Punto de Vista

Mario Tassías

Durante el Foro Social Mundial de Dakar, Senegal, en febrero de 2011, movimientos sociales, organizaciones de pequeños productores y otras organizaciones de la sociedad civil lanzaron un llamamiento colectivo contra el acaparamiento de tierras. Desde entonces a estas fechas, un tiempo razonable. Más de 650 organizaciones ya se han adherido a un llamado de auxilio.

El Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CSA) con sede en Roma en la Organización mundial para la Agricultura y la Alimentación (FAO), ahora negocia las Directrices sobre la Gobernanza Responsable en la Tenencia de la Tierra, Recursos Pesqueros y Forestales.

Estas directrices deberían proteger y reforzar el acceso a la tierra, a los recursos pesqueros y a los bosques para los/as pequeños/as productores/as de alimentos.

Desgraciadamente, algunos gobiernos poderosos, apoyados por las instituciones financieras internacionales, no quieren adoptar directrices fuertes. Estos gobiernos prefieren una gobernanza de los recursos naturales que facilite la apropiación de los recursos por parte de grandes inversionistas empresariales y otros actores poderosos. Hacen realidad aquella proclama popular de que el pez grande devora al pez chico.

Campesinos afectados por el acaparamiento de tierras entregarán el llamamiento de Dakar, con todos los nombres de las organizaciones que lo hayan avalado, a los gobiernos durante las negociaciones sobre las Directrices en Roma los días 10-14 de Octubre.

Esta movilización también deberá contribuir a presionar a los gobiernos para que rechacen definitivamente los Principios para Inversiones Agrícolas Responsables (RAI por sus siglas en inglés) del Banco Mundial.

Llegado el momento, es hora de impedir el acaparamiento de tierras, no de darle una fachada de “responsabilidad”, porque en realidad se trata de un despojo en despoblado. Si su organización quiere sumar este esfuerzo que en aparentemente se ve lejano, lea y firme el llamamiento aquí: http://www.dakarappeal.org

El Llamamiento de Dakar contra el Acaparamiento de Tierras considera que los/as agricultores/as campesinos/as y familiares, están en condiciones para: satisfacer sus propias necesidades alimentarias y las de las poblaciones cercanas; proporcionar empleo a las poblaciones rurales y mantener el tejido económico en las zonas rurales; producir alimentos respetando el medio ambiente y conservando los bienes naturales para las generaciones futuras.

Muestra preocupación por la ola de acaparamientos de tierra en beneficio de intereses privados o de Estados terceros que abarca decenas de millones de hectáreas y viola los derechos humanos al privar a las comunidades locales, indígenas, campesinas, pastoras y pescadoras de sus medios de producción, al restringir su acceso a los bienes naturales, al limitar su libertad para producir lo que quieran y al exacerbar las desigualdades en el acceso y el control de la tierra por parte de las mujeres.

Considera que los inversionistas y los gobiernos cómplices amenazan el derecho a la alimentación de las poblaciones rurales, las condenan a sufrir el desempleo generalizado y el éxodo rural, que generan pobreza y conflictos y contribuyen a la pérdida de conocimientos, prácticas agrícolas y de las identidades culturales.

Por eso el grito de auxilio y el llamado a los parlamentos y a los gobiernos nacionales a poner fin a todos los acaparamientos masivos de tierras actuales o futuros y a que se restituyan las tierras saqueadas. Apremian a los gobiernos a que dejen de reprimir y criminalizar a los movimientos de lucha por la tierra y a que liberen a los/as activistas detenidos/as.

Exige que los gobiernos nacionales establezcan un marco efectivo para el reconocimiento y la regulación de los derechos a la tierra para los/as usuarios/as a través de consultas con todas las partes. Es necesario poner fin a la corrupción y al clientelismo que invalidan cualquier intento de gestión compartida de la tierra.

Exige que los Estados, las organizaciones regionales y las instituciones internacionales garanticen el derecho a la tierra de los pueblos y que apoyen las agriculturas familiares y la producción agro-ecológica de alimentos. Políticas agrícolas adecuadas deben prestar especial atención a todos los diferentes tipos de productores/as de alimentos (pueblos indígenas, pastores/as, pescadores/as artesanales, campesinos/as beneficiarios de las reformas agrarias), y responder específicamente a las necesidades de las mujeres y de los jóvenes.

El coro se alza porque todos/as tenemos el deber de resistir y apoyar a los pueblos que luchan por su dignidad.

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