TRAS BAMBALINAS /“Guardia Nacional: ausente donde más se necesita” /César Solís

En Chiapas, la realidad cotidiana en las carreteras federales ha alcanzado niveles alarmantes de caos, impunidad y abandono. Y en medio de todo, la Guardia Nacional, institución que fue concebida como garante de seguridad en estas vías, brilla por su ausencia.

Mientras las estadísticas de accidentes viales se disparan, los ciudadanos enfrentamos una nueva anarquía en las carreteras: mototaxis circulando sin ningún tipo de regulación, sin placas visibles, sin permisos y, peor aún, sin respeto por la ley. Estos vehículos, que no deberían estar operando en vías federales, se han multiplicado de manera descontrolada, convirtiéndose en una amenaza diaria para automovilistas, peatones y los mismos pasajeros que los abordan. La Guardia Nacional simplemente no los ve. O, peor aún, los ve y los deja pasar.

Pero el problema va más allá. Jóvenes, muchos menores de edad, circulan en motocicletas a altas velocidades, sin casco, sin licencia y, en no pocos casos, bajo los efectos del alcohol o de alguna sustancia. Es un milagro que cada jornada no se traduzca en tragedias mayores. ¿Y dónde está la autoridad federal que debería intervenir? ¿Dónde están los operativos de control, las revisiones de rutina, la presencia disuasiva?

La inoperancia de la Guardia Nacional en este tema es tan flagrante como preocupante. Se ha optado por un modelo de vigilancia reactivo, ineficaz, casi decorativo. No hay estrategia, no hay prevención y, sobre todo, no hay voluntad. El ciudadano común se siente solo, expuesto, indefenso.

El argumento de que no hay suficiente personal ya no convence a nadie. La excusa de la “coordinación interinstitucional” se ha vuelto un eufemismo para justificar la omisión. Y mientras los funcionarios se escudan en el discurso, en las carreteras federales de Chiapas reina el desorden, producto directo de una autoridad que ha decidido mirar hacia otro lado.

Es urgente una revisión crítica del papel de la Guardia Nacional en el estado. La ciudadanía no puede seguir pagando con su seguridad y muchas veces con su vida la negligencia de una fuerza que prometió proteger y que hoy, simplemente, no cumple.

La ley debe aplicarse. Las carreteras no pueden ser tierra de nadie. La Guardia Nacional debe asumir su responsabilidad o admitir, de una vez por todas, su fracaso. Porque la omisión también es complicidad. Y en Chiapas, ya no hay más tiempo para discursos: se necesita acción.

Es una pena que el gobierno de la Cuarta Transformación haya decidido acabar con la Policía Federal división caminos, aquella que siempre estaba en las carreteras vigilando, la que controlaba los límites de velocidades y que además siempre llegaba a los percances viales. Es cierto que eran mordelones, pero había respeto y tanto choferes del servicio público como los particulares tenían miedo de notar presencia de estos uniformados.

Hoy la Guardia Nacional que ha empleado a muchos guachos, que no saben manejar y dejan entrever su torpeza frente al volante, bueno por si fuera para menos han protagonizado accidentes y acabado con el escaso parque vehicular; en la actualidad simplemente están encerrados con el aire acondicionado escuchando sus música bélica, observando cómo van de un lado a otro vehículos misteriosos a exceso de velocidad así como los mototaxis especialmente hablando de los municipios fronterizos con Guatemala y los de la zona costa de Chiapas.

REFLECTORES

Sin Yolanda, Maricarmen, está es una expresión utilizada para decirle a una persona que no llore y que aguante la vara. Así le sucede a la ex diputada local que por cierto pasó sin pena ni gloria con el congreso del estado en la pasada legislatura, también ex titular de obras públicas del ayuntamiento de Tapachula y como premio de consolación enviada a la Secretaría de Bienestar, allá donde despachaba a veces un tal Servando.

Esperemos que Yolanda, no vaya hacer lo mismo que quién estuvo en ese cargo de chipo. Yoli es muy conocida en Tapachula por su arrogancia, soberbia y crisis existencial, trata muy mal a sus empleados y ojalá no se vaya a conflictuar con la gente que si trabaja en ese lugar. Por cierto, Yoli, no sabe operar políticamente y jamás lo sabrá hacer, nos queda claro que sus posiciones fueron por su compadrazgo con Rutilio Escandón.

Contacto:checha.informa@gmail.com

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