Punto de Vista

Mario Tassías

Esa noche los colores estallaron en el corazón de la ciudad. La Capilla Tuxtla estaba lista para abrirse al mundo. A la entrada la marimba desgañitaba sus acordes. Adentro las teclas se desprendían del teclado, convertidas en golondrinas emprendía el vuelo hacia el infinito.
En el atrio del palacio municipal el cuchicheo aumentaba de volumen. La espera era una forma de protocolizar el acto inaugural. Los invitados curioseaban. Abrían así de grandes los ojos ante la fiesta que los colores habían iniciado. Arriba la luna y el sol se unían en un abrazo interminable de creación.

La segunda parte de la Capilla Tuxtla, obra mural de Manuel Suasnávar Pastrana en el 2° piso del Palacio Municipal de Tuxtla Gutiérrez, es íntima. Más de los tuxtlecos, cuenta tradiciones y leyendas que podrían interesarle al mundo. Es la continuidad de la historia que a través de sus pinturas, el artista inició hará cosa de dos años.

Esta 2ª parte se inicia con un cuadro de 194 x 190 m donde se rinde homenaje a “Los periodistas del diarismo tuxtleco”, es un rencuentro con aquellos que contribuyeron con el desarrollo de la prensa. Brotando del rodillo de una vieja Remington se disparan al infinito los precursores, Ángel Pola, pasando por Rumualdo Moguel, Don Ruma, Eraclio Zepeda Lara, Gervasio Grajales, Rodolfo Espinosa Sarmiento “Sergio del Valle”, Francisco Núñez, “El Gitano”, Carlos Ruiseñor Esquinca, Humberto Gallegos “Tito” hasta Antelmo Esquinca González, Luzán, en eso quedamos.

Las danzas folklóricas y populares es un mural de 8.17 x 190 m, donde los colores, la algarabía y el sonido inmerso evocan las tradiciones que alimentan el fulgor de la gente. Desde La banda del Ron-ron que alegraba las fiestas, los danzantes que vivían la intimidad de una tradición zoque. Los hombres tigres. Incluido un parachico de la cercana Chiapa de Corzo en abrazo indisoluble con sus congéneres. El cuadro muestra el espíritu retozón de los hijos de la vieja Coyatocmó.

Un cuadro que incita detenerse por la cantidad de gente que aparece retratada es “El Casino Tuxtleco. Danzas de la clase media” pareciera que el tiempo guardó a quién sabe cuántos tuxtlecos y tuxtlecas que ahí se citaron, se conocieron, bailaron y la cercanía los convirtió en algo más que simplemente conocidos. Eran memorables, cuenta los viejos, los bailes del Casino, un lugar de encuentros y desencuentros, de amores y desamores. “los abuelos de muchos jóvenes de hoy, así se conocieron e hicieron estirpe”. El Casino funcionó a lo largo de 4 décadas, fue fundado el 14 de septiembre de 1928. Los grandes bailes, los grandes espectáculos de la clase media de la ciudad, tuvieron como sede ese mágico lugar.

El mural dedicado a los poetas, es evocativo de los días escolares donde declamar era una materia formativa, robustecida por el bello arte. En un espacio de 2.54 x 190 m destacan Julio Sesto, aquel de “A Tuxtla de rodillas”, Rodulfo Figueroa el poeta que dedicó textos “A Tuxtla”. También está Armando Duvalier que dedicó “Canto de amor a Chiapas”. “Tuxtla, indita de encantos hechiceros/lleva aliento de aurora en sus olanes, / en las noches, aretes de lucero/ y en los labios carmín de flamboyanes”. Ahí está Daniel Robles Sasso y por supuesto Rosario Castellanos, Jaime Sabines y Enoch Cancino, en una llamativa composición de recuadros.

A telón abierto el cuadro de 3.34 x 190 m “El teatro y sus actores” muestra los rostros de Luis Alaminos, Carlos Olmos, Chelis Solís, el medio cuerpo de Carlos Cruz “El Flaco” Lara, Gustavo Acuña, Jesús “Chu” Castañón Morell y Cristina Muench “… quienes han hecho y hacen teatro de nuestra comedia humana”.

“La marimba” es un mural de 3.34 x 1.90 m. “La música interpretada en marimba, es testimonio del mestizaje que conforma la sociedad tuxtleca. Cruza el aire caliente del paisaje con aromas de selva y de montaña; evoca la nostalgia y motiva la alegría. ¡Que viva, por siempre, la marimba! El cuadro rinde homenaje a Los hermanos Gómez de la estirpe de músicos tuxtlecos.

En “Los nuestros. Retablo ciudadano” de 4.65 x 190 m, el artista rinde homenaje a los hombres y mujeres que con su profesionalismo, y su trabajo aportaron esfuerzos a favor de Tuxtla Gutiérrez. Con “Los heterodoxos” de 2.28 x 1.90 muestran a Moncho, el policía gigante, “La Chepona Chupa Puro” estibadora del mercado, Carolino “Zupia-Gonfia” filósofo del pueblo, Norato y Patashete, personajes de la cotidianidad tuxtleca.

Se puede apreciar un cuadro dedicado a las delicias de la comida. “Gastronomía tuxtleca. El cochito de tía Epitacia y sus hijas Natividad, Elena y Felipa” de 1.34 x 1.90 m. retrata a cuatro mujeres ataviadas a la usanza de las zoques que vivieron en este valle y al frente una mesa dispuesta con los ingredientes para elevar el gusto por los manjares tradicionales.

Los “Mitos y leyendas de Tuxtla” de 3.10 x 190 m muestra a los personajes que el pueblo, relacionó con sucesos maravillosos, ahí están El sombrerón con su veloz caballo negro trotando hacia todos lados y a ninguna parte. La carreta de San Pascualito, tirada por un esqueleto coronado por una gorra sonríe misteriosa y muestra su trágica carga. El cadejo en forma de perro que la mitología popular, convirtió en animal fantástico. La llorona que aún no encuentra a sus hijos. La Tisihua con el pelo largo volando y camino a quién sabe dónde y La Cocha enfrenada enfurecida por quién sabe y por qué, en busca de dar un revolcón a quien se atraviese en su camino.

“La sociedad mestiza de Tuxtla y su derecho a la libertad”, es un cuadro de 3.00 x 1.90 m que representa uno de los más sagrados derechos que tiene la gente. Así se ven transitando por la avenida central, representantes de la sociedad en marcha con pliego petitorio en mano.

“Magia y fantasía de la radio” cierra el ciclo, es un cuadro de 2.99 x 1.90 m se intuye otra presencia, están ahí aquellos que a través de sus voces dejaron en el aire las imágenes que convirtieron en sonido. Están Armando Arévalo Macías, Santiago Serrano, Isidro Aguilar López y Fernando Alegría Ramírez, FAR.

Cuando se oyó el anuncio para proceder a la inauguración de la Capilla, muchos ya nos habíamos llenado los ojos de colores y el alma de sonidos. El lugar ahora está abierto a quien quiera reencontrarse o conocer cómo es que Tuxtla Gutiérrez evolucionó hasta ser la ciudad que hoy es. Es la primera intención del autor que una vez más nos muestra su arte ya reconocido por propios y extraños tanto a nivel nacional como allende las fronteras.

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