TRAS BAMBALINAS /Tuzantán: obras inconclusas, fe en riesgo /César Solís

La remodelación del parque central no solo ha despertado opiniones encontradas, sino que ha desatado una confrontación directa entre la comunidad católica y el ayuntamiento que encabeza la presidenta municipal, Dra. Grissel Vázquez Zambrano.

Los feligreses de la Iglesia San Miguel Arcángel han sido contundentes: no piden privilegios, exigen seguridad. El nuevo anfiteatro bloquea la salida de emergencia del templo y ha debilitado la barda perimetral, convirtiéndose en un riesgo real para quienes diariamente acuden a misa. Esta no es una postura caprichosa, sino una demanda legítima que busca resguardar la vida y el patrimonio espiritual de un pueblo que ha encontrado en su iglesia un espacio de fe y unidad por generaciones.

Pero este conflicto trae a la memoria otro pendiente que pesa como sombra: la remodelación del Palacio Municipal, abandonada desde hace más de nueve años. Una obra iniciada en gobiernos anteriores, con recursos públicos, que quedó en ruinas sin que la Secretaría de Infraestructura (SEINFRA) diera la cara. Y mientras la sede del gobierno local se cae a pedazos, se invierten recursos en un anfiteatro que divide a la comunidad y no atiende prioridades.

Aquí las preguntas son inevitables:
• ¿Por qué SEINFRA, bajo la responsabilidad de Ana Karen Gómez Zuart y su subsecretario de Obras Públicas, Cicerón Argüello Kanter, no ha concluido el Palacio Municipal?
• ¿Dónde está la Secretaría de Protección Civil estatal, encabezada por Mauricio Cordero Rodríguez, que debería garantizar que estas obras no representen riesgos para la población?

Los feligreses lo han dicho con claridad: no se oponen al desarrollo ni a la modernización, pero no aceptarán que se juegue con su seguridad ni con el respeto a un espacio sagrado. “Queremos obras, pero no a costa de la fe ni de la vida de la gente”, repiten con razón.

La Iglesia San Miguel Arcángel no es un simple inmueble: es un símbolo de identidad y cohesión social. Y hoy, la exigencia ciudadana se resume en un reclamo de justicia: terminar lo que está inconcluso y garantizar que ninguna obra nueva ponga en riesgo ni la seguridad ni la fe de un pueblo que ha decidido levantar la voz.

Nos leemos en la próxima.

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