Mario Tassías
Segunda y última parte
A finales del año pasado, en la COP16/CMP6 en Cancún, México, los gobiernos del mundo (excepto Bolivia) acordaron negocios con las corporaciones transnacionales que trafican con ilusorias soluciones al cambio climático como los agrocombustibles, los transgénicos, los mercados del carbono, y el famoso REDD+ para Reducir Emisiones por Deforestación y Degradación Forestal que transmite recursos a las comunidades dedicadas a la conservación de bosques, pero no resuelve de raíz.
En aquellas jornadas, entre el 29 de noviembre y 10 de diciembre de 2010, en la 16ª edición de la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, y la 6ª Conferencia de las Partes, no se trabajó para revertir el calentamiento climático mediante reducciones reales de emisiones por los Países Desarrollados y la transformación de sistemas globales de alimentación, energía y transporte. Se cerraron negocios.
Lo recordamos ahora. Los acuerdos incluyen un primer paquete de 30 mil millones de dólares para usarse a partir de 2012 y tomar acciones contra los efectos del cambio climático. O sea que no les urge. Se asegura el financiamiento a largo plazo de los proyectos de protección a la naturaleza mediante el establecimiento del llamado fondo verde, que aportará 100 millones de dólares anuales para medidas de adaptación y mitigación. Es decir, atender la forma sin llegar al fondo.
Representantes de diversos países, reunidos en Sudáfrica, México incluido, exigen a sus gobiernos a que asuman mayor responsabilidad ante la COP17 a celebrarse en Durban, Sudáfrica para que rechacen la firma de acuerdos impuestos por los países desarrollados y por las corporaciones transnacionales, y en su lugar apoyen los Principios de Cochabamba sobre el Clima y los Derechos de la Madre Tierra, que cuentan con una cobertura más completa sobre la cooperación internacional en contra del cambio climático.
En tanto aquellos se sientan a mercadear. Aquí se construyen estructuras organizativas para apoyar a las organizaciones nacionales, a promover la agroecología entre las familias. Esto incluye programas regionales de formación; visitas de intercambio; la producción y socialización de materiales educativos, y la identificación, documentación, sistematización y socialización de casos exitosos en la región, de manera que todos puedan aprender las lecciones exitosas.
También se promueve la creación de programas de formación y escuelas de agroecología en las organizaciones y programas de promoción agroecológica de campesino(a) a campesino(a) y de comunidad a comunidad. Se procura la creación y el fortalecimiento de sistemas locales de semillas. Se ha documentado la experiencia de Zimbabue sobre reforma agraria y agricultura ecológica por familias beneficiarias, y se replica como un paso trascendente hacia la soberanía alimentaria.
Existe un aserto elemental de trabajo; “mantener el carbono en el suelo y en los árboles” en las zonas bajo control, mediante la promoción de la agroforestería, la siembra de árboles, la agroecología, la conservación energética, y en contra del acaparamiento de tierras para la minería y plantaciones industriales.
Desde hoy, se procura una voz multiplicada por el eco de la necesidad alimentaria, impulsada por hombres y mujeres, pequeños agricultores y campesinos para estar presentes en la COP17 en Durban, y en Río+20 en Brasil, para repetir el mensaje de oposición a las soluciones falsas al cambio climático.
Son demandas de adopción de los Principios de Cochabamba. Hacer posible la agricultura sostenible y la soberanía alimentaria como las verdaderas soluciones contra el cambio climático. Nada más.
