La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, tiene todo el respaldo del gobierno de Chiapas, lo que ha demostrado la grandeza de la política real y concreta, levantarse la mano mutuamente entre el mandatario chiapaneco y la jefa del ejecutivo federal, es un respaldo de respeto, trabajo y empeño por la continuidad de México.
Por eso, en esta reciente visita de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo a Palenque no fue solo un acto protocolario de tema de educación; fue la consolidación de una alianza estratégica que define el rumbo del sureste mexicano, donde la Patria nace e inicia, donde dos gobiernos se unen con gallardía.
En este escenario, el respaldo del gobernador Eduardo Ramírez Aguilar no dejó lugar a dudas, Chiapas no solo camina al lado de la Federación, sino que lo hace con la convicción de que el país está en las mejores manos, que es en la de ella, la presidenta.
Para Ramírez Aguilar, la figura de Sheinbaum trasciende la investidura presidencial. El mandatario chiapaneco ha sido enfático al reconocer en ella a una mujer de una capacidad técnica impecable y una inteligencia aguda, virtudes que hoy se ponen al servicio de la nación.
Pero más allá del intelecto, lo que el gobernador subrayó con fuerza es el profundo amor que la Presidenta siente por México, una pasión que resuena con la identidad del pueblo chiapaneco, históricamente entregado a la defensa de su tierra y su cultura; el encuentro en Palenque dejó una lección política fundamental: la defensa de la soberanía nacional ya no se limita a la retórica de los discursos.
Para el Gobierno de la Transformación en Chiapas, la soberanía se defiende con hechos, con infraestructura y, sobre todo, con trabajo diario. El respaldo de Eduardo Ramírez a Sheinbaum es, en esencia, un compromiso de corresponsabilidad.
Es el entendimiento de que la dignidad de un país se construye garantizando que el bienestar llegue a los rincones más olvidados, la sintonía entre ambos líderes es evidente; mientras la Presidenta reafirma su compromiso con los proyectos de beneficio social en la región, el Gobernador asume el reto de ser el principal aliado en la implementación de estas políticas.
En Chiapas se entiende bien que amar al país es trabajar por él sin descanso. Al cerrar filas con Claudia Sheinbaum, Eduardo Ramírez no solo fortalece la figura presidencial, sino que asegura para Chiapas un lugar protagónico en la construcción del segundo piso de la transformación.
En Palenque quedó claro: el futuro se escribe con inteligencia, con amor a la patria y con el trabajo incansable de quienes no temen transformar la realidad, por eso, Chiapas está cambiando con todo y por todo, pese a que hay quienes se oponen, la realidad, es que es mínimo, ínfimo, ante la realidad que hoy se empieza a vivir.
La presidenta, es una de las que más visita Chiapas, no es casualidad, es realidad, es la muestra de que aquí se trabaja, de aquí no es por un tema de primero los pobres, es porque aquí hay garantía de transformación, y ambos mandatarios Sheinbaum como Ramírez Aguilar, están en la misma sintonía.
Si quiero dejar en claro que, muchos gobernadores, han empezado a copiar las mismas estrategias del de Chiapas, no solo como Puebla que quiere un aeropuerto como el de Chiapa de Corzo, o las carreteras en otras partes parecida a la de la zona Norte de la entidad, si no en el trato que se da a la primera mujer que gobierna el país.
Por eso, Eduardo Ramírez, no es casualidad que se le vea, a futuro dentro de la siguiente administración federal, incluso como candidato, pues, se lo ha ganado a pulso, tan es así, que hoy las condiciones de Chiapas son ejemplo para muchos, incluso Estados Unidos condena a otras entidades, pero de Chiapas, la respeta.
La discusión sobre el narcotráfico en México suele reducirse a operativos, detenciones y cifras, pero el problema de fondo es más incómodo: su presencia en las estructuras de poder. No se trata solo de delincuencia organizada en las calles, sino de una red que, con el paso de los años, ha aprendido a infiltrarse en los espacios de decisión pública.
El caso del gobernador Rubén Rocha Moya, señalado recientemente por autoridades de Estados Unidos por presuntos vínculos con el crimen organizado, vuelve a encender el debate; de ahí que la reacción política ha sido inmediata, acusaciones cruzadas, posicionamientos partidistas y un intento de capitalizar el escándalo.
Sin embargo, centrar la discusión en un solo nombre sería un error. Este fenómeno no es nuevo ni exclusivo de un partido, recordemos como el país arrastra una historia en la que el poder político y el crimen han coexistido en distintos niveles.
Durante décadas, bajo gobiernos del Partido Revolucionario Institucional, se documentaron casos que hoy sirven como referencia obligada; Tomás Yarrington, detenido en Italia y procesado en Estados Unidos por lavado de dinero y nexos con el crimen; Eugenio Hernández Flores, investigado por operaciones con recursos ilícitos; o Mario Villanueva Madrid, condenado por vínculos con el narcotráfico.
Estos antecedentes no buscan justificar a nadie, sino evidenciar un patrón: el narcotráfico no distingue colores partidistas. Se adapta, negocia y penetra donde encuentra condiciones de impunidad y ambición. Por eso resulta simplista convertir cada señalamiento en un arma política momentánea, sin asumir la responsabilidad estructural que implica.
El verdadero problema es la normalización. Cuando la sociedad percibe que estas historias se repiten sexenio tras sexenio, la indignación se diluye y el escepticismo crece. Y en ese terreno fértil, el crimen organizado gana más que territorios: gana influencia.
En síntesis, por más de 15 años, se habló de los narco periodistas, pero también de la intromisión del narco en la política y como éstos, ponían candidatos municipales y finalmente gobernadores, así que no es sorpresa, sino una acción que debe servir para la reflexión, pues no espanta que los haya, mismos que saben convencer para que un partido, les de cabida, no es un MORENA hoy ni otros en el ayer, que sean responsables, sino es personal y estos abusan de la confianza para llegar al cargo.
