sitio origen de las poblaciones silvestres ancestrales es muy importante, porque significa localizar un reservorio natural de variación genética que tomó millones de años de evolución. “Esto ayuda a México, por ejemplo, a decidir qué poblaciones son las más importantes para la conservación”, apuntó.
Sobrevivencia ante el cambio climático
Frente al cambio climático que somete a los cultivos algodoneros a condiciones cada vez más cambiantes, el científico subrayó que en las poblaciones silvestres podría estar la información que les permita adaptarse y sobrevivir.
“Cuando domesticamos una especie hacemos una selección: elegimos las semillas más grandes, más fáciles de cosechar o de crecimiento más rápido. Eso forma un cuello de botella, ya que cada vez que se elige una característica concreta, se dejan atrás otras”.
Es posible, considera Wendel, que genes que permiten resistir enfermedades, cultivar la planta en suelos con alta salinidad o adaptarse al cambio climático, no hayan sobrevivido al proceso de domesticación –y por tanto no se encuentren en variedades domesticadas–, pero que continúen en los ejemplares silvestres.
“Este germoplasma puede cruzarse para crear poblaciones con mejoras específicas: tolerancia a las plagas, a la salinidad, al calor y a cualquier otro tipo de estrés”, destacó.
Pero pese a su relevancia, desarrollos inmobiliarios –principalmente turísticos costeros–, amenazan a éstas especies silvestres de algodón.
“La desaparición de recursos genéticos es algo realmente importante”, atajó, y se pronunció por su protección.
Para Wendel, el hallazgo del origen del algodón en Yucatán es un gran avance, pero también abre nuevas interrogantes sobre la ecología de la planta.
Explica que una sola célula de fibra participa entre 40 mil y 50 mil genes y que todavía no se comprende, sólo se coordinan para producirla. “Hay tantas preguntas. A veces parece que la ciencia no responde las interrogantes”, afirmó.
En esa incertidumbre, agrega, radica la relevancia de estudiar la diversidad genética de las poblaciones silvestres:
“Nos falta comprender qué genes determinan la calidad de la fibra y cuáles son las que ayudarían al algodón a enfrentar las condiciones ambientales del futuro”, concluyó.
Con información de LA JORNADA
