Mario Tassías
La frase pronunciada por el Director: – “No busquéis sino aturdir a la gente; el satisfacerla es difícil…Pero ¿qué sentís: entusiasmo o dolor?” es amonestante
Son las 11 de la noche o las 6 de la tarde. Realmente la hora no importa. El Director, es la cabeza que se atribuye concesiones para decir y hacer. Aplicar el tono y cumplir con el guión.
Aturdirla, es mejor que satisfacer necesidades. Cada cual tiene sus confusiones, sus desconciertos, sus fríos, sus calores.
Más que admonición suena a convencimiento. Entusiasmo y dolor son polos. Al entusiasmo se le asocia con la alegría. Al dolor con la tristeza y el sufrimiento.
“La vida – decían la viejitas-, es un calvario”. “Nos pasamos la vida sufriendo”, y las expertas en sufrimiento clasificaban esa sensación molesta, aflictiva.
“Murió de aflicción”, solían decir de quien sufría congoja y fallecía de pena. Habrá quien sobrevivió a un retablo de dolores.
Difíciles de satisfacer, nacimos con el Quinto Sol, de todos modos 200 años son pocos para entusiasmo y muchos para dolor. Entusiasmados seriamos un país de locos. Exaltados y excitados, el avance hacia una mejor sociedad, sería superior.
Si el dolor nos hubiera convertido en un pueblo de ayes, ya habríamos alcanzado la estratósfera. Pero eso es inventivo. Igual que hubiera, que es una palabra que no está en el diccionario.
Más sereno, el Director toma la voz – “Bien quisiera yo complacer a la multitud, antes que todo, porque vive y hace vivir. Armados están postes y tablas, y todo el mundo espera una fiesta”
Si reflexionamos, a la masa se le domina con la masa, lo sabe porque así lo ha escrito “la multitud no envejece ni adquiere sabiduría: siempre permanece en la infancia”
“Ver como el gentío afluye en torrente (…) con penalidades violentamente repetidas, se estruja en la angosta puerta de la Gracia; cuando en pleno día, ya desde antes de las cuatro, anda a empellones hasta la taquilla…”
Son los minutos previos a la presentación de Fausto, de Johann Wolfgang Goethe (1749-1832) es el Preludio en el teatro, ahí están el Director, el Poeta y el Gracioso. Fausto la obra clásica de Johan Wolfgang von Gothe.
¡Ah! No me hables de esa abigarrada multitud, a cuyo aspecto huye de nosotros el espíritu. Aparta de mí vista la ondeante masa, que a despecho nuestro nos arrastra al remolino”.
No; llévame a aquel apacible rincón del cielo, donde solo para el poeta florecen goces puros; donde el amor y la amistad hacen brotar y cultivan con mano divina bendiciones de nuestro corazón.
¡Ah! Lo que surge allí del fondo de nuestro pecho, lo que el labio balbucea tímido para sí, ya frustrado, ya tal vez logrado, desaparece tragado por la fuerza del impetuoso momento.
Con frecuencia, no aparece la obra en su forma cabal sino después de haber estado presionando durante años. Lo que brilla, no ha nacido para el instante; lo auténtico permanece intacto para la posteridad.
¡Ojalá no oyese hablar siquiera de la posteridad! Suponed que yo quisiese hablar de de ella: ¿quién divertiría entonces a los contemporáneos? También quieren ellos, es justo.
Aquel que sabe expresarse con facilidad, no se inquietará por el humor del público; desea para sí una numerosa concurrencia a fin de impresionarla con mayor seguridad.
Tened, valor y mostraos ejemplar. Dejad que se oiga la fantasía con todos sus coros: razón, inteligencia, sentimiento y pasión; mas advertidlo bien: no sin locura. En conclusión a la masa no podéis dominarla sino por medio de la masa; cada cual escoge el fin algo para sí.
Después de la celebración del bicentenario ¿qué sigue? ¿Con quién hay que pactar? Mefistófeles ya manipula.
