Qué hacer con las evaluaciones

Roger Díaz de Cossío

Durante muchos años se estuvo diciendo que necesitábamos evaluar a las escuelas y a los alumnos del sistema educativo mexicano. Muchos libros reclamaban que se hiciera. Ahora ya tenemos extensas evaluaciones de alumnos, del Instituto Nacional de Evaluación Educativa y de la propia Secretaría de Educación. ¿Qué vamos a hacer con ellas? ¿Para qué servirán? ¿Cómo pueden afectar los resultados de las evaluaciones la calidad del sistema educativo?
Quiero, en este artículo, reflexionar sobre estas difíciles interrogantes. Lo primero que se me ocurre es pensar que si la gente sabe el resultado de su evaluación, y ésta es mala, tratará de ser mejor. Las evaluaciones no están vinculadas con ningún esquema de establecer jerarquías y es bueno que así sea, porque son limitadas y no toman en cuenta las condiciones socioeconómicas de cada escuela. Pero de algún modo se podría premiar la excelencia. Por ejemplo, reconocer a los diez o veinte mejores de cada entidad federativa y becarlos, o a todos los que hubieran tenido más de 95% de aciertos en la prueba Enlace, por decir, siempre que se asegure que no ha habido trampas.

La consecuencia obvia es que tenemos que mejorar de forma sustancial y significativa la enseñanza y el aprendizaje de las matemáticas y del español. Las evaluaciones nos dirán quizá los puntos débiles comunes y hacia allá debemos dirigir nuestra atención, pero nada más.

Una primera conclusión es que deben revisarse, rehacerse, los libros de texto gratuitos de matemáticas y de español, porque son los principales apoyos de los maestros. Los que existen no están funcionando adecuadamente. Y deben replantearse los programas para la secundaria, no tan ambiciosos y llenos de temas, pero mucho más profundos y reiterativos sobre unos cuantos contenidos básicos. Es más, los programas de matemáticas y español deben pensarse como continuos de aprendizaje para nueve grados. No como ahora, en que lo que se ve en primaria se repasa en que secundaria.

Los actuales libros son extensos y llenos de contenidos, muchos irrelevantes. En el caso de las matemáticas se intenta enseñarlas por descubrimiento, lo que supone alumnos finlandeses con maestros de Singapur. Cada tema de matemáticas (y deben ser poquitos) ha de explicarse, luego seguirse con unas cuantas aplicaciones del tema a la vida real, después con algunos problemas resueltos y a continuación una gran cantidad de ejercicios que el alumno debe resolver.

El español tiene una ventaja sobre las matemáticas en su enseñanza. El alumno ya posee la lengua hablada y sobre ella debe construirse el conocimiento adicional, la lectura, la comunicación. Y parece que los libros no se apoyan lo suficiente en este hecho fundamental.

La otra mitad del problema son los maestros. Primero los maestros en servicio, que no están preparados de forma suficiente en estos dos temas básicos, porque fueron mal enseñados y sus cursos de capacitación y actualización han estado mal dirigidos. Aquí debe hacerse un esfuerzo colosal. No existe tema más difícil que la capacitación de los maestros en servicio. La carrera magisterial debe transformarse por completo y hacerse eficaz sin componendas.

Segundo, los futuros maestros en las escuelas normales. Dos cosas tendrían que pasar. Por una parte estar perfectamente enteradas de cómo se habrán de cambiar los libros de texto, para ajustar sus programas. Esto nunca ha sucedido en ningún cambio de libros de texto. Las normales siempre están tarde y por lo tanto desfasadas. Por otra, deben reforzar y profundizar la enseñanza de matemáticas y español, porque lo que hacen no es suficiente, a la luz de las evaluaciones.

Ya que las escuelas normales están reduciendo su alumnado, sobre todo para primaria, deberían dedicar grandes esfuerzos a ofrecer cursos de capacitación y actualización para maestros en servicio, especialmente en matemáticas y lenguaje. Así contribuirían con eficacia a resolver uno de los grandes problemas del sistema educativo mexicano: el aprendizaje de las matemáticas y del español.

Las evaluaciones deben seguir haciéndose, cada vez más atinadas y precisas. Pero no hay que exagerar. No nos pase como con algunas escuelas de Estados Unidos con la ley No Child Left Behind. Se ha encontrado que algunos maestros ya no enseñan, entrenan para los exámenes de respuesta múltiple.

rogerdc@prodigy.net.mx

Presidente de la Fundación Solidaridad Mexicano-Americana

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