¿Restauración en política exterior?

Jorge Chabat

Desde hace algunos me-ses, el ex secretario de Relaciones Exteriores Jorge Castañeda ha venido insistiendo en que la política exterior del gobierno de Calderón es una restauración de la política exterior priísta. El argumento de Castañeda es que Calderón ha comprado el argumento del PRI y del PRD de que hay que volver a la complicidad con los autoritarismos antiguos y emergentes, en obvia referencia a Cuba y Venezuela, con el fin de lograr el apoyo de ambos partidos.
¿Qué tan ciertas son estas apreciaciones? ¿Hasta qué punto podemos hablar de una restauración priísta en la política exterior?

Por principio de cuentas habría que señalar que el grueso del discurso de política exterior de Calderón no es en realidad priísta: habla de una mayor apertura al exterior, y de promover la economía mexicana a través de la política exterior, algo que sólo apareció en los planteamientos del PRI hasta los gobiernos de De la Madrid, Salinas y Zedillo.

No obstante, en lo que sí parece haber un regreso al pasado, y es en lo que Castañeda ha centrado sus críticas, es en la búsqueda romántica e ilusoria de un acercamiento con toda América Latina, en particular con Cuba y Venezuela, países con los que el gobierno de Fox y el propio canciller Castañeda tuvieron serios conflictos. Y en ese sentido, es evidente que el discurso latinoamericanista de Calderón sí implica un regreso a las mejores épocas de la retórica priísta de la unidad latinoamericana.

Sin embargo, deducir de este discurso que, en efecto, México se va a acercar a Latinoamérica y que va a tener una relación estrecha con Cuba y Venezuela es un error. Y paradójicamente en eso la política de Calderón sí es absolutamente priísta: se maneja un discurso de acercamiento con la región, aunque en la realidad no va a pasar nada, como nunca pasó nada en las décadas de retórica latinoamericanista del PRI. Y aquí Calderón parece haber entendido muy bien la psique de priístas y perredistas: lo que importa es lo que se dice, no lo que se hace.

Y lo que molesta al PRI y al PRD no es que México esté alejado de América Latina —lo ha estado toda la vida—, sino que se diga abiertamente. Lo que le molestaba al PRI y al PRD de la política exterior de Fox y Castañeda no era que hubiera colaboración con Estados Unidos —el PRI la tuvo de manera intensa durante la guerra fría—, sino que no se guardaran las apariencias.

Como buena esposa tradicional mexicana, lo que molesta no es la infidelidad, sino que se haga pública. Lo que molesta no es que el marido tenga una amante, sino que la lleve a las reuniones familiares. Baste revisar la política exterior mexicana en los años 60 y 70, cuando se suponía que éramos aliados del régimen revolucionario cubano. Detrás del apoyo retórico a Cuba se escondía una colaboración muy fluida con Estados Unidos, al cual se le informaba de las actividades cubanas en México. Pero eso no importaba porque no se sabía: lo que importaba eran los discursos en la OEA y las condenas públicas al imperialismo de Washington. El priísmo en su más pura esencia: decir una cosa y hacer otra.

Desde luego, la pregunta inevitable es por qué Calderón ha vuelto a jugar el mismo juego que jugaban los priístas. Y la respuesta es muy simple: porque Calderón es un político y ha decidido no dar la batalla de la política exterior ahora para concentrarse en otras batallas, como las reformas estructurales.

¿Eso significa que Calderón es un ingenuo que cree que con eso va a lograr el apoyo priísta y perredista? No. Significa sólo que no quiere añadir un elemento adicional de conflicto a las diferencias ideológicas que ya existen entre él y el PRI y el PRD.

Ello no implica un apoyo real ni a Cuba ni a Venezuela, aunque sí supone reducir las críticas públicas a ambos gobiernos para no irritar a priístas y perredistas, para quienes lo que se dice es lo fundamental. Por eso nombró a Patricia Espinosa como secretaria de Relaciones Exteriores, quien es una diplomática profesional que ha articulado un discurso invulnerable a las críticas del PRI y del PRD.

¿Esto significa que Calderón mantendrá la misma línea de política exterior durante todo su gobierno? La verdad no lo sabemos. Lo que significa es que, por ahora, no quiere hacer olas en el frente de la política exterior pues su atención está concentrada en romper inercias internas.

¿Es eso restauración priísta? Tal vez. Pero también es pragmatismo político. O, como se dice vulgarmente, una sopa del propio chocolate priísta.

jorge.chabat@cide.edu

Analista político e investigador del CIDE

¡Comparte la nota!