Madrid. Fiel a la tradición de cada año, Barcelona se convirtió en una fiesta de letras y rosas, de leyendas que cimbran a una sociedad orgullosa de su terruño, de su historia, y, al mismo de tiempo, de recibir en sus calles a los autores que convierten la palabra en literatura, en pensamiento, en poesía.
Este año, además, estaba para celebrar esta celebración de libros y rosas una escritora como Han Kang, Nobel de Literatura del 2024 y quien se sumergió en las calles de la capital catalana para leer en voz alta, para escuchar con todos los sentidos abiertos el fulgor de una ciudad absorta y rendida ante la literatura y la leyenda del dragón, la princesa y la rosa.
Desde el 2004, cuando el Nobel de Literatura portugués José Saramago protagonizó la firma de libros en Sant Jordi, no había acudido ningún escritor con este galardón a esta celebración. Ahora lo hizo Han Kang, una escritora que hace apología de la “lectura” para construir un mundo mejor, para construir una sociedad más humana y en paz. Pero al ser también una celebración de las grandes editoriales, que concentran una parte de sus ventas y beneficios en este día, junto a Kang había otras grandes firmas, como la británica Ali Smith, el best seller Joel Dicker o la francesa Amélie Nothomb.
Pero la surcoreana tiene lectores fieles y son muchos. De ahí que aunque empezaba a firmar a mediodía en La Central del barrio barcelonés del Raval, desde las siete de la mañana ya había lectores haciendo cola en la calle. La editorial había advertido que solo firmaría 100 ejemplares, aunque a las ocho de la mañana ya había más de 200 personas esperando. Y así estuvo un buen rato, firmando libros, hablando con sus lectores, conociendo sus vidas y escuchando sus impresiones de sus libros.
En este Sant Jordi también se esperaba con interés la presencia de uno de los grandes autores barceloneses de las últimas décadas, Eduardo Mendoza, premio Cervantes y quizá uno de los narradores que mejor ha retratado los derroteros de la capital catalana de las últimas décadas, pero que también tiene un sentido del humor sin límites y que es capaz de reírse de todo, incluida la celebración del Sant Jordi. De la que dijo, para sopor de los defensores a ultranza de la cultura catalana, casi todos nacionalistas irredentos, que “hay que decir el Día del Libro, no Sant Jordi. Voy a empezar a hacer la campaña: fuera Sant Jordi. Era un maltratador de animales y seguramente no sabía leer”.
En cuanto a la venta de libros y rosas, los libreros y las editoriales celebran con alborozo este día. Para muestra los datos de la edición de 2024, en la que se vendieron aproximadamente dos millones de libros en Cataluña durante la semana de Sant Jordi, generando una facturación total de 25 millones 400 mil de euros. Mientras que los floristas también tienen motivos para celebrar.
En 2025 se vendieron alrededor de ocho millones de rosas en toda Cataluña, con lo que Sant Jordi es mucha más que una celebración literaria, se ha convertido en un motor económico que impulsa diversos sectores en la región y en la que se mezclan la cultura, el comercio y la participación ciudadana, ya sea con el libro o con la rosa debajo del brazo. O con ambas.
Con información de LA JORNADA
