Psic. Carlos Hiram Culebro Sosa
La salud mental en México constituye uno de los principales desafíos del sistema sanitario. La Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica de 2003 documentó que los trastornos de ansiedad presentan una prevalencia de vida cercana al 14%, seguidos por los trastornos afectivos y por el uso de sustancias.
Datos recientes del Instituto Nacional de Psiquiatría indican que la ansiedad y la depresión continúan siendo los principales motivos de consulta en los servicios públicos. A ello se suman trastornos psicóticos y problemas relacionados con el consumo de alcohol y otras sustancias adictivas.
En Chiapas, la problemática se agrava por limitaciones estructurales y escasez de especialistas. Diversos informes académicos señalan subregistro y barreras de acceso en zonas rurales e indígenas.
La etiología de estos padecimientos es multifactorial: factores biológicos (predisposición genética y alteraciones neuroquímicas), psicológicos (experiencias traumáticas y estrés crónico) y sociales (pobreza, violencia, desigualdad y migración).
En cuanto a recursos humanos, México dispone de aproximadamente de un psiquiatra por cada 100 mil habitantes y menos de 7 psicólogos por cada 100 mil habitantes en el sector público. La distribución es desigual y se concentra en grandes centros urbanos, lo que deja a estados como Chiapas con cobertura limitada. En la entidad y en otros estados del país, la población monolingüe obstaculiza seriamente brindarles atención a sus problemas de salud, tanto físicos como mentales.
Las actitudes familiares influyen decisivamente en la evolución del enfermo mental. El estigma, la negación y la búsqueda de atención con el chamán o la hechicera pueden retrasar la atención necesaria. En contraste, el acompañamiento informado favorece la adherencia terapéutica y la rehabilitación.
Respecto a la formación universitaria, aunque existen bases teóricas sólidas en psicología, psiquiatría, enfermería y trabajo social, algunos expertos aseguran que persisten brechas en la preparación práctica comunitaria e intercultural; por lo que se requiere fortalecer la capacitación en atención primaria y el trabajo interdisciplinario.
Mejorar la atención implica ampliar los servicios comunitarios, incrementar el presupuesto, descentralizar especialistas y promover campañas de educación para reducir el estigma.
(*) Socio fundador de la Asociación Chiapaneca de profesionales de la salud mental.
