Mario Tassías
El abstencionismo es algo más que un simple referente estadístico, que resulta de la apatía participativa. Se argumenta que la desilusión en las instituciones y en los personajes de la política son suficientes motivaciones para abstenerse.
Puede pensarse que al igual que la emisión del voto, el abstencionismo pasa por un proceso de maduración que empieza cuando se decide no votar en respuesta a una motivación influenciada por la información que se difunde en torno de quien aspira a un puesto de elección popular.
Este fenómeno social es reforzado por el desinterés de quien inhibe la posibilidad de una toma de decisión bajo la influencia del aparato publicitario que magnifica la presencia del candidato o candidata. Puede agregarse que el abstencionismo tiene dimensiones demográficas, socio-psicológicas, contextuales, racionales y técnicas.
La dimensión demográfica muestra como los abstencionistas poseen menos recursos personales como ingresos, educación y otros medios que les impulsarían a la participación electoral.
Desde la dimensión socio-psicológica se manifiestan problemas como alienación e insatisfacción políticas y sentimientos de baja eficacia de sus acciones políticas.
De la dimensión contextual, se deriva que los abstencionistas no son atraídos por las campañas, ni por la competencia entre los candidatos o por alguna razón no pueden cumplir los requisitos de registro como electores.
De la dimensión racional, se advierte que quienes se abstienen toman una decisión racional que considera los costos y los beneficios de acudir a votar a las urnas y por ejemplo, perciben a la política como deshonesta y rechazan a los políticos profesionales por su doble lenguaje. La dimensión técnica obedece a razones como enfermedad, ausencia, distancia a la casilla, errores en la inscripción como elector, si la elección tiene lugar en día festivo o laborable, estado del tiempo y otras similares.
Hay quienes identifican otra dimensión en donde cabrían los electores que pueden y quieren votar, que no están descontentos o resignados respecto al sistema político y que intentan formarse un juicio acerca de las opciones que se le ofrecen, pero que son incapaces de encontrar argumentos que los movilicen en uno u otro sentido, por lo que se abstienen de participar.
“El abstencionismo reduce la capacidad de las elecciones para legitimar a los gobiernos y facilitar el desarrollo y ejercicio de la responsabilidad cívica” se lee en “Abstencionismo, escolaridad y confianza en las instituciones Las elecciones federales de 2003 en México”. Política y gobierno escrito de Rodrigo Salazar, E. y Temkin Yedwab, B. (2007). En este contexto surge el elemento definitorio que propicia una elección que se manifiesta en un momento de la elección.
“El derecho de voto, es un derecho político fundamental, tanto en el sentido de fundamento de los demás derechos, como en el de garantía incorporada a las Constituciones democráticas modernas” escribe Presno Linera, M. Á. (2011), en su libro “El derecho de voto: un derecho político fundamental”. Por algo se dice que es un derecho que incluye todos los demás derechos, antes como garantía individual, ahora como reconocimiento de un derecho humano que impulsa la participación en asuntos que importan a la sociedad.
Su origen se remonta a los griegos, en los albores de la democracia. “Democracia significa identidad de dirigentes y dirigidos, del sujeto y objeto del poder del Estado, y gobierno del pueblo por el pueblo”, según dicen que decía Hans Kelsen.
