Terapias para las enfermedades mentales en México /Psic. Carlos Hiram Culebro S.

Las enfermedades mentales representan un reto creciente para la salud pública en México. Trastornos como la depresión mayor, la ansiedad generalizada, los trastornos del estado de ánimo, el consumo problemático de sustancias y la esquizofrenia, afectan a millones de personas en el país y generan un impacto profundo en la calidad de vida, en la productividad así como en las relaciones familiares y sociales. Frente a esta realidad, el sistema de atención en salud mental ha buscado responder con una diversidad de tratamientos, como los que se citan a continuación, lo que ha generado críticas importantes.
∆ Tratamientos farmacológicos. El tratamiento medicamentoso es una de las estrategias más utilizadas para trastornos como la depresión, la ansiedad y la esquizofrenia. Los antidepresivos, los ansiolíticos y los antipsicóticos forman parte del arsenal terapéutico disponible. Su objetivo es modificar la química cerebral para disminuir síntomas incapacitantes como la tristeza profunda, la ansiedad persistente, las alucinaciones o las crisis de pánico.
En contextos de crisis aguda, los medicamentos pueden ser vitales para estabilizar a la persona y prevenir conductas de riesgo. Sin embargo, en algunos casos se recurre a estos fármacos sin un adecuado acompañamiento psicoterapéutico; lo que puede conducir al uso prolongado sin revisión clínica, efectos secundarios no tratados o dependencia en casos de ansiolíticos.
∆ Terapia Psicológica y Psicoterapia. La psicoterapia cognitivo-conductual, humanista, familiar o de apoyo es otro pilar del tratamiento de los trastornos mentales. Este abordaje promueve un espacio seguro para que la persona explore sus pensamientos, emociones y comportamientos y adquiera herramientas para enfrentar situaciones difíciles.
A diferencia de los psicofármacos, la psicoterapia busca generar cambios duraderos en patrones de conducta y en la forma de interpretar la realidad. En México, el acceso a la psicoterapia sigue siendo limitado por razones económicas, geográficas y culturales. Muchas personas no pueden costear sesiones privadas, ni cuentan con servicios psicológicos accesibles en los centros de salud públicos.
∆ Programas Comunitarios y de Apoyo Social. Reconociendo que la atención a la salud mental no se limita al consultorio, diversos programas comunitarios buscan brindar apoyo mediante grupos de autoayuda, talleres psicoeducativos y redes de apoyo entre pares. Estos modelos, inspirados en principios de participación social, han demostrado ser valiosos, especialmente para personas con adicciones, depresión o duelo complicado.
∆ Grupos de apoyo como aquellos que trabajan con familiares de personas con esquizofrenia o con familias afectadas por el consumo de sustancias, facilitan sentirse comprendido, compartir estrategias de afrontamiento y disminuir el aislamiento social, que es un factor de riesgo en muchas enfermedades mentales.
∆ Intervenciones específicas para consumo de sustancias adictivas. El consumo problemático de alcohol y de otras drogas, representa un serio problema de salud mental en México. Algunos tratamientos combinan desintoxicación médica, terapia individual y grupal, así comoP programas de rehabilitación intensiva. La terapia de Alcohólicos Anónimos ha demostrado notoria eficacia.
A pesar de los avances, el sistema de salud mental en México enfrenta críticas importantes que dificultan que los tratamientos sean verdaderamente eficaces y accesibles:
a) escasez de recursos humanos y materiales: Existe una marcada falta de psiquiatras, psicólogos clínicos y terapeutas capacitados, especialmente fuera de las grandes ciudades. Los servicios públicos están saturados y muchas personas terminan en largas listas de espera o no reciben tratamiento adecuado.
b) enfoque biomédico predominante: Aunque las medicinas son herramientas valiosas, a menudo se prioriza el tratamiento farmacológico por sobre enfoques integrales. Esto puede llevar a soluciones superficiales que no atienden las raíces psicosociales del malestar.
c) estigma y discriminación: Muchas personas evitan buscar ayuda por miedo al juicio social, lo que retrasa el diagnóstico temprano y el acceso al tratamiento. Este estigma es particularmente fuerte en comunidades rurales y en poblaciones vulnerables.
d) desigualdad en el acceso: Las diferencias económicas, educativas y geográficas se reflejan en la atención disponible. Quienes cuentan con seguridad social y recursos pueden acceder a tratamientos de mayor calidad. En contraste, la población sin seguridad social depende de servicios públicos limitados.
e) fragmentación del sistema: La falta de coordinación entre diferentes niveles de atención y entre instituciones (salud, educación y servicios sociales), dificulta una respuesta integral y continua para las personas con afecciones mentales.
Cabe mencionar que, en el tratamiento de las enfermedades mentales en México, persisten desafíos estructurales que limitan su alcance y calidad. Una atención verdaderamente efectiva requiere de políticas públicas que reduzcan el estigma, fortalezcan los servicios comunitarios y favorezcan el acceso equitativo para todas las personas. Un enfoque integral, que incluya la perspectiva humana y social, es indispensable para avanzar hacia un sistema de salud mental más justo y eficaz.
(*) Fundador de la Asociación Chiapaneca de profesionales para la Salud Mental, AC

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