Punto de Vista

Mario Tassías

Si nos preguntáramos ¿Cuánto tarda la naturaleza en degradar lo que arrojamos a la basura?, la respuesta confirmaría lo que se sobra sabemos. Le salimos debiendo. Hagamos cuentas y nos daremos un frentazo. Gracias al envío de dos distinguidos amigos, ahora sé, por ejemplo que un chicle masticado tarda 5 años en degradarse, una manera elegante para decir que se reduce a nada.

Otro amigo, comenta que en Singapur te multan por un equivalente a 500 dólares por echar un chicle masticado a la vía pública, en México somos “masca chicles” y el producto ya masticado, normalmente lo arrojamos en donde mejor nos parece. Hay quienes lo pegan en el pupitre. O como aquel jovencito que luego de masticarlos, hacia bolitas y las arrojaba como dardos que tenían como destino el piso de la cafetería de la Facultad.

Dentro de la campaña “El chicle al bote”, en la calle 5 de mayo, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, una sola calle de la capital del país, 710 metros del Zócalo al Eje Central, fueron despegados del piso 450 mil chicles que representaban entre 5 mil a 43 mil bacterias, ¿usted cree que sin riesgo para la salud? Eso sin contar que se encontraron heces fecales y hasta 30 mil bacterias de hongos y levaduras, pero ese es otro tema que podría incluirse en la falta de sensibilidad o de educación.

Al retomar la información sobre el tiempo de degradación de algunos productos, la lista es larga. El papel y cartón tarda 1 año en degradarse, las latas de refrescos (aluminio) 10 años; juguetes de plástico 300 años, botellas de plástico (Pet) entre 100 y 1,000 años; bolsas de plástico (polietileno) 150 años; tapones de plástico (polipropileno) más de 100 años; envases tetra-brik (celulosa, polietileno y aluminio) 30 años; disketes (plástico y metal) 100 a 1,000 años; encendedores de acero y plástico 100 años; colilla de cigarrillos de 1 a 2 años; botellas y frascos de vidrio 4,000 años; los aerosoles (estructura metálica) 30 años; Las pilas demoran más de 1,000 años, sus componentes son altamente contaminantes y no se degradan. Los desechos orgánicos, tardan sólo 4 semanas en degradarse, siempre y cuando no se mezclen con desechos inorgánicos o sustancias químicas.

Sabemos ¿a dónde va a parar todo lo que arrojamos a la basura? – A cualquier parte, diría alguno. – No sé, no me interesa diría otro. En las ciudades más o menos organizadas, muchos de los deshechos podrían entregarse a los “chachareros” antes de que pase el camión recolector. Ellos recuperan mucho de los desperdicios que recicla la industria y con ello evitan que muchas toneladas de residuos se acumulen en los vertederos o que lleguen a parar al fondo de los arroyos, ríos y playas. El cañón del Sumidero es un ejemplo cercano para encararnos por irresponsabilidad.

De gran servicio son los clasificadores que recuperan materia prima para el reciclaje. Es gente, hombres, mujeres y niños, familias completas que viven de la basura. El trabajo que ellos hacen se puede empezar a realizar en la casa, en las escuelas, en los parques, deberíamos ser más cuidadosos. “Limpieza es cultura”, diría como ahí el columnista.

Se ha anunciado que muy pronto los supermercados nos van a dar bolsas de colores con las compras. Entretanto podemos empezar a practicar, antes que la basura entre en lugar de salir de nuestras casas. Los empaques serán identificados por colores.

En la bolsa azul va todo lo reciclable y reutilizable, envases de plástico, bolsas, botellas y frascos de vidrio sanos, latas, alambre, cds, ropa, telas, juguetes y maderas. En la bolsa verde deberá embolsarse todo lo orgánico, restos de comida, cáscaras, yerba, té, huesos, etc. Todo lo orgánico se reutiliza para abonar la tierra y si está limpio, sirve como alimento.

En la bolsa roja todo lo peligroso chicles, papel sucio, pañuelos, vidrios rotos, pañales, agujas, colillas de cigarrillos, caca de perro, basura del piso. Así se evitaría que lastimen a los clasificadores y que contaminen la tierra. Lo que se tira en los baños es contaminante y hay que enterrarlo o quemarlo. Los pañales desechables sucios demoran 100 años en degradarse, los pañuelos con mocos tienen muchísimos virus.

En la bolsa naranja va el papel y cartón, cajas, papel y cartón sin arrugar y seco. Cuanto más papel reciclemos, más cuidamos los árboles. Para hacer mil kilos de papel hay que cortar 10 árboles. Visto lo anterior, tenemos toneladas de razones para clasificar. Es cuestión de cultura, de educación cívica y una manera de agradecer todo lo que la naturaleza nos ofrece.

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