Sabor mexicano en Cannes

Simón Bross

En Cannes, el cine hecho por mexicanos se está volviendo como una marca. La gente sabe que hay una película mexicana y quiere ir a verla. Es muy sorprendente la reacción de los críticos para el cine nacional e increíble la reacción que tuvieron hacia mi película Malos hábitos.
Alfonso Cuarón dice algo muy cierto: los cineastas se han vuelto como braceros de lujo. Por eso, hay que pretender que el cine mexicano sea una marca, no como individualidades, y parece que vamos por buen camino.

Para consolidar los logros recientemente obtenidos, nos toca hacer industria dentro del país y capitalizar en el exterior la imagen que nos han dado los reconocimientos a importantes directores nacionales y sus cintas. Además, se tiene que generar más fuerza laboral y generar más industria para que el talento mexicano ya no tenga que migrar en busca de oportunidades.

Aquí en Cannes, hay un ambiente increíble de unión entre mexicanos; en un mercado americano, el grupo nacional se ve fuerte y así nos fortalecemos más. Me acuerdo de una época en la que unos hablaban mal de otros; eso pulveriza los esfuerzos de todos. Ahora nos estamos apoyando unos con otros. Y aunque el rompimiento de Guillermo Arriaga y Alejandro González Iñárritu pudiera dar a entender lo contrario, sabemos que esto suele pasar a veces y no por eso la unión entre la delegación mexicana disminuye. Los dos son un ejemplo para México y son un orgullo para nuestro país.

En el festival de cine más importante y grande del mundo, a nosotros los mexicanos nos han tratado muy bien, la crítica extranjera se ha portado fantástica. Cuando uno está en la alfombra roja no sabe si pedir autógrafos o comportarse como estrella.

En este paraíso francés, el glamour y la fiesta se han convertido en lo más importante, mucho más que las películas. La gente que viene a trabajar no puede sentarse y disfrutar el cine, aquí siempre se está negociando. Este es un gran mercado de cine y las fiestas son exhaustas. Pareciera que el tiempo deja de correr y que sigues en la misma fiesta.

Por eso, cuando a las ocho de la mañana inicia la primera proyección de cine, muchos de los asistentes, sin quererlo, se quedan dormidos. Esto no es porque la película sea mala. No. Es por las agotadoras fiestas que hacen y que nos hacen no dormir en dos días. Y cuando viene la inevitable pregunta de la prensa: “¿Qué le pareció la película?”, uno se limita a contestar: “Es muy buena”.

Pero lo mejor en Cannes, son las críticas que podemos recibir cuando la función de cine comienza. Uno puede esperar del público rechiflas, gritos de desacuerdo, salidas inesperadas de la gente que asiste a verla, cacaros, de todo. O puede ser todo lo contrario.

Los mexicanos hemos tenido suerte. La gente asiste a ver nuestras películas y no recibimos más que halagos y buena crítica de todas partes. Cuando Cannes cumplió 60 años, tuve la fortuna de que mi película se proyectará ese mismo día. Lo mejor fue que se proyectó en la sala Buñuel. Debo decir que nunca recibí rechiflas y sí buena vibra de la gente. La prensa se me acercaba a contarme casos particulares de familiares con problemas de desordenes alimenticios y uno se conforma con eso, porque te das cuenta de que entonces valió la pena hacer la película.

El séptimo arte mexicano se está consolidando en festivales internacionales como este. Cannes le ha abierto al puerta de una forma maravillosa, amable y honesta a todos los que participamos en este certamen. Películas y cortometrajes que han llegado desde México han recibido gratas sorpresas y buena crítica.

Regresaré a México a producir y coproducir para que el cine nacional que se vio en el Festival de Cannes se vuelva una industria fuerte y poderosa, siguiendo el ejemplo de lo que viví aquí, un país que protege mucho a su cine.

Cineasta

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